Mariátegui, su pensamiento político I

Mariátegui, su pensamiento político II

Mariátegui, su pensamiento político III

El problema femenino en Mariátegui

Acerca de lucha armada en el Perú y el PCP (Opiniones)

La guerra de baja intensidad
JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI: SU PENSAMIENTO POLÍTICO (1)

Por J.C. Rodríguez

 

I.- Bases económico-sociales del pensamiento de Mariátegui.

1.- Las grandes transformaciones del contexto internacional.

Mariátegui vivió y combatió en la época del imperialismo.

“El capitalismo –decía él- se encuentra en su estadio imperialista. Es el capitalismo de los monopolios, del capital financiero, de las guerras imperialistas por el acaparamiento de los mercados y de las fuentes de materias brutas. La praxis del socialismo marxista en este período es la del marxismo leninismo.” (Ideología y Política, p. 160)

Mariátegui considera, en primer lugar, la tipificación de la sociedad contemporánea. Plantea como punto de partida fundamental el hecho de que vivimos en la época del imperialismo, en el período del capitalismo de los monopolios.

Para comprender los acontecimientos históricos internacionales que conforman las circunstancias en las que el pensamiento de Mariátegui se desarrolla se debe tener en cuenta que sobre una situación económica determinada, en medio de la lucha de clases, se da un proceso de ideas. Y Mariátegui se refiere a los tres problemas:

1.- El imperialismo y su condición
2.- La primera guerra mundial y sus derivaciones
3.- El proceso ideológico.

1.1.-El imperialismo y su condición.

Mariátegui toma la esencia económica del imperialismo. Para el marxismo, el imperialismo viene a ser el capital monopolista como esencia económica. En la cita líneas arriba presentada, nos señala que el imperialismo es el capitalismo de los monopolios; define, pues, con precisión lo que entiende por período imperialista. Para analizarlo tenemos que recurrir a la tipificación y el desarrollo que hace Lenin en “El imperialismo fase superior del capitalismo” (1). Lenin plantea que, desde el punto de vista económico, al imperialismo hay que concebirlo con cinco caracteres:

1.- El imperialismo es un capitalismo monopolista. Es el momento en que la libre concurrencia es sustituida por los monopolios; aparecen las grandes concentraciones económicas que van a controlar la economía. Los monopolios son un fenómeno del siglo XX, sin embargo, hay que tener claro que es más o menos en la década del 60 del siglo XIX, cuando comienza a desarrollarse el sistema.

El monopolismo tiene una trayectoria. Engels, en “Del socialismo utópico al socialismo científico”, dice que se produce “una concentración violenta de capitales” (2) y que “en los Trusts, la libre concurrencia se trueca en monopolio” (3). Por lo demás, se produce un sistema de expropiación entre burgueses (unos burgueses expropian a otros burgueses); este proceso es el que va a generar el monopolismo

2.- El capital financiero o la burguesía financiera. Sobre la base material de los monopolios va a aparecer una nueva forma, una modalidad, desarrollada de la vieja burguesía: La burguesía monopolista que, concentrando en sus manos ingentes cantidades de dinero -el poder bancario- va a concentrar también el poder industrial. Es una burguesía más desarrollada, más poderosa; sin embargo, a su vez, más débil porque se sustenta sobre una más inmensa explotación. Lenin dice que esta burguesía monopolista es una oligarquía financiera (4), o sea, un puñado de personas que controlan el poder económico, especialmente un puñado de banqueros que controlan la economía no sólo de un país, sino del mundo. Pero la palabra oligarquía, sin su calificativo, no tiene cabal sentido, pierde u oculta el carácter de clase. Lenin la usó como oligarquía financiera.

3.- La exportación de capitales. El imperialismo inaugura un período de gran exportación de capitales. No sólo se exporta mercancías, sino que particularmente se comienza a exportar ingentes sumas de capital para invertir. Este proceso –dice Lenin- es típico, es definitorio. No se es imperialista sin exportación de capitales, y no precisamente, como plantean, para “ayudar”. Lo que busca es invertir, porque sin invertir no podría subsistir, no podría explotar. Y sin explotar a las colonias y semicolonias no podría existir el sistema imperialista.

4.- El imperialismo significa el término del reparto del mundo por las potencias. Las grandes potencias del mundo, llámense Inglaterra, Francia, Alemania, Japón o EEUU, terminan de repartirse el mundo, de tal manera que a fines del siglo XIX ya no hay pedazo de tierra que no tenga dueño, y no hay zona alguna desocupada. Todas las áreas libres del mundo han sido cubiertas, se las han repartido las potencias.

5.- Inicio del reparto del mundo por los monopolios. Si bien las grandes potencias se han apoderado de todo el orbe, a su vez, los grandes monopolios, como grandes concentraciones económicas, inician el proceso de reparto de grandes zonas que les den materias primas, fuerza de trabajo barata, mercados. No pueden simplemente reducirse a masas de sus propios países, tienen que expandirse y extenderse a los confines del mundo.

En síntesis, la definición económica del imperialismo implica cinco cuestiones: monopolio, capital financiero, exportación de capitales, término del reparto del mundo por las potencias y comienzo del reparto del mundo por los monopolios.

Pero, el imperialismo, a su vez, es un proceso político e ideológico, por lo que no se lo puede reducir a un simple fenómeno de carácter económico. Podría decirse que en “El imperialismo fase…” Lenin dedica la mayor parte de su obra a desarrollar los cinco caracteres, pero no es su único trabajo sobre el imperialismo (5).

Mariátegui en el punto tercero del Programa del Partido escribió:

“El agudizamiento de las contradicciones en la economía capitalista. El capitalismo se desarrolla en un pueblo semifeudal como el nuestro, en instantes en que, llegado a la etapa de los monopolios y del imperialismo, toda la ideología liberal, correspondiente a la etapa de la libre concurrencia, ha cesado de ser válida” (Ideología y Política, pp. 159-160).

Esta parte final hay que resaltarla. En el instante que se ha llegado a la etapa imperialista –dice Mariátegui- toda la ideología liberal correspondiente a la etapa de la libre concurrencia, ha dejado de ser válida. Quiere decir que en este período la libre concurrencia ha sido superada y, por lo tanto, ha sido superado el sistema político correspondiente. Así queda demostrado que Mariátegui tenía una comprensión amplia del imperialismo: económica (punto cuarto del Programa) y política (punto Tercero). Esta tesis la encontramos también en Lenin. En “Sobre la caricatura del marxismo y el ‘economismo imperialista’”, Lenin plantea que la democracia burguesa corresponde a la libre concurrencia y la reacción política al sistema imperialista (6) y en “El imperialismo y la escisión del socialismo” dice que la reacción política en toda la línea es rasgo característico del imperialismo (6ª). La tesis de Mariátegui es la misma que la de Lenin. Esto nos lleva a aseverar que al imperialismo hay que comprenderlo en su forma global.

Lenin definió el imperialismo como capitalismo monopolista, parasitario y agonizante (7).

Monopolista.- El imperialismo, por su esencia económica, lo tenemos dicho, es el capitalismo monopolista. El monopolio implica pugna, competencia (concurrencia monopolista). Si no se destaca el carácter de la pugna entre los monopolios, la concurrencia, la competencia monopolista, se cae en el concepto supermonopolismo, ultraimperialismo, en el concepto kautskiano. Hoy día estamos en riesgo, otra vez, de que se nos hable de esta teoría con el concepto transnacional (ultra poder -entendido como poder económico, político e ideológico- de las transnacionales). Mariátegui habla sobre el “agudizamiento de las contradicciones” con lo que, en modo alguno, sustenta que ha terminado la contienda; señala claramente el último carácter planteado por Lenin cuando define el imperialismo: la pugna de los monopolios por repartirse el mundo. Mariátegui habla de las guerras imperialistas por el acaparamiento de los mercados y de las fuentes de materias primas. Guerras para apoderarse de materias primas, esta es la característica sustantiva del imperialismo, en tanto subsista.

Parasitario.- Es decir el carácter reaccionario del imperialismo. Engels dice que en la segunda mitad del siglo XIX se registra una concentración, una centralización, de la producción y un crecimiento de los, monopolios como tendencia fundamental del desarrollo de la economía capitalista, fenómeno que se da en la economía europea, particularmente inglesa, y que permite que un puñado de personas controle la economía, un puñado más pequeño que el de antes, que vive del recorte del cupón (8). Lenin, al hablar del proceso de concentración, dice que un grupo pequeño de propietarios vive del recorte del cupón, de los dividendos, de las inversiones que hace. Y como la humanidad no puede aceptar que un pequeño grupo de personas viva simplemente de los dividendos llega la hora de la expropiación de los expropiadores (9). El problema de vivir de los dividendos, del reparto de las ganancias, de las inversiones es la cuestión clave del parasitismo. El capitalismo monopolista se caracteriza por se parasitario, ya que no le importa industrializar, lo que le interesa primordialmente es el dividendo, la ganancia. Lo que le importa es invertir. No se preocupa del proceso que genera su inversión, sino que su inversión le dé un gran dividendo.

El proceso capitalista tiene un derrotero. En términos generales, va a pasar por tres momentos:

1.- La acumulación originaria, es decir, la expropiación de las inmensas masas. En un polo tienen los medios de producción y en el otro la fuerza de trabajo.
2.- Los burgueses se expropian entre sí, que se da fundamentalmente en el siglo XIX.
3.- La propiedad queda concentrada inmensamente en pocas personas (oligarquía financiera).

Entonces, como el problema de la historia está en expropiar a la burguesía, es ella la que se opone a la historia y, al hacerlo, es reaccionaria. La burguesía pretende traer la rueda de la historia hacia atrás, se convierte en una clase reaccionaria. Este proceso queda palmariamente evidenciado en el siglo XIX.

El parasitismo implica el carácter reaccionario. La burguesía para mantener su posición, para sostener su poder, para preservar su orden tiene que renunciar a todo el sistema político que había montado. Reniega de su sistema demoliberal, del viejo sistema de soberanía popular, de los derechos y libertades, del parlamentarismo, del sufragio representativo. Todo es cuestionado. La burguesía va a cuestionar todo el sistema demoburgués, porque comienza a ser utilizado por el proletariado. Y eso no le conviene ya que la democracia es el terreno que tiene el proletariado para combatirla, por eso es que la burguesía no lo permite y reniega de sus propias concepciones y posiciones políticas. De ahí que la burguesía en este período monopolista use una doble táctica: la mano dura y la mano blanda. La sujeción, para atraer y atar, y la violencia, para aplastar. Esta es la doble política de la reacción.

Internacionalmente, la burguesía monopolista lleva una política colonialista (también reaccionaria), una política que apunta a sojuzgar total y cabalmente a los países atrasados. Hacer de estos países colonias, sujetarlos totalmente, y no sólo hacerlos semicolonias. Esa es su meta, esa es su línea política en la cuestión internacional.

El imperialismo, políticamente, tiene repercusiones muy importantes: en el movimiento obrero genera el oportunismo sindical, el derechismo, el revisionismo y, en el movimiento político de la clase obrera, genera el escisionismo. Hay una íntima ligazón entre imperialismo y revisionismo, entre imperialismo y escisionismo, entre imperialismo y oportunismo. El imperialismo para su propia existencia, produce estas divisiones y genera sus agentes en las filas de la clase obrera; las condiciones históricas de desarrollo del imperialismo necesariamente generan estos fenómenos. Marx y Engels avisoraron la posición de Inglaterra e hicieron notar como había una clara situación entre la aristocracia obrera, por un lado y el sistema colonialista inglés por el otro (10). El problema político, se centra, pues, en el carácter parasitario y reaccionario del imperialismo.

Agonizante. Es el carácter y la ubicación histórica del capitalismo. Históricamente, el imperialismo es el capitalismo agonizante, su fase final. Es el momento en que el capitalismo ha terminado su proceso expansivo y comienza su descomposición.

En los años 20, al definirse al imperialismo, se decía: es el período histórico de descomposición de la burguesía, el período histórico en el que el proletariado toma el poder, porque la revolución está madura y el sistema imperialista se descompone. Este proceso se va a desarrollar a través de guerras entre potencias, de luchas de liberación y de movimientos que conduce la clase obrera. Una de las muestras de la agonía del imperialismo es que en él se agudizan las contradicciones, en que las luchas entre las potencias son cada vez más desarrollada. El imperialismo agudiza la contienda por la hegemonía, la lucha por la hegemonía, por el dominio mundial. Esto es fundamental y esencial en el proceso imperialista. No se puede concebir un proceso imperialista sin esta lucha por la hegemonía.

Así, entendemos, está delimitado históricamente el momento en que Mariátegui se desenvuelve. Mariátegui surge y se desarrolla en el período imperialista, vive y combate en esta época. Vive y combate en una zona en la que el nuevo imperialismo, el norteamericano, comienza a expandir sus dominios.

1.2.-La Primera Guerra Mundial y sus derivaciones.

Antes de la primera guerra mundial se hallaba presente entre las naciones un espíritu pacifista en virtud del cual, a pesar de que se armaban, habían comprendido que el desarrollo de los pueblos, el alto desarrollo al que habían llegado, ya no permitiría matar; se hallaba presente la alegre inconciencia, de la “bella época”, sin embargo, en el fondo de esa inconciencia alegre se venía gestando una grave tormenta (Historia de la crisis mundial, pp. 177-180).

En el siglo XIX hubo pensadores que afirmaban que el siglo XX sería una época tranquila, feliz, la época de la fraternidad universal. Sin embargo, entre la propia burguesía se pensaba que el armamento general de las naciones estaba llevando a la guerra. Lenin (11), al analizar la situación de Europa, planteó que el sistema capitalista entraba en un período de grandes guerras. El proletariado se aprestaba a tomar el poder, había influido históricamente en el proceso de desarrollo burgués y se entraba, por tanto, a un período de grandes convulsiones históricas. En estas condiciones surge la Primera Guerra Mundial, una guerra de rapiña imperialista por el nuevo reparto del mundo. Sucedió que entre las grandes potencias hubo algunas como Alemania, Italia y Japón que llegaron tardíamente al reparto. Con certera visión Mariátegui dice que el período contemporáneo de estas grandes luchas se inicia en 1905 cuando Japón derrota a Rusia en oriente (Historia de la crisis mundial, pp. 175-176). Esta derrota demuestra que Asia entraba a la historia mundial. La derrota estremeció hasta sus raíces al sistema ruso y repercutió profundamente en Europa. En 1905, también lo dice Lenin (12), hay una nueva potencia que se llama Japón que se apresta a disputar la hegemonía del Pacífico a los EEUU, una potencia que cuestiona el poder europeo

La clase obrera, a través de los partidos socialdemócratas fue ungida al carro de la burguesía y fue utilizada como carne de cañón en esa guerra de rapiña imperialista. La mayoría de los partidos socialdemócratas, la mayoría de los partidos obreros, se pusieron a la cola de la burguesía, lo que significa que hubo partidos que se mantuvieron firmes. En los Congresos donde se disputaba si el proletariado se ponía o no a la cola de la burguesía, Lenin jugó un papel muy importante. Planteó que la guerra imperialista que se avecinaba, debía ser utilizada revolucionariamente por la clase obrera para convertirla en una guerra de clase; convertir la guerra de rapiña en guerra de clase (guerra de los explotados contra los explotadores) (13). Pero era la minoría la que comprendió el problema, por ejemplo, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Esa minoría cumplió un gigantesco papel: llamar a la clase obrera a prepararse para levantarse contra los explotadores aprovechando la coyuntura de la guerra.

Las repercusiones de la Primera Guerra Mundial fueron enormes

1.3.-La Revolución.

La revolución de octubre.La sagacidad de Lenin permitió ver que el eslabón más débil de la cadena capitalista era Rusia y que allí comenzaba la revolución (14). Marx y Engels ya habían planteado que el proceso político se desplazaba hacia Rusia (15). Pasó de Francia a Alemania (16). Lenin comprendió que el país más atrasado y opresor a la vez era Rusia, que tenía un sistema político podrido (una autocracia que no podía seguir dominando) que no correspondía a su desarrollo económico. Por lo demás, desde los años 70 del siglo pasado en la vieja Rusia venía dándose un proceso político cuestionador. En el año 1906 había cuajado el partido bolchevique, un partido de nuevo tipo, un partido del proletariado que ya no seguía los viejos cánones parlamentarios, sino que se preparaba para tomar el poder a través de la violencia revolucionaria. En 1905 Lenin había dicho que podían tomar el poder pero que no lo hacían porque les faltaba fuerzas (17). Planteó que la revolución democrática, la revolución burguesa, puede y debe ser hecha por la clase obrera (18). Lenin, en sus obras: “El imperialismo fase superior del capitalismo” (1916) y “El Estado y la revolución” (1917) plantea sistemáticamente que la coyuntura política determinaba que la toma del poder estaba a la orden del día, que la cuestión era organizar la revolución a través del partido bolchevique que él dirigía.

En 1917 se produce la revolución rusa aprovechando la exigencia de paz de las masas y de reivindicación de tierras de los campesinos. Dos consignas enarboló el pueblo ruso: Paz y Tierra, y con ellas, bajo la magistral conducción de Lenin, triunfó la revolución. Con la revolución de octubre el proletariado tomó el poder por segunda vez. La primera vez había sido en 1871 con la “Comuna de Paris”, que sólo duró alrededor de dos meses. Por eso Lenin y los bolcheviques decían que pasados los 60 días de tomado el poder, ya habían hecho un aporte a la humanidad. Comenzaron a construir el Estado Socialista, a establecer la dictadura del proletariado y a desarrollarla; fueron los tiempos de Lenin y Stalin, de la revolución de octubre, del camino de la insurrección, que destruyó la autocracia zarista y el poder feudal.
La revolución de octubre repercutió en todo el mundo. Mariátegui en su magnífico libro “Historia de la crisis mundial” nos presenta, entre otros temas de la problemática mundial, la revolución rusa y su repercusión en Europa y otros lugares en el mundo. En Europa repercutió especialmente en Alemania, Hungría e Italia, sin embargo, la revolución fue derrotada en esos países.

La revolución en Alemania. Nos interesa ver que opinaba Mariátegui de la revolución, incluso derrotada. Líneas arriba hemos dicho que Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht estaban preparando al proletariado alemán, que habían estado al lado de las posiciones de Lenin. Pero, mientras Lenin y los bolcheviques montaban un poderoso Partido, Luxemburgo y Liebknecht no llegaron a hacerlo. Mientras Lenin a partir de 1903, había formado a la mayoría de los bolcheviques y construía el Partido (19), en Alemania estos dirigentes continuaron trabajando dentro de la social democracia y recién en 1919 pudieron estructurar Liga Espartaquista. En esos momentos las condiciones eran explosivas en Alemania. Las masas, los obreros y marinos, se lanzaban a la lucha. Era el problema de la reacción frente a la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. En estas condiciones se produjeron los levantamientos, las insurrecciones. Pero se produjo una gran falla: Faltaba un partido que condujera las luchas. A pesar de ello estos dirigentes y otros más se pusieron a la cabeza de las masas y combatieron junto a ellas. Mientras tanto, la social democracia coludida con la reacción aplastaba a las masas y liquidaba a sus dirigentes. La revolución alemana tuvo un revés. Fracasó porque no existía un Partido cuajado. (Historia de la crisis mundial, pp. 67-81 y 185-186).

Otra gran experiencia fue la revolución húngara que estaba ligada al problema nacional. Hungría se hallaba bajo el dominio del Imperio Austro-húngaro. Se levantó la resistencia de los pueblos. Se levantaron y comenzaron grandes luchas. Participó la burguesía y la pequeña burguesía, pero tampoco hubo un Partido. Llegaron a hacer la revolución pero no pudieron desarrollar el Estado, el sistema. La reacción se reagrupó, retomó el poder, reprimió a las masas e instaló un siniestro régimen fascista.

Lenin, al analizar el problema húngaro, vio que no se aplicaba suficientemente la violencia revolucionaria, que no se estaba yendo al fondo, que era muy contemplativa, que estaba dejando que el enemigo se reagrupe y fue así que, el enemigo se reagrupó, se armó bien y aplastó la revolución. En Hungría falló la organización de la violencia revolucionaria en forma sistemática y libre, faltó la dictadura del proletariado, faltó un Partido que organizara y comandara correctamente la revolución. (Idem, pp. 82-99).

En síntesis, las revoluciones alemana y húngara son dos grandes lecciones históricas para el proletariado, fundamentalmente. Mariátegui las analiza históricamente: Por qué falla la revolución alemana, por qué hay violencia y cómo es incontenible la violencia reaccionaria en Hungría.

Mariátegui se forjó en estas condiciones, en la comprensión de la violencia revolucionaria; comprendió que la revolución es a largo plazo y que puede haber reveses. Hablando de la revolución húngara afirma: “Como ya dije a propósito de la Revolución Alemana, una revolución no es un golpe de estado, no es una insurrección, no es una de aquellas cosas que aquí llamamos revolución por uso arbitrario de esta palabra. Una revolución no se cumple sino en muchos años. Y con frecuencia tiene períodos alternados de predominio de las fuerzas revolucionarias y de predominio de las fuerzas contra-revolucionarias.” (Idem, p. 99). Es decir: En la revolución prolongada, predomina la revolución según los momentos históricos y agrega “Así como el proceso de una guerra es un proceso de ofensivas y contraofensivas, de victorias y derrotas, mientras uno de los bandos combatientes no capitule definitivamente, mientras no renuncie a la lucha, no está vencido. Su derrota es transitoria; pero no total.” (Idem, p. 99). Mao también plantea que la guerra y la revolución es ofensiva y contraofensiva (20). Uno puede ser vencido, derrotado; esto es fácil y factible. Lo que no puede hacer es capitular; si se capitula entonces se hunde todo. Pero un pueblo no capitula; si alguien capitula hay otros que siguen la lucha. Un pueblo, a última hora, se mantiene combatiente porque existe la lucha de clases.

Mariátegui comprendió que la revolución rusa fue una obra extraordinaria y destacó la labor de Lenin. Comprendió el papel que Lenin cumplió al organizar el Partido bolchevique y conducir el proceso revolucionario. Comprendió la repercusión de la revolución de la revolución rusa en Alemania y Hungría.

Otro asunto es Italia. Mariátegui vio de cerca los acontecimientos en Italia, vivió allí aproximadamente tres años. La repercusión de la guerra en Italia fue tremenda. La lucha, política era fuerte. El Partido socialista estaba en descomposición; tardíamente se produjo la escisión y surgió el Partido comunista. La separación entre socialistas y comunistas se dio en el Congreso de Livorno al que asistió Mariátegui. Era un momento en el que se desarrollaba plenamente la lucha italiana, en el que las masas se desbordaron y se produjo el desarrollo del fascismo en Italia. El caso italiano es importante por dos problemas: La crisis de la democracia y el surgimiento del Partido.

La crisis de la democracia. La democracia burguesa venía desarrollándose desde el siglo XVIII. En todo el siglo XIX este proceso avanzó, principalmente en Europa, con una carga feudal muy fuerte. En nuestro continente también se produce el mismo fenómeno, pero con mayor carga feudal. Mariátegui plantea, como hemos visto, que en el período imperialista, la burguesía se pone al lado de las fuerzas monopolistas, abandona su posición demoliberal (Ver Punto tercero del Programa del PCP). Mariátegui considera correctamente que en torno a la Primera Guerra Mundial se produce la crisis de la democracia burguesa. Mariátegui parte de plantear que hay una correspondencia entre forma social y forma política, “La historia nos enseña que las formas de organización social y política de una sociedad corresponden a la estructura, a la tendencia de las fuerzas productivas.” (Historia de la crisis mundial, p. 135). Quiere decir que si varían las formas económicas tienen que variar las formas político-sociales. Con el imperialismo había variado la forma económica, había aparecido el monopolismo; por lo tanto, debía variar la forma político-social. Y se plantean dos variaciones: La fascista y la liberal (que veremos en el proceso ideológico).

“La caída de la aristocracia, del régimen medioeval fue, pues, determinada más que por razones abstractas de ideal por razones concretas de la aparición de una nueva forma de producción: La industria.” (Idem, p. 135). El sistema político-social medieval falla por la industrialización. El surgimiento de un sistema económico diferente determinó el hundimiento del régimen medieval, del régimen feudal. Hay, pues, una correspondencia entre base y superestructura. (Ver en Cartas 1890-1894 de Engels) (21).

“Bajo el régimen democrático, bajo el régimen burgués, se ha creado nuevas formas de producción. La industria se ha desarrollado extraordinariamente impulsada por la máquina. Han surgido enormes empresas industriales.” (Idem, p. 135). Bajo el régimen feudal, en el seno de la feudalidad, se genera el capitalismo, bajo el orden demoliberal, bajo el orden burgués, se generan nuevas formas económicas como la maquinización, la industrialización, y la concentración de grandes empresas industriales (monopolios).

“La expansión de estas nuevas fuerzas productivas no permite la subsistencia de los antiguos moldes políticos.” (Idem, p. 135). Aparecido el monopolio caducan las modalidades sociales y políticas demoburguesas tradicionales (aquí Mariátegui desarrolla sistemáticamente la tesis de Lenin).

“Ha transformado la estructura de las naciones y exige la transformación de la estructura del régimen. La democracia burguesa ha cesado de corresponder a la organización de las fuerzas económicas formidablemente transformadas y acrecentadas. Por esto la democracia está en crisis. La institución típica de la democracia es el parlamento. La crisis de la democracia es una crisis del parlamento.” (Idem, p. 135). Aquí Mariátegui plantea la crisis de la democracia como una razón material; el desarrollo de las formas económicas, quiere decir que el proceso monopolista genera necesariamente un nuevo orden político-social. Visto así el problema, el fascismo no es nada exótico, tiene sus razones profundas de ser. El sistema demoliberal o el liberalismo tiene necesariamente su modalidad deformada, ya no puede ser la misma concepción del siglo XVIII. Mariátegui señala certeramente que el centro del problema es la crisis del parlamento.

En Italia se decía que el centro del problema era la anarquía. La libertad -decían- ha matado a la sociedad por la anarquía; entonces, hay que liquidar la libertad. El parlamentarismo -decían- ha liquidado el orden social, entonces hay que liquidar el parlamentarismo. Los partidos políticos -decían- destruyen la sociedad; entonces, hay que hacerlos desaparecer. Así decían Mussolini y Cía. Mariátegui los había escuchado, había estado en la propia entraña del monstruo, lo había visto y tenía una clara comprensión del problema. Comprendió perfectamente que la democracia burguesa había entrado en crisis, por eso decía que Wilson (Presidente de los EEUU) estaba pregonando y vendiendo su mercadería pasada, una teoría que envenenaba la mente de los jóvenes especialmente universitarios, pero que no podía ir más allá porque el sistema democrático burgués había entrado en crisis histórica. El desarrollo social mismo había determinado que no podía seguir avanzando.

En Italia, Mariátegui vio como surgía y se desarrollaba el fascismo y concluyó diciendo “El fascismo es la reacción” (La escena contemporánea, p. 34). El había visto que frente a la revolución que avanzaba no se podía contraponer otra cosa que la violencia contrarrevolucionaria. El fascismo gestaba reacción. Pero este hecho –dice- acelera el proceso revolucionario, porque destruye las organizaciones democráticas. El fascismo desvalorizó el parlamento y el sufragio universal. El fascismo enseño el camino de la dictadura y la violencia. Mariátegui con estas aseveraciones nos está enseñando que también se puede aprender del enemigo. (Historia de la crisis mundial, p. 139).

Al analizar la repercusión de la revolución rusa en Italia encontró que la democracia se caía a pedazos, que había caducado históricamente más no políticamente y que, por otro lado, el fascismo estaba en proceso de desarrollo como reacción política, para contraponerse al ascenso del proletariado y del pueblo.

“Actualmente -dice Mariátegui, para concluir el proceso del fascismo como un fenómeno internacional-, la intensificación de la lucha de clases, el acrecentamiento de la guerra social, ha acentuado esta crisis de la democracia. El proletariado intenta el asalto decisivo del Estado y del poder político para transformar la sociedad. Su crecimiento en los parlamentos resulta amenazante para la burguesía. Los instrumentos legales de la democracia han resultado insuficientes para conservar el régimen democrático. El conservadorismo ha necesitado apelar a la acción ilegal, a los medios extra-legales. La clase media, la zona media y heterogénea de la sociedad, ha sido el nervio de este movimiento. Desprovista de una conciencia de clase propia, la clase media se considera igualmente distante y enemiga del capitalismo y del proletariado. Pero en ella están representados algunos sectores capitalistas. Y como la batalla actual se libra entre el capitalismo y el proletariado, toda intervención de un tercer elemento tiene que operarse en beneficio de la clase conservadora. El capitalismo y el proletariado son dos grandes u únicos campos de gravitación que atraen las fuerzas dispersas. Quien reacciona contra el proletariado sigue al capitalismo. Esto le acontece a la clase media, en cuyas filas ha reclutado su proselitismo el movimiento fascista. El fascismo no es un fenómeno italiano, es un fenómeno internacional.” (Idem, pp. 136-137). Aquí Mariátegui nos plantea los siguientes puntos:

1.- Que el proletariado se apresta a tomar el poder;
2.- Que los instrumentos legales de la democracia son insuficientes para conservar el poder;
3.- Que el conservadorismo ha tenido que recurrir a expedientes extralegales, a la violencia;
4.- Que la clase media comienza a nutrir el desarrollo del fascismo, bajo la cantilena de que no es “ni capitalismo ni comunismo”, que “no está” con la burguesía ni con el proletariado”.

Luego, Mariátegui, nos habla de la impaciencia que tiene la intervención de un tercer elemento en la contienda entre dos fuerzas: proletariado y burguesía, capitalismo y socialismo, y que toda tercera fuerza en la contienda sirve a la burguesía, a la reacción, contra el proletariado y concluye diciendo que “el fascismo no es un fenómeno italiano, es un fenómeno internacional”.

Al fascismo, lo concebían algunos como producto de la personalidad extraordinaria del “Duce”, pero, en realidad, no era un fenómeno personal, no era un fenómeno típico de Italia; por el contrario, era un fenómeno internacional, era el producto de las nuevas condiciones históricas, económicas y sociales que se desarrollaban en el mundo. Había caducado ya el sistema demoburgués y la burguesía tenía que buscar una experiencia que le permitiera preservar su obra. Analizando el caso de Italia –un caso concreto de desarrollo del fascismo- Mariátegui planteó el carácter internacional del fascismo cogiendo la esencia: la burguesía usa la reacción política para contener el ascenso de las luchas de la clase obrera y del pueblo, porque las nuevas condiciones han determinado la crisis de la democracia burguesa.

Sin embargo, el fascismo tomó distintas formas. El que fuera más o menos violento dependió de las condiciones en que se desarrollaba. En Alemania fue terriblemente violento, más siniestro que en Italia -a pesar de que apareció en este país- porque en Alemania el Partido del proletariado era más poderoso, más fuerte, y hubo que aplastarlo siniestramente para poder instaurar el régimen nazi (Ver Figuras y Aspectos de la vida mundial, tomo I, pp. 46-52, tomo II, pp. 89-92, tomo III, pp. 50-51 y Temas de Nuestra América, p. 70). En otras condiciones el fascismo tomo otras modalidades. En España, por ejemplo. Mariátegui al hablar del régimen instaurado en México después de la revolución dice que el Estado mexicano se parece al Estado fascista como una gota de agua se parece a otra gota de agua (Temas de Nuestra América, p. 70). Aquí está planteando que el régimen fascista no sólo se da en sociedades altamente desarrolladas, ni solamente en países imperialistas, sino también en países atrasados; pero que, sin embargo, en éstos se registran particularidades.

La Primera Guerra Mundial y la revolución rusa no sólo repercutieron en Europa, sino en los cinco continentes. Europa, después de la Guerra se sumergió en una profunda crisis económica, una alarmante desocupación, etc.; es decir, las sociedades europeas quedaron deshechas. Tuvieron que esforzarse para levantar la economía de sus países. Por otro lado, había una poderosa clase obrera, con gran fuerza y que exigía en lo económico y político. Es entonces que las burguesías se plantearon el amino a seguir, para evitar que la clase obrera lograse avanzar, y para mantenerla quieta. Y encontraron una salida: saquear sistemáticamente el mundo joven. Mariátegui nos dice al respecto:

“Algunos estadistas europeos, Lloyd George, entre ellos, acarician una intención audaz, un plan atrevido. Piensan que no es posible salvar el régimen capitalista sino a condición de conceder un poco de bienestar a los trabajadores. Piensa que este poco de bienestar debe serles concedido, en parte a costas de los capitalistas. Pero que los sacrificios de los capitalistas no bastarán para mejorar considerablemente la vida de los trabajadores. Y que hay que buscar por consiguiente otros recursos.”. (Historia de la crisis mundial, p. 128)

Lloyd George, entre otros, planteó, pues, una política de reforma para aplastar a las masas, quitando apenas una miseria a la burguesía y despellejando al mundo colonial. Así fue ayer; hoy es igual, o, tal vez, peor. ¿A quién despellejar? Cuando EEUU habla de defender la democracia representativa, el orden occidental y cristiano, ¿A costa de quién va a mantener su orden burgués? A costa de los países atrasados, de las colonias y semicolonias. Mariátegui señala:

“Estos recursos que no es posible encontrar en Europa, que no es posible encontrar en las naciones capitalistas, es posible a su juicio encontrarlos, en cambio, en África, en Asia, en América, en las naciones coloniales.” (Idem, p.129). Magistral. Asia, África y América Latina tienen que ser saqueados para mantener el orden burgués europeo. Otra vez quieren mantener el viejo orden colonial.
“..pero -hablando del proletariado- en los países correspondientes a otras civilizaciones no existe casi, o existe bajo otras formas atenuadas y elementales.” (Idem, p. 129). Y dice además que no en todas partes hay un orden capitalista. Entonces, ¿Qué plantean los europeos? “…se trata de reorganizar y ensanchar la explotación económica de los países coloniales, de los países incompletamente evolucionados, de los países primitivos de África, Asia, América, Oceanía y de la misma Europa.” (Idem, p 129). Están poniendo en marcha un plan para ampliar la explotación económica. “Se trata de que el bracero de Oceanía, de América, de Asia o de África paguen el mayor confort, el mayor bienestar, la mayor holgura del obrero europeo o americano… Se trata de que aquella parte menos civilizada de la humanidad trabaje para la parte más civilizada.” (Idem, p. 129). Se trata de una repartición de tareas. Los atrasados trabajarán el triple y comerán menos de la mitad, para que los avanzados coman tres veces más. Este es el plan de los burgueses europeos. “Así se espera, no solucionar definitivamente la lucha social, porque la lucha social existirá mientras exista el salario, sino atenuar la lucha social, aplazar su crisis definitiva, postergar su último capítulo.” (Idem, p. 129). Eso es lo que buscan los europeos. No se vaya a pensar –dice Mariátegui- que los europeos crean que con esto ya no va a haber revolución en Europa. Sólo piensan en capear la crisis.

De todo esto se debe sacar una lección: Cuando hay crisis en los países imperialistas los del “tercer mundo” debemos preocuparnos, porque somos nosotros los que pagamos las consecuencias. Así fue ayer, es hoy y será mañana.

En la parte final, Mariátegui dice:

“…Pero su plan de reorganizar científicamente la explotación de los países coloniales, de transformarlos en sus solícitos proveedores de materias primas y en sus solícitos consumidores de artículos manufacturados, tropieza con una dificultad histórica. Esos países coloniales se agitan por conquistar su independencia nacional.” (Idem, p. 129-130).

Los planes de reorganización colonial, de búsqueda de materias primas, y de nuevos mercados, tienen una barrera histórica: Los movimientos de liberación nacional. Los europeos se encuentran con movimientos de liberación nacional, en los países atrasados. La independencia nacional de los países coloniales estorba su metódica explotación. Mariátegui dice:

“Un país políticamente independiente puede ser económicamente colonial. Estos países sudamericanos, por ejemplo, políticamente independientes son económicamente coloniales… Europa puede, pues, acordar a los países coloniales la soberanía política, sin que estos países se independicen, por esto, políticamente.” (Idem, p. 130).

En síntesis, después de la Primera Guerra, los países atrasados fueron objeto de un nuevo saqueo. Pero este nuevo y premeditado saqueo se encontró con una barrera histórica: Los movimientos de liberación nacional.

Mariátegui analizó estos movimientos y sus luchas, fundamentalmente, en China, India y Turquía.(Ver Idem, pp. 187-193, Escena contemporánea, pp. 203-208 y ..........):

A cerca de China Mariátegui dijo que:

“La revolución China constituye el signo más extenso y profundo del despertar del Asia” y

“Un pueblo de 400 millones, … se esfuerza por encontrar la vía de su emancipación” (Idem, p. 187).

Está claro que el despertar de China era el signo más elocuente del levantamiento de un pueblo que comenzó a marchar, luego de despertar de un largo sueño. La revolución china tiene la intención de ajustar la política a las nuevas condiciones económicas de China. El sistema feudal no resistía más. En China se desarrolló una revolución antifeudal y antiimperialista. El nacionalismo se movilizó contra los europeos, que desde el siglo XIX venían depredándola. No obstante, en 1927, Chang Kai Sek se pasó al campo de la reacción traicionando la revolución. A pesar de su traición la revolución finalmente se impuso.

“Chang Kai Sek y sus secuaces han podido detener momentáneamente el curso de la revolución con un golpe de Estado thermidoriano y con los fusilamientos en masa de los organizadores y agitadores del proletariado. Pero no han podido suprimir al proletariado mismo. Y es aquí donde la revolución tiene su inagotable fermento.” (Figuras y aspectos de la vida mundial, tomo III, p. 101).

La historia le dio la razón a Mariátegui. En 1949 China se independizó. Mientras unos opinaban que Chang Kai Sek era el Napoleón del Asia, Mariátegui decía que era el traidor de China, porque se había pasado al campo de la reacción, porque se había vendido al imperialismo. Y sin él (los hechos demostraron que no era necesario) la revolución triunfó. Mariátegui destacó el carácter nacionalista que ligó tan poderosamente el movimiento chino y asiático en general, e hizo recordar que China no es el Perú, que Asia no es América Latina y que mientras las sociedades asiáticas tienen antiquísimas culturas, tardíamente alcanzadas por Europa, nosotros no hemos podido desarrollar culturas similares, que hemos sido colonizados por Europa hace 500 años, que nos sentimos más europeos que americanos, que nos sentimos descendientes de españoles. Entre China y Perú hay una diferencia sustantiva. Sin embargo –afirma Mariátegui- esto no quiere decir que el patriotismo no pueda desarrollarse en América; se desarrollará ante una agresión directa del imperialismo. El patriotismo latinoamericano se levantará, se pondrá de pie. Por ejemplo, Sandino en Nicaragua. Como vemos, Mariátegui también analizó la situación de los países atrasados. (Ver sobre China: Historia de la crisis mundial, pp. 187-191 y Figuras y aspectos de la vida mundial, tomo I, pp. 100-105, 168-172, 221-225; tomo II, pp. 65-68, 147-150, 159-162; y tomo III, pp. 42-46, 57-59, 100-101, 132-133).

La india se movilizó en el sentido de la no violencia debido a la práctica del gandhismo. Gandhi condujo a su pueblo por el camino de la no cooperación. “La insurrección armada le repugnaba”. Gandhi gesta un movimiento en el que los “factores económicos y políticos se confunden con los religiosos”. “Su obra es más religiosa y moral que política”. Esa influencia retardó el proceso, porque pretendía volver hacia atrás. Rechazaron las manufacturas inglesas y sus telares fueron quemados. Los hindúes fueron invitados a tejer con sus manos. Era un volver atrás, revivir una economía superada: la de la rueca. Gandhi detestaba la máquina. Esta fue la falla sustantiva de la india. Sin embargo, el proceso de lucha hindú generó otros movimientos y otras orientaciones. Pero no tuvo una afirmación tan rotunda como en el caso de China cuyo proceso tuvo un grado de desarrollo.

Recordemos que desde 1911 la revolución china se desarrolló con las armas en la mano. Stalin dijo “En China, la revolución armada combate la contrarrevolución armada. Tal es una de las peculiaridades y una de las ventajas de la revolución china” (22). Desde el comienzo quedó definido el camino de China. Lo que no sucedió en la India. Mariátegui, a propósito de Gandhi, afirmó: “La revolución no se hace, desgraciadamente con ayunos. Los revolucionarios de todas las latitudes tienen que elegir entre sufrir la violencia o usarla”. Cuanta razón tenía Mariátegui; el problema clave es la violencia: revolucionaria o contrarrevolucionaria. No hay ayunos que valgan y menos que transformen la sociedad. (Ver sobre la India: La escena contemporánea, pp. 193-199; Historia de la crisis mundial, pp. 191-193; y Figuras y aspectos de la vida mundial, tomo III, pp. 145-151.

“En la China, por razones obvias, ha tenido una función todavía más activa en la formación de una nueva conciencia nacional. Los estudiantes chinos componen la vanguardia del movimiento nacionalista revolucionario que, dando a la inmensa nación asiática una nueva alma y una nueva organización, le asigna una influencia considerable en los destinos del mundo. En este punto se muestran concordes los observadores occidentales de más reconocida autoridad intelectual.” (7 Ensayos..., p.128)

A cerca de Turquía Mariátegui registró el caso del kemalismo. Mustafá Kemal Pachá, jefe del ejército de la región de Anatolia, dirigió un movimiento que derrumbó el viejo Imperio Otomano. Occidente no estuvo de acuerdo con que Turquía se occidentalizace. “Turquía era tratada por Europa como un pueblo inferior, como un pueblo bárbaro” y, es más, la burguesía occidental se oponía a que todo Oriente se occidentalizara. Inglaterra, en un primer momento, alentó el movimiento, pero cuando éste comenzó a desarrollarse y se convirtió en revolución, no estuvo de acuerdo con lo que pasaba, lo frenó, lo aplastó. A occidente no le convenía que Oriente se occidentalizara porque, si lo hacía, se pondría de pie y no lo contendría nada ni nadie. La occidentalización de Oriente significaba el barrido de la dominación imperialista. Por eso occidente se opuso (y se opone) al avance de los países atrasados. Por eso, hoy como ayer, no apoyará nunca a un sistema antiimperialista. Lo contrario sería absurdo. Entre imperialismo y antiimperialismo hay, pues, una línea divisora. No se puede juntar el fuego con el agua o el barro con el hierro. Se podrán mezclar momentáneamente pero luego, se separan, se repelen. Sin embargo, hay quienes creen lo contrario (Ver sobre Turquía: La escena contemporánea, pp. 203-208).

Mariátegui se ocupa también del Medio Oriente. Dice que en Medio Oriente se imponía el Sionismo. Contrapone el problema de árabes e israelitas. No es -dice- un problema reivindicativo del pueblo israelita, no es el problema hebreo el que se reivindica, sino el sionismo. Y este problema lo mueve el imperialismo. Esto implica que en las luchas coloniales siempre está el imperialismo moviéndose detrás, para aplastar estas luchas. (La escena contemporánea, pp. 208-218).

En China, India, Turquía y Medio Oriente se registra la presencia del imperialismo oponiéndose a los movimientos de liberación nacional de los pueblos.

Con todo lo dicho se puede apreciar que la Revolución Rusa y la Primera Guerra Mundial repercuten gravemente a nivel mundial. Ningún lugar del orbe se libró de esa repercusión. Nuestra propia América la registró. En América, los obreros recorrían las calles portando banderas rojas y llamaban a imitar la Revolución de Octubre, pero su prédica no tuvo efecto, porque no había organización partidaria que pudiera conducirla. América tenía la particularidad de que en ese momento se vivía una competencia entre Inglaterra y EEUU.

1.4.-El proceso ideológico.

En la parte final de “Historia de la crisis mundial”, se incluye una síntesis sobre los acontecimientos del mundo bajo el título de “Veinticinco años de sucesos extranjeros” que, originalmente, se publicó en la Revista “Variedades”, en 1929. En esa obra nos plantea que el mundo vivía una conmoción económica, política e ideológica. Y en el “Breve Epílogo” que agrega a “veinticinco años de sucesos extranjeros” desarrolló el proceso ideológico, tocando los siguientes aspectos:

1.4.1.-La filosofía.

Las concepciones filosóficas de los siglos XVIII y XIX fueron cuestionadas por el pensamiento de los hombres desde el campo mismo de la burguesía. Las concepciones positivistas fueron golpeadas sistemáticamente así como las viejas concepciones racionalistas. Mariátegui analizó el papel que jugó Bergson en el campo filosófico. A raíz del análisis que realizara, hay muchas opiniones sobre los planteamientos filosóficos de Mariátegui, y una de ellas afirma que Mariátegui era bergsoniano. Veamos si lo es. Mariátegui planteó:

“Históricamente, la filosofía de Bergson ha concurrido, como ningún elemento intelectual, a la ruina del idealismo y racionalismo burgueses y a la muerte del antiguo absoluto, aunque por contragolpe, haya favorecido el reflotamiento de descompuestas supersticiones” (Historia de la crisis mundial, p. 199)

¿Mariátegui bergsoniano? Lo que hizo Mariátegui fue registrar un hecho histórico, y se sabe que Bergson cuestionó el sistema racionalista del siglo XVIII. Además, es un hecho histórico que Bergson planteó que la razón no podía conocer, que es una vieja manía creer en el progreso, creer que la razón es la que aprehende. Bergson dijo que con la razón no se puede conocer las cosas, que las cosas hay que comprenderlas con la intuición. Así cuestionó Bergson el sistema racionalista. Él fue quien concluyó realmente la lucha contra el sistema idealista racionalista dentro del campo burgués, por eso es que Mariátegui dijo que “la filosofía de Bergson ha concurrido…”, no dijo que fue el único, sino que fue un “elemento intelectual”. En fin, en el pensamiento burgués contemporáneo, es cierto que Bergson cuestionó y golpeó duramente el concepto positivista y el racionalismo del siglo XVIII, que decreto la muerte del antiguo absoluto. Bergson escribió muchos libros oscuros muy sugerentes, sólo sugerentes (xx).

Muchos pensadores que plantearon la teoría del antiguo absoluto, la vieja metafísica aristotélica del siglo III de nuestra era, hablaron sobre la existencia de una entidad primaria, un primer motor absoluto que no se movía, perfecto, inalterable por siempre jamás; pensamiento que a partir de Hegel ya no puede concebirse, pues el pensamiento burgués hegeliano planteó que ya no se puede seguir haciendo metafísica absoluta. Se sabe que hubo grandes esfuerzos por hacer metafísica dinámica. A última hora, basta recordar a Hegel.

Entonces, Mariátegui está simplemente destacando lo pasado en el proceso histórico y afirmando al final: “aunque, por contragolpe, haya favorecido al reflotamiento de descompuestas supersticiones”. Claro, misticismo descompuesto. Mariátegui registró, pues, la conmoción que se produjo en el plano filosófico dentro del mismo proceso burgués.

1.4.2.-La ciencia.

En la ciencia también hay grandes innovaciones como las de Einstein que planteó tesis sustantivas sobre la física, como la teoría de la relatividad: el tiempo y el espacio no son absolutos, sino relativos, cambian según la velocidad de las cosas. Al plantear la relatividad de las cosas cuestiona las viejas concepciones de la física clásica newtoniana, o sea más de 150 años de filosofía física. Mariátegui reconoció que Einstein planteó una transformación en la ciencia.

1.4.3.-El problema social.

Mariátegui analizó la teoría de Freud y sus descubrimientos, ya latentes en el problema social: el sexo. Freud planteó una teoría que causó una gran repercusión en las ideas que hasta hoy sigue teniendo seguidores; y esto no podía pasar sin ser advertido por Mariátegui.

1.4.4.-El liberalismo.

Mariátegui dijo que el liberalismo cumplió un papel decisivo en el siglo XIX y que ya no podía seguir cumpliendo ese papel. El liberalismo, es decir, la defensa de las libertades, es una tesis burguesa que fue aplicada y defendida en el siglo XIX, pero que, llegado el siglo XX, devino teóricamente, filosóficamente, en defensa de la persona humana, y, en la práctica, en la aplicación política, sobreestima la preocupación por la tecnificación del aparato estatal administrativo. El liberalismo en el siglo XX es un desarrollo conservador que se opone abiertamente al comunismo. Por tanto, el liberalismo no tiene hoy el carácter que ayer tenía. Hoy día, en la práctica, el liberalismo es conservador, reaccionario. El liberalismo ha devenido ya en reaccionarización por el proceso del imperialismo, sin embargo –dice Mariátegui- hay dos figuras respetables: Benedetto Croce y Bertrand Russell.

Mariátegui opina que Croce es un liberal. Cómo Mariátegui puede ser seguidor de Croce quien reconoce en éste a un liberal, si el liberalismo ya no tiene cabida, y cuando la profundización del liberalismo se llama socialismo (Signos y obras, pp. 132-136). Lo que pasa es que Croce fue un viejo liberal, que defendió, en teoría, las viejas concepciones burguesas.

De otro lado, Bertrand Russell (1862 – 1872), Estuvo preso por oponerse a la bomba atómica y por protestar contra el Estado Inglés. A los 90 años de edad seguía manteniendo sus viejas concepciones liberales. Mariátegui lo juzgó acertadamente: Bertrand Russell es un enemigo del comunismo. En B. Russell –dice- no hay fundamento para la dialéctica materialista, menos puede haber para hablar de leyes históricas. A pesar de todo B Russell se opuso a la Primera Guerra Mundial, a la Segunda Guerra Mundial y condenó la bomba atómica. A finales de su vida escribió una carta a Chou En Lai planteándole que la lucha actual contra el imperialismo exigía luchar contra el revisionismo.

Mariátegui caló hondo la concepción ideológica y definió a las personas en función de ella.

1.4.5.-El socialismo.

Mariátegui afirmó la gran repercusión del socialismo en el ámbito ideológico del siglo XX. Planteó que la II Internacional acomodó al socialismo a un cretinismo parlamentario dedicado sólo a las elecciones, hecho que causó un inmenso daño. Planteó que George Sorel, otra figura destacada, se opuso a este socialismo poltrón planteando la reivindicación de la línea revolucionaria del marxismo, se opuso a la II Internacional. Esta acción después ha sido juzgada porque la revolución rusa ha probado que es el bolchevismo el que representa al marxismo, ha probado que el socialismo ha tenido una lucha contra el derechismo y que ha habido posiciones equivocadas de sindicalismo revolucionario –cuyo representante fue G. Sorel- y ha cuajado realmente como bolchevismo, por eso dijo que “la praxis del socialismo marxista en este período es la del marxismo-leninismo” (Ideología y política, p. 160). El socialismo contemporáneo, el socialismo de la época del imperialismo -dice- es el marxismo-leninismo, es el camino seguido por el socialismo, es el gran avance ideológico que hizo la clase obrera en la época del imperialismo, la conmoción ideológica del imperialismo; es, pues, la lucha contra el racionalismo del revolucionarismo sindicalista, el desarrollo del marxismo-leninismo, único valedero, única guía para la acción de la clase obrera, por eso –dice Mariátegui- el mismo Sorel tuvo que reconocer y saludar a Lenin y a la revolución rusa (Historia de la crisis mundial, p. 169).

Con lo expuesto hasta aquí se tienen las ideas generales de Mariátegui sobre las condiciones históricas de su tiempo. ¿Cuáles fueron las condiciones históricas en las que se gestó su pensamiento? “Los acontecimientos dominantes del último cuarto de siglo han rebasado todos los límites. Su escenario ha estado en los cinco continentes” (Historia de la crisis mundial, p. 176). La situación política internacional de los primeros 30 años del siglo XX estuvo dominada por el imperialismo y la revolución que conmocionó todo el mundo, no hubo lugar de la tierra que se haya salvado, por eso es que Mariátegui registra lo que pasa en el mundo. El mundo –dice Mariátegui- se ha desarrollado tanto que está unido y todo hecho repercute en los cinco continentes. La clase obrera –dice Mariátegui- es una y el problema internacional es insuperable, no se le puede dejar de lado. Un país necesariamente tiene que ser concebido dentro del contexto internacional. Nacionalismo e internacionalismo están íntimamente unidos (si los queremos separar es como separar las dos caras de una moneda). En estas condiciones se forjó Mariátegui; en medio de la lucha de clases, él comprendió lo que era el mundo y forjó y desarrolló su concepción.

 

NOTAS

(1) Lenin, “El imperialismo fase superior del capitalismo”, en Obras Completas, tomo 27, Ed. Progreso, Moscú, 1985 pp. 442-444

(2) Engels, “Del socialismo utópico al socialismo científico”, Obras Escogidas de Marx-Engels, tomo III, Ed. Progreso, Moscú 1980, p. 150

(3) Idem. p. 67

(4) Lenin, Ob. cit., pp. 359-376

(5) Otros trabajos de Lenin sobre el imperialismo: La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación (Tesis) (OC, T 27), Cuadernos sobre el imperialismo (OC, T 28), Sobre el folleto de Junius (OC, T 30), “Sobre la caricatura del marxismo” y el “economismo imperialista” (OC, T 30), El imperialismo y la escisión del socialismo (OC, T 30), etc. (todos escritos en 1916).

(6) Lenin, “Sobre la caricatura del marxismo y el “economismo imperialista”, en Obras Completas, tomo 30, Ed. Progreso, Moscú, 1985, p. 98

(7) Lenin, “El imperialismo y la división del socialismo”, en Obras Completas, tomo 30, Ed. Progreso, Moscú, 1985, p. 170

(8) Engels, Ob. cit. pp. 151-152

(9) Lenin, “El imperialismo…” , en Obras Completas, tomo 27

(10) Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra (Prefacio de la edición de 1892), en Marx-Engels, Obras Escogidas, tomo II, Ed. Progreso, Moscú, pp. 404-419; y Lenin, Tesis sobre las tareas fundamentales del Segundo Congreso de la Internacional Comunista (4 de junio de 1920) y II Congreso de la Internacional Comunista: Informe sobre la situación internacional y las tareas fundamentales de la Internacional Comunista (19 de julio de 1920), Obras Completas. Engels: Carta a Marx del 7 de octubre de 1858 doce “…”. Carta a Kautsky del 12 de setiembre de 1882 don “…”. Lenin: El imperialismo fase… pp. 9-10 y 137-139.

(11) Lenin, “La situación y las tareas de la Internacional Socialista” en Obras completas, tomo 26, pp. 36-42

(12) Lenin, “La caída de Port-Arthur”, en Obras Completas, tomo 9, pp. 152-161.

(13) Lenin, “El socialismo y la guerra”, en Obras Completas, tomo 26 (julio/agosto de 1915), pp. 325-373

(14)Historia del Partido Comunista /Bolchevique/ de la URSS. Ed. en Lenguas extranjeras, Moscú 1939, pp. 197-198. Lenin, “Sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa”, Obras Completas (agosto de 1915). Lenin, “El programa de guerra de la revolución proletaria” (otoño de 1916).

(15) Marx-Engels, “Manifiesto del Partido Comunista”, en Obras Escogidas, tomo I, p. 14 (Prefacio a la Edición Rusa de 1882).

(16) Engels, “Introducción a las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850” en Obras Escogidas de Marx-Engels, p.113 dice: “Como Marx predijo la guerra de 1870-1871 y la derrota de la Comuna desplazaron por el momento de Francia a Alemania el centro de gravedad del movimiento obrero europeo”.

(17) Lenin, en Obras Completas, tomo 9 pp. 24-26, 393-394, 415 y 430.

(18) Lenin, “Dos tácticas de la Social Democracia en la Revolución Demócrata, en Obras Completas, tomo 11, Ed. Progreso, Moscú, 1982 p. 95.

(19) Ver fundamentalmente los trabajos de Lenin: “¿Qué Hacer?” publicado en 1902 y “Un paso adelante y dos atrás”, publicado en 1904.

(20) Mao Tse Tung, “Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria de china” (1936) en Obras Escogidas de Mao Tse Tung. Ediciones en Lenguas Extranjeras. Pekín tomo I pp. 193-274.

(21) Cartas de Engels 1890-1894

(22) Stalin, “Las perspectivas de la revolución en China”, citado por Mao Tse Tung en Obras Escogidas tomo II p. 227 y en otros trabajos.

(xx) Bergson, Henri (1859-1941), Materia y memoria, La evolución creadora, el pensamiento y el movimiento.



JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI: SU PENSAMIENTO POLÍTICO (2)

Por J.C. Rodríguez

 

2.- El desarrollo y lucha de clases en la sociedad peruana.

Para la comprensión de la sociedad peruana en la década del 20 del siglo XX hay que considerar tres puntos: el proceso económico, la lucha de clases y la lucha ideológica.

2.1.- El proceso económico.

Para comprender la condición económica del Perú en la década del 20 del siglo XX hay que analizar como se desarrolló el capitalismo y por qué la década del 20 implica el impulso del capitalismo burocrático como forma particular de desarrollo del capitalismo en los países atrasados. En el estudio del desarrollo capitalista hay que tener en cuenta las tesis de Mao Tse Tung sobre el capitalismo burocrático. Así tendremos los elementos básicos para comprender el proceso económico del Perú en la década del 20 y en la época actual.

2.1.1.-Ideas sobre el desarrollo del capitalismo.

Cuando Francia e Inglaterra generaban sistemas capitalistas en el seno del feudalismo, tenían una particularidad fundamental: no estaban sujetas a dominio extranjero alguno. Francia, por ejemplo, era un país que se desarrollaba independientemente en el siglo XVIII. Generaba paulatinamente un proceso de industrialización mientras se aceleraba la descomposición de su mundo feudal. Se desarrollaba un movimiento ideológico que minaba y cuestionaba el sistema ideológico feudal y se formaba una opinión pública favorable al proceso revolucionario burgués. A fines del siglo XVIII, tenía más o menos 25 millones de habitantes, de los cuales de 20 a 22 millones eran campesinos y 600,000 trabajadores (incluidos los obreros). La clase obrera no se había desarrollado aún; estaba lejos todavía de poder generar un partido propio, y algo más: no había generado una concepción científica propia. Por otro lado, Francia, era un país que disputaba desde hacía tiempo la hegemonía mundial con Inglaterra.

En esas condiciones es que se desarrolló la forma clásica del capitalismo: un proceso de desarrollo industrial propio, desarrollo pujante de la propia burguesía y restricción de la feudalidad, sin sujeción a potencias extranjeras, con una clase obrera reducida que no representaba peligro alguno y un proceso ideológico en expansión.

Tanto Inglaterra como EEUU generaron poderosos sistema capitalistas propios que devinieron, en un período corto de tiempo, en sistemas imperialistas. En el siglo XVIII, esos sistemas capitalistas generaron revoluciones burguesas contra la feudalidad, comandadas por la burguesía con el apoyo del proletariado. El proletariado, en esa época, no tenía otros enemigos que no fueran los enemigos de la burguesía; en aquel entonces, la clase obrera no consideraba a la burguesía como su enemiga.

Pero, algunos países de Asia, África, Medio Oriente y América Latina desarrollaron tardíamente sus procesos capitalistas. Si bien emancipados, llegaron con atraso al desarrollo capitalista mundial, el proceso capitalista en estos países, recién se produjo como en el caso del Perú, a mediados del siglo XIX, en momentos en que el capitalismo en Europa comenzó a transformarse en imperialismo, particularmente en Inglaterra. Cuando se transformaba el sistema capitalista premonopolista en sistema capitalista monopolista, en algunos países como el Perú, comenzaba a generarse el capitalismo tardío en circunstancias muy diferentes. Por eso, en el desarrollo del capitalismo hay que estudiar esa forma típica clásica y analizar las condiciones particulares del proceso capitalista en los países atrasados.

Una tercera situación importante era la de algunos países también rezagados en el desarrollo capitalista de como Alemania y Japón, países con fuerte peso feudal, que recién en la segunda parte del siglo XIX impulsan -desarrollan- un sistema capitalista.

Por los años 60 del siglo XIX estos países comenzaban a desmoronar su mundo feudal en ciertas condiciones:

1.- La situación internacional mantenía ocupada a las grandes potencias y, en esas circunstancias, no intervinieron en Alemania ni en Japón; y

2.- La clase obrera se desarrollaba particularmente en Alemania, donde todavía no había sido cumplida la revolución burguesa, y se presentaba como rival de la burguesía. En esas particulares condiciones.

Alemania y Japón siguieron modalidades políticas diferentes para desarrollar su propio sistema capitalista. En Alemania el capitalismo se desarrolló mediante la alianza de la burguesía con los terratenientes, con modalidades particulares durante el régimen de Bismarck. No era potencia pero dominaba. Tenía una clase obrera que cuestionaba (o ponía en riesgo por lo menos) el poder burgués. Por esas circunstancias, el sistema político varió hacia la unión de la burguesía con la feudalidad. Precisamente Bismarck fue el ejemplo de este sistema.

Así, pues, el sistema burgués que desarrolló Inglaterra en el siglo XVIII no fue el mismo que aquel que desarrolló Alemania en el siglo XIX. La razón fue la presencia de la clase obrera. Hubo condiciones políticas diferentes: La clase obrera ya era poseedora de una ideología propia y la vieja revolución burguesa era cuestionada.

Tenemos dicho que el Perú llegó tardíamente, como otros países de África y de Asia, al desarrollo capitalista. Pero en éstos, además se dieron otras particularidades:

1.- Eran países atrasados, dominados por una gran potencia, llámese Inglaterra, Francia o EEUU, según el momento histórico:

2.- El proceso de desarrollo capitalista se dio cuando la burguesía ya no era una fuerza revolucionaria; y

3.- A nivel mundial ya había surgido el proletariado, con una concepción nueva, planteando una forma diferente de revolución burguesa (el mismo proceso ruso de comienzos del siglo XX señala la presencia de la clase obrera modificando el carácter de la revolución democrático burguesa no en tanto al contenido sino en cuanto a la conducción revolucionaria). El proletariado aparece dirigiendo los procesos democráticos porque entonces la burguesía ya se había reaccionarizado.

El ingreso de un poderoso país capitalista o de uno imperialista, en un país atrasado, acelera en éste el desmoronamiento del orden feudal. Quiere decir, que impulsa modalidades capitalistas. Pero cuando se desarrolla el imperialismo las cosas son más claras: lleva hacia los países atrasados formas monopolistas, impulsa empresas monopolistas, y no la libre concurrencia; concepciones políticas reaccionarias que frenan los procesos de avance; modalidades económicas restrictivas que hacen evolucionar la feudalidad en lugar de liquidarla, y un sistema que ya no corresponde al proceso histórico, que es agonizante y que al imponerse hace madurar las condiciones de transformación revolucionaria.

El hecho de que los países atrasados estén bajo dominio imperialista implica la modificación en su normal proceso de desarrollo capitalista, les impone un sistema pro imperialista. Superpone un sistema extraño que desanima el proceso de hundimiento feudal en la forma clásica. Eso implica que el imperialismo, al llegar a un país atrasado, genera una burguesía que le es afín, una burguesía intermediaria, mercantil o burocrática, según los momentos históricos, ligada y sometida a la metrópoli.

Las burguesías inglesa y francesa del siglo XVIII no estuvieron ligadas a ninguna metrópoli exterior. En cambio, cuando se genera la burguesía en los países atrasados, ésta se liga, desde el comienzo, a los centros de poder internacional. El sistema imperialista usa las formas que encuentra a la mano para su propio beneficio. Encuentra un ingente material humano que utilizar y, a veces, adopta las mismas formas de explotación que encuentra en el país. Esta forma de actuar, le lleva a una especie de alianza, de confluencia de intereses, con los terratenientes. Busca desarrollar modalidades económicas que le beneficien. Busca desarrollar mercados y, fundamentalmente, materias primas. Busca modalidades industriales que estén íntimamente ligadas al proceso imperialista metropolitano, lo que genera un sistema comprador y vendedor de mercancías ligado al imperialismo.

Por otro lado, el imperialismo tiene una tendencia notoria que Lenin destacó muy bien (23), pero que hay que usarla con mucho cuidado: el imperialismo tiende a desarrollar cada vez más la participación estatal directa en el proceso económico. Cabe anotar que el Estado participa siempre en la producción, pero en determinados momentos lo hace directamente. En la época del imperialismo, el papel que cumple el Estado es más notorio, es más saltante. Esta es la tendencia del Estado. Pero, esto no quiere decir que solamente exista el monopolio estatal, existen también los particulares, sino que el Estado comienza a tener mayor ingerencia en el proceso, porque es utilizado como palanca económica.

Este fenómeno no se dio en el proceso francés del siglo XVIII, sin embargo, tuvo una esencia semejante: El sistema de explotación de los obreros, pero con modalidades particulares y variaciones como la ligazón con una burguesía intermediaria y con terratenientes, un desarrollo industrial constreñido y dependiente, con particularidades propias en cada uno de los países atrasados, todo por la existencia del imperialismo dominador del país que tardíamente llega al sistema capitalista. Por eso, tener presente que existe una profunda diferencia entre la mitad del siglo XVIII europeo y el siglo XX (desde la segunda mitad del siglo XIX) en América, para comprender el proceso económico que se da en los países atrasados.

Ha correspondido a Mao Tse Tung analizar el proceso económico en un país atrasado como China, planteando que en él se desarrolla un capitalismo burocrático. (24)

Para entender el capitalismo burocrático, hay que estudiar y analizar todos los artículos de Mao sobre el tema y, no solamente uno, o la primera parte de un artículo. Evidentemente, existe un problema: El capitalismo burocrático es un tema nuevo que no ha sido sistematizado por ninguno de los clásicos.

Mao, en 1947, plantea:

“…confiscar el capital monopolista, cuyas cabecillas con Chiang Kai-shek, T.V. Soog, H.H. Kung y Chen Li Fu, y entregarlo al Estado de nueva democracia;… Durante los veinte años de su dominación, las cuatro grandes familias -Chiang, Soong, Kung y Chen-, han amasado enormes fortunas que alcanzan de diez a veinte mil millones de dólares norteamericanos, y han monopolizado las arterias vitales de la economía del país. Este capital monopolista, combinado con el poder del Estado, se ha convertido en el capitalismo monopolista de Estado. Este capitalismo monopolista, estrechamente vinculado al imperialista extranjero y a la clase terrateniente y los campesinos ricos de viejo tipo del país, se ha convertido en el capitalismo monopolista estatal, comprador y feudal… Este capital se llama corrientemente capital burocrático; y esta clase capitalista, conocida con el nombre de clase capitalista burocrática, es la gran burguesía China.” (25).

De este párrafo podemos extraer las siguientes consideraciones:

1.- En un país atrasado como China surge, como en un país imperialista, el capital monopolista, con grandes concentraciones de capitales, en este caso, en manos de cuatro familias que controlaban la economía. Fenómeno que no se dio en Inglaterra en el siglo XVIII.
2.- A partir de 1927 las cuatro familias se apoderan de la economía china y, a la sombra del Estado, crecen y desarrollan; realizando grandes negocios y devienen en cuatro grandes monopolios con veinte años de desarrollo.
3.- El capital particular se une con el estatal y genera un capitalismo monopolista de Estado.
4.- El monopolio en un país atrasado es un sistema capitalista de altas modalidades, que está ligado al imperialismo, a la clase terrateniente y a los campesinos ricos de viejo tipo; no es independiente, no es propio, y se convierte en capitalismo monopolista estatal, comprador y feudal.
5.- El Estado como palanca económica, no desarrolla industrias, se dedica a comprar y vender.
6.- El sustento mismo del capitalismo burocrático, el basamento, es el sistema feudal sobreviviente.

Tomando en cuenta estos aspecto queda claramente planteado que el capitalismo burocrático no es igual al capitalismo de Estado. ¿Tiene o no importancia que el capitalismo burocrático se lo conciba igual que al capitalismo estatal? Sí, tiene gran importancia. En el caso de que fuesen iguales, la revolución sólo confiscaría las empresas estatales y respetaría las empresas particulares y, así, las “cuatro familias” seguirían invernando. Al respecto Mao afirma:

“La revolución de nueva democracia tiene por objetivo liquidar solamente el feudalismo y el capitalismo monopolista” (26), quiere decir todo el sistema de la gran propiedad monopolista, sea estatal o particular. En seis de sus escritos (27) habla de confiscar el capitalismo monopolista de Estado, la propiedad estatal y, a su vez, las propiedades de los grandes capitalistas burocráticos. Esto corrobora que si uno se refiere sólo al capitalismo estatal y, no a los capitalistas burocráticos, entonces no se cumpliría la meta de la revolución.

Por otro lado, Mao dice que el capitalismo burocrático “ha preparado suficientes condiciones materiales para la revolución de nueva democracia” (28). Es decir, el capitalismo burocrático madura las condiciones para el proceso revolucionario.

Para comprender el capitalismo burocrático hay que ligarlo al imperialismo. El capitalismo burocrático es impulsado por el imperialismo; es la forma especial de capitalismo que impone un país imperialista en un país atrasado, sea semifeudal, semicolonial o colonial.

Algunos, influenciados por el libro de Cheprakov ¿.?(29) y tomando sólo la primera parte del punto VI de “Situación actual y nuestras tareas” de Mao (29), tienden a confundir capitalismo burocrático con capitalismo estatal.

El problema está en ver el carácter de la sociedad atrasada del siglo XX don dos caracteres fundamentales:

1.- El imperialismo que domina, y

2.- La clase obrera que cuestiona la economía burguesa.

Esto sirve para analizar y comprender como las sociedades, en los países atrasados, generan sistemas capitalistas sin liquidar su basamento feudal.

2.1.2.- Condición económica del Perú en la década del 20 del siglo XX. Desarrollo del capitalismo en el Perú. Capitalismo burocrático pro norteamericano.

Hemos señalado los puntos claves sobre la teoría. ¿cómo se dio el proceso peruano? A mediados del siglo XIX comienza a darse el proceso capitalista en el Perú. La explotación del Guano, evidentemente, indica el fortalecimiento de una burguesía que va a desarrollarse. Pero habría que preguntarse ¿Qué caracteres tiene la burguesía que comienza a desarrollarse en el Perú y qué implica el capitalismo?:

1.- Como todas las burguesías, la del Perú está ligada al sistema feudal; también en el Perú la burguesía salió de las entrañas de la feudalidad.

2.- Estaba ligada al apartado estatal; muy pronto la burguesía se movilizó hacia la toma del poder; y

3.- Cae rápidamente en la maraña del dominio inglés, bajo el control de Inglaterra.

En el Perú se va a iniciar su proceso capitalista, en un momento en que, a nivel mundial, Inglaterra comienza el tránsito del capitalismo al sistema monopolista. Inglaterra tenía la hegemonía en América, particularmente en el Perú. El usufructo de las riquezas naturales fue el fundamento que impulsó la economía burguesa y el aparato estatal peruanos. De ahí que la quiebra generada por la Guerra con Chile hundió al sistema capitalista nacional. El proceso de reconstrucción de la economía peruana está íntimamente ligado a la afectación del dominio inglés. Por eso, con la reconstrucción de la economía peruana se reinicia el sistema colonial del Perú; se reinicia su camino colonial. Al respecto Mariátegui afirma:

“La economía peruana, mediante el reconocimiento práctico de su condición de economía colonial, consiguió alguna ayuda para su convalecencia” (7 ensayos…, p. 25).

Posteriormente, la dominación inglesa comienza a ser cuestionada. Los capitales norteamericanos comienzan a penetrar en América Latina. Recuérdese la presencia norteamericana en la Guerra con Chile; detrás de ella, mientras Francia e Inglaterra, se disputaban las salitreras y las riquezas naturales de Chile y Perú, un nuevo país poderoso, EEUU, se presentó como mediador y, a partir de entonces, metió sus manos en nuestro país. El desarrollo de la penetración ferrocarrilera, la explotación de las minas y la extracción del petróleo van a indicar la paulatina penetración norteamericana y la sustitución del control inglés por el norteamericano.

A partir de 1895 comienza en nuestro país un proceso de expansión económica, de desarrollo fabril; se desarrolla la industria moderna. Se expande la economía peruana de tal manera que, en los años 20 del siglo XX, entramos a un momento clave en la historia nacional, al del impulso del capitalismo burocrático bajo la dominio de los EEUU.

En sentido económico, la historia del siglo XX en el Perú tiene tres momentos de impulso, desarrollo y profundización del capitalismo burocrático. La década del 20 corresponde al momento del impulso del capitalismo burocrático; la época en que le tocó vivir a Mariátegui. Estos son los momentos claves de la historia peruana y sólo a partir de esto podremos comprender lo que pasa en el Perú. En él encontraremos:

1.- Dominio norteamericano que sustituya al dominio inglés;

2.- Impulso de la explotación de los recursos naturales; y

3.- Desarrollo de una burguesía ligada a los EEUU.

Todo este proceso se inició con la penetración en el agro -otra nota característica de los países atrasados- a raíz de la expansión azucarera, que fue una de las primeras industrias del Perú.

La década del 50 del siglo XIX implica el nacimiento de la burguesía. La década del 20 del siglo XX implica la introducción o la entronización de la burguesía compradora, que se convierte en el eje del proceso económico internacional. (La década del 60 es el contexto en el cual esa misma burguesía compradora, que antes fue burguesía inicial, se está transformando en burguesía burocrática.

Tenemos entonces una burguesía inicial, una burguesía compradora y una burguesía burocrática. Sin embargo, de tener denominaciones diferentas, se trata de la misma burguesía que, en distintos momentos, da un gran salto y se renueva. Este fenómeno se produce a lo largo de la historia nacional en la que la burguesía peruana ha sufrido renovaciones.

Se ha planteado lo fundamental sobre el capitalismo burocrático, de cómo se da este sistema y de cuál es el derrotero de la burguesía en el Perú. Ahora veremos cómo se refleja este proceso en el pensamiento de Mariátegui.

En sus “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana”, bajo el título de “Carácter de nuestra economía actual”, señala esquemáticamente tales caracteres (pp. 25-28):

“1º- La aparición de la industria moderna”. O sea la presencia del capitalismo, que implica el desarrollo de la industria moderna y la formación de un proletariado industrial. Donde hay industrialización hay proletariado.

“2º- La función del capital financiero. El surgimiento de los bancos nacionales que financian diversas empresas industriales y comerciales, pero que se mueven dentro de un ámbito estrecho, enfeudados a los intereses del capitalismo extranjero de la gran propiedad agraria…”. A partir de los años 60 del siglo XIX, comienzan a formarse en el Perú los bancos y, en la parte final del siglo, acrecientan su poder y financian la industria y el comercio, pero siempre ligados a los países imperialistas y a los terratenientes. Mariátegui plantea lo mismo que Mao: es una burguesía con poder financiero, con poder monetario, pero no una burguesía industrial. Nos dice que la burguesía en el Perú no es de capital y de industria, sino que es parasitaria, que no le importa industrializar, que su afán es sólo invertir para obtener una mayor ganancia, para vivir del “recorte del cupón”, y que está ligada al imperialismo y a los terratenientes; esa decir, “enfeudados a los intereses del capital extranjero y de la gran propiedad agraria”.

“4º- La gradual superación del poder británico por el poder norteamericano”. La característica es que pasamos de unas manos a otras.

“5º- El desenvolvimiento de una clase capitalista, dentro de la cual cesa de prevalecer como antes la antigua aristocracia… Se constata el robustecimiento de la burguesía”. Esto implica el robustecimiento de la economía actual –entendiendo por actual el período que va desde fines del siglo XIX hasta 1928, año en que Mariátegui escribe los “7 ensayos…”. En ese período, la burguesía robustecida, desplaza a la aristocracia y se convierte en el eje de la economía.

“7º- Las sobreutilidades del período europeo… Se opera un reforzamiento de la hegemonía de la costa en la economía peruana”. Mientras la economía costeña se fortalece, la serrana se rezaga más. Esta es una característica particular de nuestro país.

“8º- La política de los empréstitos… También en esta función, Norteamérica ha reemplazado a la Gran Bretaña”.

Mariátegui plantea, pues, los caracteres del proceso económico peruano: La penetración del imperialismo, el fortalecimiento de una burguesía que sustituya a la aristocracia, el desarrollo de la clase obrera en el proceso de industrialización y el mantenimiento de condiciones feudales. Sobre esta base se impulsa el proceso capitalista en el Perú.

Mariátegui agrega:

“Apuntaré una constatación final: la de que en el Perú actual coexisten elementos de tres economías diferentes. Bajo el régimen de economía feudal nacido de la Conquista subsisten en la sierra algunos residuos vivos todavía de la economía comunista indígena. En la costa, sobre un suelo feudal, crece una economía burguesa que, por lo menos en su desarrollo mental, da la impresión de una economía retardada”.

Mariátegui plantea, pues, caracteres similares a los de Mao acerca del capitalismo burocrático: Existe una burguesía intermediaria, financiera particularmente, ligada al imperialismo y a los terratenientes, sobre una base feudal, es decir, una burguesía compradora (que vende y compra) y feudal.

Señala, además, que:

“La clase terrateniente no ha logrado transformarse en una burguesía capitalista, patrona de la economía nacional. La minería, el comercio, los transportes, se encuentran en manos del capital extranjero. Los latifundistas sean contentado con servir de intermediarios a éste, en la producción de algodón y azúcar” (7 ensayos… pp. 29-30). Es decir que la clase terrateniente se mantiene en el Perú.

Así refleja Mariátegui el proceso nacional. Sin embargo, en respuesta al Cuestionario Nº 4 del “Seminario de Cultura Peruana”, publicado en 1929 (Ideología y política, tomo 13, pp.263-274), que es un modelo de aplicación creadora del método marxista, quedan demostrados la supervivencia de la feudalidad, el desarrollo del capitalismo en relación a la penetración imperialista y el surgimiento del capitalismo burocrático en el Perú.

Mariátegui plantea en ese trabajo el carácter de la sociedad peruana, la supervivencia de la estructura semifeudal, con sus caracteres en la costa y en la sierra y el desarrollo formal de un capitalismo; demuestra que no se contrapone, como algunos creen, el capitalismo y el feudalismo, olvidando que de la entraña misma de la feudalidad surge el capitalismo. Analiza el Perú en relación al dominio extranjero, la semifeudalidad y, dentro de ella, aborda el problema de la industria y de la burguesía (mercantil la llama él), para, finalmente, plantear el problema del proletariado, afirmando que aún puede desarrollarse en condiciones de negación de las libertades democráticas elementales.

Sobre la semifeudalidad. Mariátegui dice lo siguiente:

“La supervivencia de la feudalidad no debe ser buscada, ciertamente, en la subsistencia de instituciones y forma políticas o jurídicas del orden feudal” (pp. 263-264).

¿Cómo se da la feudalidad en el Perú? ¿Hay caballeros feudales, castillos, damas? Mariátegui percibe este problema: No hay que buscar la feudalidad en las instituciones, pues en el Perú, existe un sistema formal de liberalismo desde 1821, desde que nos emancipamos. Y agregó “La feudalidad o semifeudalidad supervive en la estructura de nuestra economía agraria”. Entonces es ahí donde hay que buscarla. No en los castillos feudales, que nunca se hicieron en América Latina. Además el castillo no es consustancial a la feudalidad, porque también en otros lugares del mundo hubo feudalidad sin castillos. Dice “Y, por ser el Perú un país principalmente agrícola, las condiciones de su economía agraria, en las que aún es visible la herencia colonial, se reflejan de modo decisivo en su práctica e instituciones políticas”. Sin embargo, las instituciones políticas en el Perú, formalmente avanzadas, están teñidas y marcadas con la base agrícola que tiene el país. “En la Sierra, tenemos la prueba concluyente de su típica expresión económica: la servidumbre”. La servidumbre y no el latifundio es lo típico. El trabajo servil viene a ser la esencia de la feudalidad. Luego dice:

“El valor de la hacienda de la sierra no depende de nada tanto como se su población, de sus fuerzas de trabajo propias. El latifundista dispone de las masas campesinas porque dispone de la tierra”. Prosigue diciendo “Ninguna ley autoriza, ciertamente, la servidumbre. Pero la servidumbre está ahí evidente, viva, casi intacta. Se ha abolido muchas veces los servicios gratuitos; pero los servicio gratuitos subsisten, porque no se ha abolido, económicamente, la feudalidad” (p.264). Entonces, la característica de la feudalidad es la servidumbre. La servidumbre quedó legalmente abolida desde la época de San Martín, sin embargo, sigue siendo un problema de subsistencia de orden feudal.

Mariátegui dice:

“En las haciendas de la costa, rige el salariado. Por la técnica de producción y por el régimen de trabajo, nuestras haciendas de azúcar y algodón son empresas capitalistas. Pero el hacendado no se siente menos absoluto en su dominio. Dentro de su predio cobra arbitrios, controla y regula el comercio, gobierna la vida colectiva. La población del latifundio carece de derechos civiles. No compone socialmente un pueblo, una comunidad, sino la peonada de una hacienda”. O sea que, sin barrer la base feudal de la costa peruana, se introducen técnicas y modalidades capitalistas.

Mariátegui, sobre las ciudades de la costa dice:

“La supervivencia de la feudalidad en la Costa, se traduce en la languidez y pobreza de su vida urbana. El número de burgos y ciudades de la Costa, es insignificante. Y la aldea propiamente dicha, no existe casi sino en los pocos retazos de tierra donde la campiña enciende todavía la alegría de sus parcelas en medio del agro feudalizado”. (7 ensayos…, pp. 30). Nos ilustra, pues, sobre el problema de las ciudades y nos hace recordar que los pueblos de la costa peruana no crecen, porque están ahogados por la hacienda, por la feudalidad. Esta es una expresión clara del carácter semifeudal que subyace igualmente en la costa peruana.

Luego nos plantea:

“Un formal capitalismo está ya establecido. Aunque no se ha logrado aún la liquidación de la feudalidad y nuestra incipiente y mediocre burguesía se muestra incapaz de realizarla, el Perú está en un período de crecimiento capitalista” (p. 266). Hay quienes dicen que cuando se habla de semifeudalidad se está negando que haya capitalismo. El capitalismo puede desarrollarse manteniéndose durante largo tiempo la base feudal. El desarrollo del siglo XX ha demostrado que el proceso de destrucción del sistema feudal en el agro tiene dos caminos. Uno de ellos es el largo camino terrateniente o camino burocrático que hace evolucionar lentamente la modalidad feudal y, que mantiene por decenas de años sus caracteres predominantes. Esto también planteaba Lenin en el Prefacio a la segunda edición de “El desarrollo del Capitalismo en Rusia” (30).

Sobre la semicolonialidad. El Perú y el dominio extranjero.

“El Perú era, al emanciparse políticamente de España, un país de economía agraria feudal… Inglaterra, sin embargo había tomado ya en el Perú sus primeras posiciones comerciales y financieras” (Ibem., p. 266), para, luego, controlar el país. Desde el inicio de la emancipación, Inglaterra estuvo detrás de América Latina. Recuérdese que el Primer Ministro Inglés dijo estar plenamente de acuerdo con la emancipación de ésta.

“La explotación del Guano y del Salitre enriquecía, en tanto, a un número de especuladores y contratistas, salidos en parte de la antigua casta colonial. Esta se transformaba, por la agregación de no pocos ricos, en burguesía capitalista”. Esa casta feudal tenía el control, estaba evolucionando, a través del guano, hacía una burguesía capitalista. “Con la guerra, la economía del Perú cayó en profunda postración… La deuda extranjera se encontraba en su mayor parte en el poder de los tenedores ingleses” (Idem., p. 267). Los ingleses subyugaron al país nuevamente después de la guerra con Chile. En ese período comenzó a adquirir importancia la producción del azúcar. Mariátegui dice que de manos españolas pasamos a manos inglesas, y de ahí a manos norteamericanas. “La Peruvian Corporation, en cumplimiento de su contrato, concluyó las líneas (se refiere a los ferrocarriles –nota mía) del Centro primero y del Sur después, favoreciendo la primera explotación de las minas del Departamento de Junín. La minería cobró de nuevo importancia. Se estableció en el Cerro de Pasco y Morococha (los dos principales centros mineros del Departamento de Junín) una compañía americana, la Cerro de Pasco Cooper Corporation” (Idem., p.267). “Con el establecimiento de esta compañía y el de la compañía petrolera, dependiente de la Standard, propietaria de los yacimientos de Negritos en el Norte, se inicia la penetración en gran escala del capitalismo yanqui” (pp. 267-268). Es así que a través de la minería y el petróleo comienza el dominio norteamericano en el Perú.

Luego afirma:

“La guerra europea hizo pasar al capitalismo peruano…, a la capitalización y las sobre-utilidades. Pero la burguesía nacional (aquí quiere decir burguesía nativa. En determinados momentos, burguesía nacional para Mariátegui es sinónimo de burguesía nativa, pero en otros casos quiere decir burguesía media. Es necesario diferenciarlas, o de otra forma, se confunde la Gran Burguesía con la Burguesía Nacional –nota mía)…, desperdició esta oportunidad de emplear inesperados recursos en asegurarse, frente a los prestamistas y habilitadores extranjeros,…” (Idem., pp. 268-269).

Luego, plantea la expropiación de la burguesía por empresas imperialistas. “Muchas haciendas de la costa han pasado a ser propiedad de las firmas exportadoras: Grace, Ducan Fox, etc.; no pocos latifundistas han quedado reducidos a la condición de administradores o fiduciarios de éstas” (Idem., p. 269). Los latifundistas devienen, así en socios menores del imperialismo. Esta es la mejor prueba de su unión. “En el valle de Chicama se ha producido un proceso de absorción de las negociaciones nacionales agrícolas -y aún del comercio de la ciudad de Trujillo- por la poderosa empresa azucarera alemana, propietaria de las tierras y central de ‘Casa Grande’… La explotación de las minas de cobre y plata y otros minerales y de los yacimientos petrolíferos ha crecido enormemente” (Idem., pp.269-270. Y a través de ellos, el Perú pasa a ser una semicolonia norteamericana. Luego agrega “Pero las utilidades del cobre y petróleo enriquecen a compañías extranjeras, no dejándose en el país sino la parte correspondiente a los impuestos fiscales” (Idem., p. 270). Es decir, demuestra el saqueo sistemático del país.

Sobre la industria.

¿El imperialismo desarrolla la industria? Mariátegui dice que:

“La industria es todavía muy pequeña en el Perú. Sus posibilidades de desarrollo están limitadas por la situación, estructura y carácter de la economía nacional; pero las limita más aún la dependencia de la vida económica a los intereses del capitalismo extranjero. Las firmas importadoras son, en muchos casos, los propietarios o accionistas de las fábricas nacionales. Lógicamente, no les interesa sino la existencia de aquella industria que razones de arancel, materias primas o mano de obra aconsejan; tienden, en general a conservar el Perú como mercado consumidor de la manufactura extranjera y productor de materias brutas” (Idem., p. 270). Evidentemente el fondo económico comprime la industrialización. No puede haber industria independiente ni desarrollada mientras haya poder imperialista. En esas condiciones y con esas características, desde 1895 hasta la década del 20 del siglo XX, se desarrolló la industria moderna en el Perú. Así pues, en una sociedad semifeudal cuya economía está sometida al imperialismo norteamericano, se da un proceso de industrialización con las característica señaladas por Mariátegui.

Sobre la burguesía.

Plantea que surge una burguesía compradora en el país. A última hora, todo lo que hemos dicho se va a reducir a esto, que es lo esencial: La clase burguesa se convierte en eje del proceso económico. Es de conocimiento público que en la década del 20 se invirtieron sumas fabulosas para celebrar el Centenario de la Independencia, para lo cual se programaron grandes empréstitos que llevaban a un endeudamiento del país. Mariátegui al referirse a esto va a decir: “Los contratos de obras públicas, enriquecen a una numerosa categoría de especuladores, que compensan a la burguesía nacional de la baja de los latifundistas algodoneros y azucareros. El eje de nuestro capitalismo comienza a ser, en virtud de este proceso, la burguesía mercantil. La aristocracia latifundista sufre un visible desplazamiento” (Idem., p. 271). Esto es magistral. Aquí está la clave de todo: con el proceso que culmina en los años 20, la antigua burguesía se convierte en burguesía mercantil, compradora, que deviene en eje del proceso y desplaza a los terratenientes. El proceso económico peruano demuestra que fue el período de la década del 20 en el que se produjo el asentamiento de la burguesía compradora. (desde los años 50, estamos viviendo el proceso de desarrollo y profundización de esa burguesía compradora, bajo el amparo estatal, en burguesía burocrática).

A mediados del siglo XIX, una burguesía se inicia en el Perú. En los años 20 del siglo XX, una burguesía compradora se entroniza como eje del proceso económico peruano. Desde los años 50, es la burguesía burocrática que se desarrolla y deviene en eje del proceso económico, lo que implica desplazamientos y renovaciones. Esto es esencial en el proceso político de nuestro país.

Mariátegui afirma, por otra parte, que la industria azucarera en esa época estaba en crisis, que el país se sustentaba y que no era la impulsora de la economía peruana.

Sobre el proletariado.

Mariátegui sostiene que la clase obrera puede desarrollarse incluso bajo un sistema en el que no haya libertades democráticas conocidas. La tesis de Mariátegui señala que donde se impulsa el proceso económico se impulsa la clase obrera. Además, al referirse al proletariado con orientación clasista, dice:

“La formación de este proletariado, se produciría aún sin un capitalismo que importe, administrativa y políticamente, liberalismo. El proletariado urbano e industrial, el de los transportes, etc., no puede dejar de darse cuenta de sus deberes de solidaridad con el campesino de las haciendas…” (Idem., p. 272).

Luego ante la pregunta de si puede o no desarrollarse el socialismo o el sistema democrático en el Perú, concluye así:

“Ya he dicho en otra parte que es muy posible que el destino del socialismo en el Perú sea en parte el de realizar, según el ritmo histórico a que se acompañe, ciertas tareas teóricamente capitalistas”. El destino de la clase obrera, del marxismo, en el Perú, es cumplir con las tareas de la revolución democrática no cumplidas; llevar a término el proceso que está en marcha desde la parte final del siglo XIX. Así, concretamente, sin rodeos, plantea Mariátegui el destino del socialismo en el Perú.

Hemos visto, pues, que en la respuesta al cuestionario Mariátegui plantea el esquema central del proceso de desarrollo económico peruano.

Queda señalado también que el capitalismo burocrático implica el desarrollo del carácter semicolonial de la sociedad peruana; cuya comprensión es necesaria para interpretar la lucha de clases en el Perú del siglo XX.

 

2.2.- LA LUCHA DE CLASES

2.2.1.-Desarrollo de la lucha obrera.

Desde 1895 se desarrolló la industria moderna en el Perú rematando en la década del 20 del siglo XX, década que marca el impulso del capitalismo burocrático bajo dominio yanqui. Esta industrialización se produce en una sociedad semifeudal.

En 1929, Mariátegui dice:

“La situación general del país, con su incipiente desarrollo industrial en las ciudades, carácter feudal del latifundismo en la costa y en la sierra, ha impedido hasta el presente el desenvolvimiento clasista del proletariado” (Ideología y política, tomo 13, p.139).

En el Perú, el proletariado tiene una larga tradición de lucha y desarrollo, en las minas, fábricas, puertos, ingenios, plantaciones y otras ramas de la producción. Desde el siglo XIX, los trabajadores aparecen combatiendo. La clase obrera, a través de su lucha genera organizaciones cada vez más desarrolladas. Esto es lo que muestra su derrotero. Al comienzo, los obreros luchas contra la fábrica, contra las máquinas. Decía Marx (31) que los obreros, además se estrellan contra los productos extranjeros. Y en el Perú, se registra este fenómeno. A mediados del siglo XIX, cuando las clases explotadoras importaron ventanas y puertas, los trabajadores de Lima...

En esas condiciones, el proletariado peruano creció numéricamente y se desarrolló política e ideológicamente. El desarrollo de la minería, textilería y otras ramas de producción fabril le dieron a la clase obrera una definida y cada vez más importante ubicación, con una meta precisa. El proletariado combatió desde sus inicios por el aumento de salarios, por la reducción de la jornada de trabajo, por la protección al trabajo femenino e infantil y demás reivindicaciones(32). La clase obrera generó un movimiento que bajo la línea sindical clasista, creó sindicatos en lucha contra el anarco-sindicalismo hasta culminar en la construcción de la Confederación General de Trabajadores del Perú, bajo la conducción de Mariátegui. Pero, lo principal fue que la lucha de la clase obrera determinó la fundación de su Partido, también por obra y acción de Mariátegui, teniendo como meta la "emancipación económica de la clase obrera". Así se inicia una nueva etapa en el país, la de la revolución democrático nacional dirigida por el proletariado a través de su Partido.

Aquí presentamos una relación esquemática de las luchas del proletariado peruano, por sus reivindicaciones y el desarrollo de sus organizaciones, desde 1884 hasta 1929:

1884.- Grupos de artesanos influenciados por ideas anarquistas y concepciones mutualistas se organizan en la confederación Unión Universal. Se proponen establecer condiciones de trabajo, normas de ayuda mutua y medidas para promover la capacitación de los trabajadores por oficios.

1895.- Desarrollo de la industria moderna

1896.- Aparece el periódico anarquista El Libre Pensamiento.

1900.- Aparece el periódico anarquista La Idea Libre.

1901.- Se celebra en Lima un congreso obrero que sienta las bases de la Asamblea de Sociedades Unidas, en la que predominan las influencias anarquistas sobre los grupos socialistas.

1904.- La confederación de Artesanos Unión Universal y la Asamblea de Sociedades Unidas organizan huelgas dirigidas por anarcosindicalistas. Aparece el periódico anarquista Germinal.

1905.- La clase obrera en Lima celebra por primera vez el Primero de Mayo. La Federación de Panaderos "Estrella del Perú", se presenta como el primer gremio en el cual influyen las ideas revolucionarias. Es en una actuación de los panaderos donde González Prada pronuncia, el 1° de Mayo de 1905, su discurso sobre los Intelectuales y el Proletariado, reproducido en el No. 8 de "Labor".

1906.- Huelga de estibadores en el puerto de El Callao, es sangrientamente reprimida. La Federación de Obreros Panaderos abandona la Confederación de Artesanos para luchar por una verdadera organización obrera.

1907.- En Abril aparece el primer número de El Oprimido, periódico socialista, órgano del Centro Socialista Primero de Mayo.

1908.- Se funda el Centro de Estudios Sociales Primero de Mayo. Como resultado de la Unión del Centro Socialista Primero de Mayo y el grupo Humanidad.

1910.- En diciembre aparece la organización anarquista La Protesta. Inspirada en las campañas políticas de Manuel González Prada. La Protesta fue primer grupo anárquico de acción persistente.

1912.- Estalla en el Valle de Chicama una huelga general. La brutal represión policial provoca decenas de jornaleros muertos.

1913.- Surge la “Federación Marítima y Terrestre”, con sede en el Callao y un subcomité en Lima que después de librar diferentes luchas desaparece en 1915. Huelga de los estibadores en demanda de la jornada de ocho horas. El gobierno se vio obligado a reconocer el derecho de los obreros a la huelga. Una fábrica limeña conquistó por primera vez la jornada de las ocho horas. Aparece la central anarcosindicalista Federación Obrera Regional Peruana.

1916.- Es reprimido por la policía en Huacho un desfile obrero que demanda la jornada de ocho horas. Mueren seis manifestantes. Se crea la Unión de Trabajadores del Tejido.

1917.- Huelga de los trabajadores portuarios del Callao. Huelga de los trabajadores de los campos petrolíferos de Talara.

1918.- Con ocasión de la lucha por la jornada de las ocho horas, se creó el Comité “Pro Ocho Horas”, que llevó el movimiento hasta su culminación. Huelga de los obreros textiles de Vitarte. José Carlos Mariátegui, César Falcón, Humberto del Águila y otros jóvenes intelectuales afines, publican a mediados de 1918 una revista de combate: "Nuestra Época", de orientación hacia el socialismo que no trae un programa socialista; pero aparece como un esfuerzo ideológico y propagandístico en este sentido

1919.- Se creó el Comité “Pro Abaratamiento de las Subsistencias”, naciendo de este Comité, la “Federación Regional Peruana” (primera central sindical capitalina que agrupaba a todos los sindicatos de Lima y Callao), bajo influencia anarcosindicalista, que convocó el Primer Congreso Obrero en 1921. La tentativa del partido socialista fracasa porque a la manifestación del l° de Mayo de 1919 sigue la gran huelga general del mismo mes. (Véase "El Movimiento Obrero en 1919" por Ricardo Martínez de la Torre) en la que los dirigentes de ese grupo evitan toda acción, abandonando a las masas y, tomando, más bien, una actitud contraria a su acción revolucionaria. Huelga general de los trabajadores gráficos. A fines de ese año Mariátegui viaja a Europa.

1922.- La “Federación Regional Peruana” se transformó en “Federación Obrera Local de Lima”, que además se preocupó de los problemas de los obreros de provincias, con orientación anarco-sindical.

1923.- Surgió en Lima un bloque integrado por intelectuales, grupos de la pequeña burguesía, organizaciones obreras de diferentes tendencias políticas y logias de masones, contra la renovación del período presidencial de Leguía. A mediados de ese año Mariátegui regresa de Europa con el propósito de trabajar por la organización del Partido del proletariado. Se inicia la lucha ideológica en las organizaciones obreras de Lima y Callao entre marxismo-leninismo y anarquismo. En abril comienza a publicarse "Claridad". Su orientación corresponde, sobre todo, al espíritu de la agitación estudiantil. Deportado Haya de la Torre, en los días en que se cajeaba el N° 4 de "Claridad", Mariátegui asume su dirección. El N° 5 señala el principio de un franco orientamiento doctrinario en el que "Claridad" abandona el tono estudiantil. Desde ese número, "Claridad" aparece como órgano de la Federación Obrera Local.

1924.- Estadística de la industria textil: 7 fábricas, 2199 obreros, 1298 obreros sindicalizados y simpatizantes (es decir el 59,02%). De fines de 1924 a principios de 1925 la represión de la vanguardia estudiantil se acentúa. Son deportados los más activos de los elementos de la U.P. y la Federación de Estudiantes.También se deporta al secretario de la Federación Obrera Local y a dos de los dirigentes de la organización indígena. Las actividades de la U.P. son, sin embargo, mantenidas por un grupo animoso y perseverante. Empieza, en este periodo, a discutirse la fundación del Apra, a instancias de su iniciador Haya de al Torre, que desde Europa se dirige en este sentido a los elementos de vanguardia del Perú. Estos elementos aceptan, en principio, el Apra, que hasta por su título se presenta como una alianza o frente único.

1925.- Se declararon en huelga los obreros de la fábrica de tejidos La Victoria.

1926.- Huelga de los chóferes limeños. Huelga de los trabajadores de las centrales eléctricas, los estibadores del puerto del Callao y los trabajadores de los frigoríficos. En septiembre de 1926, aparece la revista Amauta como tribuna de "definición ideológica". La Federación Obrera Local convoca a un segundo Congreso Obrero. Mariátegui, director de "Amauta", en una carta a este Congreso, que carece de un trabajo serio de preparación, advierte la inoportunidad de un debate de tendencias doctrinarias, proponiendo la organización de los trabajadores con un programa de "unidad proletaria", la constitución de una central nacional basada en el principio de "lucha de clases". Este Congreso, pese a la desorientación de los congresales que emplearon tres semanas en discusiones sobre la “orientación ideológica”, aprobó una moción que trataba de la transformación de la Local en “Unión Sindical Peruana”. El Comité Pro Primero de Mayo sienta las bases para la constitución de la Central del Proletariado Peruano.

1927.- En junio, el gobierno clausura de Amauta, cierra los talleres de la Editorial Minerva donde se imprimía por cuenta de sus redactores-editores, detiene a José Carlos Mariátegui. La policía notificó a los que quedaban en libertad que la Federación Obrera Local, la Federación Textil y otras organizaciones del mismo carácter, debían ser consideradas disueltas y que toda actividad sindicalista estaba severamente prohibida. La represión de junio de 1927 entre otros efectos tiene el de promover una revisión de métodos y conceptos y una eliminación de los elementos débiles y desorientados, en el movimiento social. De un lado se acentúa en el Perú la tendencia a una organización, exenta de los residuos anarcosindicales, purgada de "bohemia subversiva de otro lado aparece clara la desviación aprista. Uno de los grupos de deportados peruanos, el de México, propugna la constitución de un Partido Nacionalista Libertador; Haya define al Apra como el Kuo Min Tang latinoamericano. Se produce una discusión en la que se afirma definitivamente la tendencia socialista doctrinaria adversa a toda fórmula de populismo demagógico e inconcluyente y de caudillaje personalista. En diciembre, reaparece Amauta

1928.- Amauta, en su N° 17 (mayo-junio), el de su segundo aniversario, declara cumplido el proceso de "definición ideológica", afirmándose categóricamente, marxista. Fundación del Partido del proletariado. (octubre).. En noviembre de l928, aparece "Labor" como periódico de extensión de la obra de "Amauta", para convertirse gradualmente en órgano de la reorganización sindical.

1929.- Creación de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP). (septiembre).

De 1895 a 1929, desde el desarrollo de la industria moderna hasta la creación de la CGTP, son algo más 30 años de aguda lucha de clases en que va a desenvolverse el proletariado peruano y su presencia significó un cambio definitivo en la vida política de nuestra patria. La lucha de clases, la acción internacional y las luchas del proletariado y del campesinado permitieron que el marxismo-leninismo fuese asimilado como doctrina del proletariado y para ello Mariátegui luchó como pocos han luchado en Latinoamérica. Mariátegui es uno de los pocos hombres en el Perú que aplicó el marxismo-leninismo a las condiciones especiales y en el Perú se empieza a encontrar un nuevo camino, inédito. Surge el Partido del proletariado peruano, en 1928. Por el fragor de la lucha de la clase obrera y de las masas trabajadoras se generó a Mariátegui que constituyó el Partido.

Con relación al proceso de lucha del proletariado que llevó a la creación de la CGTP, Mariátegui señala, en 1929:

“La creación de la Central del Proletariado Peruano, cierra una serie de intentos de la clase trabajadora por dar vida a una Federación Unitaria de los gremios obreros... La herencia anarco-sindical, que prevalecía en ella, restó eficacia a sus actividades, originándose serios conflictos por la supremacía “ideológica”, que culminaron en el Congreso Obrero Local de 1926... El nacimiento de nuestra Central no es pues obra de la casualidad, sino de todo un proceso que ha seguido el Proletariado Peruano, en su esfuerzo de reivindicación... nos dirigimos a los obreros y campesinos del país, para que respondiendo al llamado histórico de nuestra clase, procedan a crear la organización sindical, tanto en la fábrica, empresa, minas, puertos, como en las haciendas, valles y comunidades.

... Pero hoy que se operan grandes concentraciones de masas proletarias, en las minas, puertos, fábricas, ingenios, plantaciones, etc. ... dando paso al sistema sindical. ... Por eso, la Confederación lanza esta palabra de orden, frente al problema de la organización: la constitución de sindicatos de trabajadores, de empresa, fábrica, minas, marítimos, agrícolas, e indígenas. ... organizaciones creadas, sostenidas y dirigidas por obreros, sin la intervención de políticos o patrones, ni aún a título de presidentes o socios honorarios.

La organización sindical nace pues como una fuerza propia del proletariado que tiene que afrontar y resolver múltiples problemas de clase,...”. (T 13, pp 137-141)

Mariátegui al regresar al Perú, después de tres años de estadía en Europa, traía ideas nuevas y una tarea: trabajar por la formación del socialismo en el Perú. Mariátegui regresa en este tiempo de Europa con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase Al estudiar su obra, se encuentra un plan de trabajo una especie de desarrollo organizativo del proletariado en el Perú. En primer lugar, desarrolla su trabajo en la preparación de la labor sindical, se presenta como un creador del sindicalismo clasista, ya antes que él iniciara su labor existían pugnas alrededor de la orientación del trabajo sindical en el país, pero Mariátegui sienta las bases del sindicalismo proletario, Mariátegui es el creador e ideólogo de la Confederación General de Trabajadores del Perú; él fue quien la constituyó orgánicamente y quien creó sus fundamentos y cartas constitutivas.

Mariátegui comprendió que uno de los primeros organismos que necesita el proletariado es la estructuración de una central sindical y hace toda una labor preparatoria de la constitución de la CGTP. Hay que tener presente que toda organización o institución, debe tener dos elementos. Primero, una parte ideológica, esto es, la movilización del pensamiento, la formación de un programa, la constitución de unos puntos de acuerdo, la valoración de un estatuto, etc., y una segunda parte, la constitución de los aparatos orgánicos en sentido estricto. Esto Mariátegui lo entendió perfectamente y siguiendo su esquema marxista-leninista creó la CGTP.

Mariátegui hizo los estatutos (sindical, clasista, proletario) de la CGTP, en primer lugar, se encuentra una especie de prólogo, que él llama de orientación, y plantea cómo el proletariado ve el mundo, cómo hay una lucha que entre la burguesía y proletariado y plantea a su vez que hay una ideología de clase que hay que seguir para formar un organismo sindical, lo plantea en forma clara y lenguaje preciso. Luego, plantea las bases generales de la constitución orgánica de ese organismo sindical, hizo unas bases generales de organización; plantea también las formas de lucha, cómo se lucha, y entre ellas la huelga. Mariátegui plantea las formas cómo se tiene que luchar, porque según lo que uno quiera lograr hay una forma lucha, y que lo fundamental y básico es la movilización de las masas, porque a través de esa movilización práctica el pueblo va comprendiendo y va generando a sus propios jefes que lo tienen que conducir. También plantea el problema de la propaganda y la agitación, el pueblo necesita su propia boca para decir su propia palabra. Lo importante es que el pueblo diga lo que siente, lo que ve, lo que necesita y luche consecuentemente por lo que quiere hasta el fin por más que tenga derrotas, porque todas las derrotas que sufre el pueblo son transitorias, todas, absolutamente todas. Mariátegui entendía perfectamente el problema de que el pueblo es invencible a condición de que esté organizado. Lenin, decía: “el pueblo es invencible, pero el pueblo es invencible cuando está organizado férreamente, unido sobre los mismos principios”. (33)

2.2.2.-Desarrollo de la lucha campesina

La historia del Perú registra la perenne lucha campesina. El campesino, combatió también por "la tierra para quien la trabaja"; defendió sus tierras contra la usurpación de los terratenientes feudales y las empresas monopolistas. “La República ha significado para los indios la ascensión de una nueva clase dominante que se ha apropiado sistemáticamente de sus tierras.” (Peruanicemos..., El problema primario del Perú. (6.02.1925), p.42). Frente a esta lucha el Estado peruano y sus instrumentos represivos opuso una sanguinaria "respuesta marcial". “La servidumbre del indio, en suma, no ha disminuido bajo la República. Todas las revueltas, todas las tempestades del indio, han sido ahogadas en sangre. A las reivindicaciones desesperadas del indio les ha sido dada siempre una respuesta marcial.” (Peruanicemos..., p.43)

Frente a opiniones generalizadas sobre la actitud y las luchas del campesino peruano, Mariátegui toma firme posición y señala “Cuando se habla de la actitud del indio ante sus explotadores, se suscribe generalmente la impresión de que, envilecido, deprimido, el indio es incapaz de toda lucha, de toda resistencia. La larga historia de insurrecciones y asonadas indígenas y de las masacres y represiones consiguientes, basta por sí sola para desmentir esta impresión. En la mayoría de los casos las sublevaciones de indios han tenido como origen una violencia que los ha forzado incidentalmente a la revuelta contra una autoridad o un hacendado; pero en otros casos no ha tenido este carácter de motín local. La rebelión ha seguido a una agitación menos incidental y se ha propagado a una región más o menos extensa. Para reprimirla, ha habido que apelar a fuerzas considerables y a verdaderas matanzas. Miles de indios rebeldes han sembrado el pavor en los "gamonales" de una o más provincias. Una de las sublevaciones que, en los últimos tiempos, asumió proporciones extraordinarias, fue la acaudillada por el mayor de ejercito Teodomiro Gutiérrez, serrano mestizo, de fuerte porcentaje de sangre indígena, que se hacía llamar Rumimaqui (...)Lo seguían varios millares de indios, pero, como siempre, desarmados e indefensos ante las tropas, condenados a la dispersión o a la muerte. A esta sublevación han seguido las de La Mar y Huancané en 1923 y otras menores, sangrientamente reprimidas todas.” (Ideología y Política, La lucha indígena contra el gamonalismo, p. 40) y “El indio tan fácilmente tachado de sumisión y cobardía, no ha cesado de rebelarse contra el régimen semi-feudal que lo oprime bajo la República como bajo la Colonia...” (Ideología y Política PREFACIO A “EL AMAUTA ATUSPARIA” p.186-187)

La lucha campesina en las dos primeras décadas del siglo XX, es prueba fehaciente de la combatividad de los campesinos peruanos, en particular la de Puno. “A los indios les falta vinculación nacional. Sus protestas han sido siempre regionales. Esto ha contribuido, en gran parte, a su abatimiento.” (Peruanicemos..., p.45)

“La lucha de los indios contra los "gamonales" ha estribado invariablemente en la defensa de sus tierras contra la absorción y el despojo. Existe, por tanto, una instintiva y profunda reivindicación indígena: la reivindicación de la tierra. Dar un carácter organizado, sistemático, definido, a esta reivindicación es la tarea que tenemos el deber de realizar activamente.” (Ideología y Política, Conclusiones sobre el problema indígena y las tareas que Impone, p.42)

“La reivindicación natural de estos "yanaconas" es la del suelo que trabajan. (...) Las reivindicaciones por las que hay que trabajar son: libertad de organización, supresión del "enganche", aumento de los salarios, jornada de ocho horas, cumplimiento de las leyes de protección del trabajo.” (Idem, p.43)

“nuestro movimiento deben tener siempre actuación principal y dirigente, con el doble objeto de dar a la orientación y educación clasista de los indígenas directivas serias y de evitar la influencia de elementos desorientadores (anarquistas, demagogos reformistas, etc.).” (Idem, p.43)

“Una conciencia revolucionaria indígena tardará quizás en formarse; pero una vez que el indio haya hecho suya la idea socialista, le servirá con una discipline, una tenacidad y una fuerza, en la que pocos proletarios de otros medios podrán aventajarlo.” (Idem, p.46)

“Es imprescindible dar al movimiento del proletariado indígena o negro, agrícola e industrial, un carácter neto de lucha de clases”. (Idem, p.46)

Mariátegui plantea que el pueblo tiene, en primer lugar, que precisar su posición ideológica y política y, en segundo lugar, cómo tiene que forjar su estructura orgánica.

“El problema de los indios es el problema de cuatro millones de peruanos. Es el problema de las tres cuartas partes de la población del Perú. Es el problema de la mayoría. Es el problema de la nacionalidad. (Peruanicemos..., El problema primario del Perú. (6.02.1925), p.41-42)

“La solución del problema del indio tiene que ser una solución social. Sus realizadores deben ser los propios indios.” (Idem, p.45)

Queda claro que Mariátegui no sólo se ocupa de la organización de los obreros, sino que también comprende a nuestro país en su esencia y descubre que en el Perú hay campesinos, comprende su papel, comprende su destino histórico, que están aplastados por la feudalidad que los oprime. Esa feudalidad que tiene dos expresiones: latifundio y servidumbre; comprende que la feudalidad es la causa fundamental, la fuente histórica que aún soporta el Perú. Dice que el país es semifeudal y que el campesinado peruano sufre una feroz explotación, que el problema del campesino peruano es el problema de la tierra y que la tierra hay que conquistarla a través de una dura y larga lucha. Mariátegui dice que hay que organizar al campesinado. Mariátegui es el primero en plantear la organización de los campesinos desde un punto de vista proletario y empieza a combatir por su organización.

Mariátegui plantea las formas orgánicas del campesinado y hace un análisis acertado en su obra: "Esquema sobre el problema indígena", escrita para ser presentada en una reunión internacional. Analiza la situación del campesinado en nuestra patria; ahí plantea las formas organizativas del campesinado. Plantea que hay que formar sindicatos campesinos, hay que formar ligas campesinas, plantea la movilización organizativa del campesinado. Mariátegui comprende que sin organización el pueblo es muy frágil y no puede luchar. Nos plantea también que hay necesidad de construir una alianza obrero-campesina, esto es, uno de los principios fundamentales de todo proceso revolucionario.

Por otra parte, plantea dos cuestiones importantes, en lo que se refiere al poder. Lenin dice: "El problema fundamental de toda revolución, indudablemente, el problema del poder".(34) Esto es fundamental. La lucha tiene un objetivo principal: conquistar el poder, o a retenerlo, o a mantenerlo. Mariátegui dice que en el problema organizativo del campesinado hay que buscar el armamento del campesinado, hay que organizar la fuerza armada del campesinado. (Ver Vo Nguyen Giap en Guerra del pueblo) Mariátegui plantea el armamento del campesinado como una de sus formas organizativas necesarias; plantea también, que hay que formar soviets lo que es correcto y aplicable. Estos son los puntos centrales planteados por Mariátegui acerca del problema campesino en el Perú.

Breve cronología de hechos:

1885.- sublevación Indígena, en Huaraz, contra los “trabajos de la republica” y el “tributo personal” . “La insurrección de Atusparia tuvo una clara motivación económico-social. La derrota de Atusparia y Ushcu Pedro es una de las muchas derrota sufridas por la raza indígena. ... La insurrección tuvo una clara motivación económico-social. ... Pero, cuando la revuelta aspiró a transformarse en una revolución, se sintió impotente por la falta de fusiles, de programa y de doctrina...” (Ideología y Política PREFACIO A “EL AMAUTA ATUSPARIA” p.186-187)

1921.- enérgicas acusaciones contra los "gamonales", las autoridades, los curas.

1924.- derogación de la ley de conscripción vial. Creación de la Federación Obrera Regional Indígena que pretendía aplicar a la organización de los indios los principios y métodos del anarco.

1925.- indios protestan contra conscripción vial (“mita” republicana que echa sobre las espaldas de la población indígena, afligidas por una nueva explotación no menos odiosa que el “tributo personal”, el peso de una política de vialidad, desprovista de perspicacia económica y técnica.)

1927.- El gobierno... orientaba su política en el sentido de asociar a las declaraciones pro-indigenistas, a las promesas de reparto de tierras, etc., una acción resuelta contra toda agitación de los indios por grupos revolucionarios o susceptibles de influencia revolucionaria. La penetración de ideas socialistas, la expresión de reivindicaciones revolucionarias, entre los indígenas, han continuado a pesar de esas vicisitudes. Se constituyó en el Cuzco un grupo de acción pro-indígena llamado "Grupo Resurgimiento". Lo componían algunos intelectuales y artistas, junto con algunos obreros cuzqueños. Este grupo publicó un manifiesto que denunciaba los crímenes del gamonalismo. (Véase Amauta N° 6.

Bibliografía:

Ideología y política 40-46 lucha indígena contra el gamonalismo
pp. 184-188 Prefacio a El amauta Atusparia”
Peruanicemos.., p.41-46 El problema primario del Perú. (6.02.1925)

 

2.2.3.-Desarrollo de la lucha de la pequeña burguesía

La pequeña burguesía, los empleados y estudiantes por ejemplo, también combatieron contra sus enemigos; la lucha reivindicativa y la organización de los empleados, como la reforma universitaria, son muestras palpables de la amplia lucha popular.

Sobre la pequeña burguesía. Los empleados.

“La fundación de la Confederación de Empleados de Lima y Callao... un importante signo de concentración y actividad de la clase media.” (Ideología y política, La organización de los empleados (21.10.1927), p.189)

“La Federación de Empleados Bancarios... constituye la vanguardia de los empleados, presenta, entre nosotros, el tipo más o menos preciso de sindicato de categoría”. (Idem, p. 189)

“El hecho de que la Federación surja en respuesta a la creciente amenaza de una ofensiva reaccionaria contra la Ley del Empleado... significa una conquista de la clase media...” (Idem, p.190)

“Al descubrir que ninguna victoria de clase es perdurable sino para los que se mantienen en constante aptitud de ganarla de nuevo (...). La lucha dilatará, inevitablemente, su horizonte teórico y práctico”. (Idem, p.190)

“Los empleados no son toda la clase media, a la cual pertenecen también, con sensible influencia en su anarquía, pequeños comerciantes, funcionarios y profesionales, movidos por impulsos centrífugos e individualistas; pero los empleados componen su núcleo principal y activo”. (Idem, p.190)

“Política y socialmente, la clase media, la pequeña burguesía, han jugado siempre un papel muy subsidiario y desorientador en el Perú (...) la debilidad de la clase media, particularmente sensible en las provincias, en las cuales un estado semi-feudal la ha sofocado inexorablemente”. (Idem, pp.190-191)

“Con todo, resulta indudable el rol sustantivo de la clase media en el movimiento político de 1919”. (Idem, p.191)

“Pero, sólo algún tiempo después ha comenzado la clase media a orientarse parcialmente hacia la asociación gremial. Los primeros signos de renovación ideológica son también muy recientes.

Y éste no es un fenómeno exclusivo de la clase media peruana. En las naciones de más avanzada evolución política, la clase media, condenada por el irreductible conflicto entre el capitalismo y el socialismo, a renunciar a toda excesiva ambición de originalidad y de autonomía, se ha caracterizado por su desorientación y confucionismo que, muchas veces, la han convertido en el principal instrumento de la reacción burguesa.

Más bien en nuestros países, colocados bajo la presión del capitalismo extranjero, la clase media parece destinada a asumir, a medida que progresen su organización y su orientamiento, una actitud nacionalista revolucionaria.” (pp.191-192)

Sobre el movimiento estudiantil universitario:

“El movimiento estudiantil de la reforma universitaria acerca, en la misma forma que en otros países latinoamericanos, la vanguardia estudiantil al proletariado. El Primer Congreso de Estudiantes del Cuzco, celebrado en 1919, acuerda la creación de las universidades populares; y en 1921 el grupo de vanguardia de este congreso, encabezado por Haya de la Torre, funda la Universidad Popular González Prada en Lima y Vitarte. El Congreso Obrero de Lima aprueba un voto de adhesión a la obra de cultura popular de estas universidades. Pero los obreros no confían mucho en la perseverancia de los estudiantes; y para no suscitar ningún recelo, las universidades populares se abstienen de todo trabajo de orientación ideológica del proletariado. De otro lado, la mayoría de los estudiantes de las U.P. carece de esta orientación; en lo tocante a la cuestión social va a aprender, más bien que a enseñar, al lado del proletariado. Un cambio se inicia con la acción del 23 de Mayo (1923, mío), dirigida y animada por la U. P. con el concurso de los obreros organizados. Mariátegui regresa en este tiempo de Europa con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase. Las U.P. que están en su apogeo, con motivo de las jornadas del 23 de Mayo, le ofrecen su tribuna y él la acepta. Desarrolla un curso de conferencias sobre la crisis mundial, en la que explica el carácter revolucionario de esta crisis. Los anarquistas se muestran hostiles a esta propaganda, sobre todo por la defensa de la revolución rusa a que en parte se contrae; pero Mariátegui obtiene la solidaridad de la U.P. y de sus adherentes más entusiastas de las organizaciones obreras.” (Ideología y política, Antecedentes y desarrollo de la acción clasista, pp100-101).


JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI: SU PENSAMIENTO POLÍTICO (3)

Por J.C. Rodríguez


3.-Mariátegui y el Socialismo científico.

3.1 La división del socialismo
3.2 Crisis de la democracia
3.3 La reacción política: el fascismo
3.4 La revolución
3.5 El proletariado
3.6 El internacionalismo y nacionalismo
3.6 El Partido del proletariado

Bibliografía de Mariátegui:

Historia de la pp. 19-20
La Escena cap. II y p. 45
Signos y obras pp. 133-134
Figuras y aspectos t I p 40 y 134
La Escena pp. 34-36
Historia de la p.122
La Escena p. 154
Historia de la p.80, 99 y 149
Figuras y aspectos t I p. 100, 102, 105, 112, 131 y 229
Ideología y política pp. 246-250
Figuras y aspectos t II 142 y t III p. 101
Historia de la p. 15 y 24
Figuras y aspectos t III p. 34 y 157
Historia de la p.156, 164 y 165
Ideología y política Acta de fundación punto 3
Figuras y aspectos t II pp. 91-92, 213, 229

Los planteamientos centrales de Mariátegui son:

3.1.-La división del socialismo

Mariátegui plantea que los trabajadores de principios del siglo XX se dividen en reformistas y revolucionarios.

“Vosotros –dice Mariátegui- sabéis compañeros, que las fuerzas proletarias europeas se hallan divididas en dos grandes bandos: reformistas y revolucionarios. Hay una Internacional Obrera reformista, colaboracionista, evolucionista y otra Internacional Obrera maximalista, anticolaboracionista, revolucionaria. Entre una y otra ha tratado de surgir una Internacional intermedia. Pero que ha concluido por hacer causa común con la primera contra la segunda. En uno y otro bando hay diversos matices; pero los bandos son neta e inconfundiblemente sólo dos. El bando de los que quieren realizar el socialismo colaborando políticamente con la burguesía; y el bando de los que quieren realizar el socialismo conquistando íntegramente para el proletariado el poder político. Y bien, la existencia de estos dos bandos proviene de la existencia de dos concepciones diferentes, de dos concepciones opuestas, de dos concepciones antitéticas del actual momento histórico. Una parte del proletariado cree que el momento no es revolucionario; que la burguesía no ha agotado aún su función histórica; que, por el contrario, la burguesía es todavía bastante fuerte para conservar el poder político; que no ha llegado, en suma, la hora de la revolución social. La otra parte del proletariado cree que el actual momento histórico es revolucionario” (Mariátegui, Historia de la crisis mundial, tomo 8, pp. 19-20).

Mariátegui sostiene que en el proletariado europeo hay dos posiciones y, en función a ellas se diferencia el socialismo reformista del socialismo revolucionario. “Una parte del proletariado cree que el momento no es revolucionario”; el movimiento obrero se dividió en dos bandos: “el bando de los que quieren realizar el socialismo colaborando políticamente con la burguesía” y “el bando de los que quieren realizar el socialismo conquistando integramente para el proletariado el poder político”, es decir, socialistas reformistas, colaboracionistas, y socialistas revolucionarios que luchan por la conquista del poder político, anticolaboracionistas; los dos se diferencian; en tanto que el primero apunta a evolucionar la sociedad en colaboración con la burguesía, el segundo pugna por la toma del poder para la clase obrera. Estas dos posiciones, estos dos bandos, se sustentan en dos concepciones diferentes, en dos maneras de ver la coyuntura política. Los socialistas revolucionarios consideran que el momento es revolucionario, que están dadas las condiciones para que la clase obrera tome el poder; los otros, los reformistas, consideran que el momento no es revolucionario, que a la burguesía le corresponde aún desarrollar su sociedad y que la clase obrera no está todavía en condiciones de tomar el poder. Esa es –dice Mariátegui- la raíz de la diferencia entre los dos bandos, de la división del socialismo. Esta afirmación tiene un fundamento en la realidad. Recordemos lo siguiente: La Segunda Internacional fue un movimiento que se desarrolló en circunstancias en las cuales la clase obrera no podía retener el poder, en que era derrotada militarmente; fue entonces que Engels afirmó que la clase obrera tenía que acumular fuerzas, usar el parlamento para desarrollar sus posiciones hasta el advenimiento de una nueva circunstancia histórica en la que la clase obrera pueda derrotar militarmente a la burguesía (63). Engels llegó a este convencimiento después de las grandes revoluciones. Entonces, la clase obrera debe acumular fuerzas y al presentársele una coyuntura histórica crear nuevas formas militares para derrotar a la burguesía. Esta tesis fue tomada por la Segunda Internacional pero le quitaron la última parte y la redujeron a que la clase obrera no podía tomar el poder por la fuerza de las armas (64), sino que debía acumular fuerzas para ganar posiciones en el parlamento; recortaron, pues, la parte de la nueva coyuntura en la cual la clase obrera crearía nuevas formas militares para aplastar a la burguesía (el artículo de Engels fue seccionado, sólo, se publicó la primera parte).

Así pues, la Segunda Internacional es reformista; el viejo revisionismo está ligado al proceso histórico en el que la clase obrera no podía tomar el poder y retenerlo por la fuerza de las armas. Pero llegado el siglo XX, en la era del imperialismo, se produce una nueva circunstancia histórica que hace posible que la clase obrera tome el poder. Bajo el imperialismo la clase obrera toma el poder y no puede ser derrotada por la fuerza de las armas. Esa es la gran diferencia entre la parte final del siglo XIX y los inicios del siglo XX.

Por esta razón, los marxistas en el siglo XX van a plantear la necesidad de reestructurar los aparatos partidarios para tomar el poder, para asaltar el poder. De ahí que el centro de la cuestión es el problema del poder, que había que rehacer el partido bolchevique para tomar el poder, que había que hacer un partido de nuevo tipo diferente a los viejos partidos socialistas reformistas.

La manera en que Mariátegui plantea el problema de la coyuntura política es, por tanto, correcta. Se trata de que una parte del proletariado sostenga que la clase obrera tiene los medios para tomar el poder y conquistarlo. Esto fue lo que hizo cambiar toda la comprensión de la revolución y se separó a los reformistas de los revolucionarios. Los reformistas siguieron pensando en que había que tener muchos diputados y senadores para tomar el parlamento y desde allí cambiar la sociedad; esta posición correspondía a la idea de que la clase obrera no podía tomar el poder mediante la violencia, sino a través de los votos. En otra parte, veremos que el Partido no se sustenta en votos. Se confirma esta manera de diferenciar a los reformistas de los marxistas (65).

Mariátegui, señala, como punto inicial, la existencia de una división dentro del socialismo, separa el reformismo, el viejo revisionismo, de socialismo revolucionario, o comunismo; sino fueran separados en “dos grandes bandos”, no se entendería el problema contemporáneo. Ante esta situación Mariátegui toma decidida posición por la Internacional Comunista, la III Internacional, la que tiene por máximo líder a Lenin del movimiento comunista internacional, declarándose marxista-leninista. Luego dice:

“Yo participo de la opinión de los que creen que la humanidad vive un período revolucionario. Y estoy convencido del próximo ocaso de todas las tesis social-democráticas, de todas las tesis reformistas, de todas las tesis evolucionistas.” (Ibid. p. 22). El se filia dentro de los que aceptan que el momento es revolucionario y que la clase obrera está en condiciones de tomar el poder y transformar el mundo; él mismo se ubica dentro del socialismo. Va a sostener que en el Perú (en 1923) la formación socialista que tienen las gentes es la vieja conformación socialista, las viejas ideas que ya no responden a las nuevas circunstancias históricas (Ibid. P. 18) y que en la época del imperialismo el socialismo es marxismo-leninismo (Mariátegui, Ideología y Política, p. 160). Mariátegui fue uno de los primeros que comprendió, que se había entrado a una nueva etapa del socialismo: el marxismo-leninismo.

En 1924, a poco tiempo de morir Lenin, en las conferencias pronunciadas en la Universidad Sverdlov, Stalin planteó que “el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular… Por eso el leninismo es el desarrollo del marxismo” (66), y ésta es la tesis que va a sostener también Mariátegui.

La comprensión, pues, de que existe un desarrollo del marxismo, una nueva etapa que es el marxismo-leninismo, una diferenciación entre marxismo y revisionismo, es fundamental y se encuentra en Mariátegui en la Primera Conferencia que da a los obreros y estudiantes en la Universidad Popular en 1923.

En conclusión, el primer aspecto del socialismo científico es la existencia del marxismo-leninismo, por un lado, y del socialismo reformista, por otro; de ahí lo valedero para Mariátegui es la III Internacional, la única; la II Internacional –dice- debe ser sujeta a un fuerte ataque hasta su destrucción; tampoco acepta la Segunda y media Internacional.

3.2.-Crisis de la democracia

Mariátegui, en múltiples ocasiones, se refiere al problema del Estado, pero lo hace siempre refiriéndose a cuestiones concretas; así, por ejemplo, un tema importante del socialismo científico referido al Estado es la Crisis de la democracia. En “La escena contemporánea” (pp. 42-91), en “Alma matinal” (pp. 31-36) y en “Historia de la crisis mundial” (pp. 134-139) enjuicia la crisis del sistema demoliberal, la crisis de la democracia, encontrando dos causas: la económica y la política.

“Desde antes de la guerra se percibían los síntomas de una crisis del régimen democrático”, incluso desde fines del siglo XIX ya se ve como la democracia cruje, entra en crisis, que con la guerra se profundiza. Luego se pregunta Mariátegui “¿Cuál ha sido el motor de esta crisis?” (allí está el punto clave) y se responde: “El acrecentamiento y concentración paralelas del capitalismo y del proletariado”. Es decir, hay dos causas: La formación monopolista, causa económica; el desarrollo del proletariado que cuestiona el poder de la burguesía, causa política. Estas son las dos causas por las cuales la democracia burguesa entra en crisis. “La vida económica, las fuerzas económicas de los países, han pasado a las manos de estos dos grandes poderes, al lado de los cuales el Estado ha adquirido una posición no de arbitro sino más bien de mediador”. Por un lado, hay concentración económica, hay monopolios, en consecuencia, se forma la burguesía monopolista; por otro lado, se desarrolla el proletariado que cada día es más combativo; son dos polos del mundo actual y, en medio de ellos, se ubica el Estado demoliberal, el Estado demoburgués, que no puede contener a ninguno de los dos y que quiere aparentar ser arbitro; a la burguesía no le sirve el Estado y al proletariado menos aún, es un Estado que no corresponde al momento actual, por haber entrado en crisis la forma demoburguesa, por haber caducado. “Los conflictos, los contrastes entre una y otra fuerza no han podido ser solucionados por el Estado sino por transacciones, por compromisos directos entre ellas”. A lo único que atina el Estado demoburgués es a buscar compromisos, pero, según Mariátegui,, vivimos en un período en que no caben compromisos donde el gobierno es de clase. “El Estado en esas transacciones no ha jugado sino un rol componedor”. El Estado no tiene fuerza para mandar, es mero componedor de dos rivales que cada vez se enfrentan con más fuerzas. “Dentro de las formas de la sociedad vieja se han ido gestando, se han ido incubando las formas de una sociedad nueva. La nación, en virtud de una nueva realidad social, ha dejado de ser una entidad predominantemente política para transformarse en una entidad predominantemente económica. Esta transformación sustancial de la nación ha determinado la crisis del Estado político” (Historia de la crisis mundial, pp. 134-135). Aquí Mariátegui plantea que el Estado democrático, la organización demoliberal que organizó la burguesía a lo largo del siglo XVIII ha caducado (crisis de la democracia burguesa) por dos razones: concentración monopolística (desarrollo del monopolio), causa económica, y el desarrollo de la clase obrera (cuestionamiento del orden burgués por el proletariado), causa política. Así, en el mundo actual, se enfrentan burguesía y proletariado donde el Estado demoburgués no tiene fuerza para imponer su orden; la burguesía necesita reestructurarse para defenderse del proletariado; el proletariado necesita barrer el Estado demoburgués para establecer una nueva sociedad; nadie quiere ya ese tipo de Estado. El Estado demoburgués ha caducado por el desarrollo económico y político de la sociedad. Por eso, la razón de la crisis es histórica.

Lenin fue quien consideró que el orden demoliberal, que el sistema de las libertades burguesas, correspondían al orden del capitalismo premonopolista. “la superestructura política de la nueva economía, del capitalismo monopolista (el imperialismo es el capitalismo monopolista). La democracia corresponde a la libre competencia. La reacción política corresponde al monopolio… Tanto en la política exterior como en la interior, el imperialismo tiende por igual a conculcar la democracia, tiende a la reacción. En este sentido resulta indiscutible que el imperialismo es la “negación” de la democracia en general, de toda la democracia, y no sólo, en modo alguno, de una de las reivindicaciones de la democracia, a saber: la autodeterminación de las naciones” (67). Lenin quiere decir que el Estado demoburgués ya no corresponde al sistema monopolista y que tiene que ser reestructurado, reorganizado en base a las nuevas necesidades de la burguesía monopolista. Esta es también la tesis de Mariátegui.

Mariátegui destaca también, al profundizar sobre el tema, la relación que existe entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las formas políticas y sociales. Él dice que “bajo el régimen burgués, se ha creado nuevas formas de producción. La industria se ha desarrollado extraordinariamente impulsada por la máquina. Han surgido enormes empresas industriales” (Historia de la crisis mundial, pp. 135) y como las formas políticas y sociales son determinadas, en última instancia, por la base que la sustenta, concluye: “La expansión de estas nuevas fuerzas productivas no permite la subsistencia de los antiguos moldes políticos. Ha transformado la estructura de las naciones y exige la transformación de la estructura del régimen. La democracia burguesa ha cesado de corresponder a la organización de las fuerzas económicas formidablemente transformadas y acrecentadas. Por esto la democracia está en crisis. La institución típica de la democracia es el parlamento. La crisis de la democracia es una crisis del parlamento” (Historia de la crisis mundial, pp. 135).

Sin embargo, en la primera guerra mundial, EEUU a través de Wilson (Presidente de los EEUU) salió a pregonar las bondades del sistema demoliberal y, en buena cuenta, hay que reconocer que tuvo éxito su campaña de propaganda; frente a esa campaña de ideas demoliberales, las potencias del eje (Alemania, Austria) contraponían regímenes verticalistas o monarquías ya caducas como la del famoso imperio Austro-Húngaro cuya base estaba carcomida. En consecuencia, nada podían oponer a las tesis de Wilson que defendía la concepción demoliberal.

Mariátegui en “La escena contemporánea” al analizar los planteamientos de Wilson dice:

“El programa Wilsoniano aparece en la historia de estos tiempos como la última manifestación vital del pensamiento democrático. La campaña del Wilson que unió, que conmovió a mucha gente, no viene a ser sino la última manifestación de la posición demoliberal, su último recurso. “Wilson no ha sido, en ningún caso, el creador de una ideología nueva sino el frustrado renovador de una ideología vieja” (p. 45). Por eso es que Wilson fracasó, a pesar que hizo una amplia campaña propagandística (ésta no fue la esencia de la participación norteamericana en la guerra; los norteamericanos buscaban el dominio monopolista, pero se cubrieron con esa demagogia y surtió efecto); sin embargo, Mariátegui, certeramente, dice que Wilson no estaba proponiendo nada nuevo a la humanidad, sino que era un “frustrado renovador de una ideología vieja”, porque estaba proponiendo una ideología que no correspondía a la época actual. Sólo en las palabras decían aceptar, pero en los hechos era imposible; las nuevas condiciones en que se encontraban Francia e Inglaterra, países imperialistas, no les podía someter a aceptar concepciones políticamente ya caducas para ellos.

Mariátegui analiza, por otro lado, en relación a la crisis de la democracia, el problema del liberalismo. Plantea que la concepción liberal, o sea la defensa de las libertades, no viene a ser sino una posición filosófica que en lo teórico defiende las libertades pero cuando esas ideas se aplican a la práctica, sus aplicadores son conservadores, son anticomiunistas, no vienen a ser sino reformadores administrativos que buscan poner el orden en la hacienda y en la administración pero están faltos absolutamente de espíritu revolucionario, y termina diciendo que, a última hora, las libertades sólo pueden ser llevadas por la clase obrera, que el socialismo profundiza el liberalismo y lo lleva adelante; quien hoy día quiera ser un demócrata, tiene que ser socialista, de otra forma no puede serlo, porque estaría contra el proceso histórico (Signos y obras, pp. 133-134).

3.3.-La reacción política. El fascismo

Mariátegui parte de que el proceso histórico del siglo XX va a entrar a un período de reaccionarización mayor de la burguesía; se desarrolla todo un período reaccionario después de la primera guerra mundial.

“La tendencia histórica contemporánea es la tendencia al gobierno de clase. La situación del mundo se opone a que prospere la política de la transacción, de la reforma y del compromiso” (Figuras y aspectos…, tomo I, p. 40). Nos plantea que la tendencia histórica es hacia el gobierno de clase; sostiene que muchos regímenes aglutinan a varias clases pero que en la época actual se orientan a ser regímenes de la clase obrera también con dictadura. Al referirse a la situación en Alemania sostiene “La burguesía alemana tiende, por eso, a una dictadura de las derechas. Y su actitud estimula en el proletariado la idea de una dictadura de las izquierdas” (Figuras y aspectos…, tomo I, p. 40). No hay lugar para gobierno de transacción, de reformas y de compromisos, “ahora se tienden a gobiernos de facción” (Historia de la crisis mundial, p. 136), porque el Estado demoburgués se halla impotente frente a la clase obrera y a la burguesía. Hay, pues, una polarización. Mariátegui dice que se abre un período de reacción. ¿Qué es lo que une un régimen como el de Primo Rivera al de Mussolini? España es un país atrasado e Italia un país adelantado en relación a España, sin embargo en ambos hay regímenes similares. Mariátegui se pregunta: “¿Cuál es la semejanza, cuál es el parentesco entre la marcha a Roma del fascismo y la marcha a Madrid del general Primo de Rivera?” y se responde: “Uno y otro son regímenes de fuerza que desgarran la democracia para resistir más ágilmente el ataque de la revolución. Son la contraofensiva violenta y marcial de la idea conservadora que responde a la ofensiva tempestuosa de la idea revolucionaria. La democracia no se halla en crisis únicamente en España. Se halla en crisis en Europa y en el mundo. La clase dominante no se siente ya suficientemente defendida por sus instituciones. El parlamento y el sufragio universal le estorban… Es la reacción, que, en todos los pueblos se organiza al son de una música demagógica y subversiva” (Figuras y aspectos…, tomo I, pp. 49-50). Mariátegui dice pues que, en Europa y en el mundo, la democracia ha entrado en crisis y que se abre un período que implica el licenciamiento de la organización parlamentaria y del sufragio universal por estar demás para los conservadores. Éstos, que defienden el orden establecido en cualquier parte del mundo tienen que renunciar a esas dos cuestiones claves del sistema, porque de otra forma no pueden combatir el asalto tumultuoso de la clase obrera al poder.

La tesis de Mariátegui sobre el carácter reaccionario del imperialismo está, pues, estrechamente ligada a la de Lenin. Basada en ella, Mariátegui sostiene que el fascismo es la reacción política, es un fenómeno internacional, no es exclusivo de un país imperialista sino que también se puede dar en países atrasados.

En síntesis, Mariátegui dice que ante el asalto del poder por la clase obrera la burguesía se ve urgida a restaurar el aparato estatal renunciando al parlamento y a las elecciones; por eso el sistema español es similar al italiano. Así lo plantea Mariátegui en 1926.

Mariátegui al referirse al golpe de Estado que se dio en Portugal sostiene que los movimientos contrarrevolucionarios o reaccionarios tienen dos características: “es característico en todo movimiento fascista –dice- los autores del golpe de Estado de Portugal achacan todas las desgracias de la patria a la política y al parlamentarismo” (Figuras y…, tomo II, p. 82). Nos hace ver que el golpe de Estado en Portugal es fascista, que el parlamento es clave en el orden demoburgués y que los fascistas achacan todas las desgracias a la política. Ellos, los reaccionarios aparecen como no políticos sino como superpolíticos. Esa es la tesis de Mariátegui al analizar el problema de la reacción.

Luego, dentro del problema de la reacción, se refiere al fascismo italiano:

“El fascismo italiano –afirma- representa plenamente, la antirevolución o como se prefiera llamarla, la contra-revolución” (La escena contemporánea, p. 34). El fascismo es la contrarrevolución. Después habla de las condiciones en que surgió el fascismo italiano: “El fascismo se formó en un ambiente de inminencia revolucionaria –ambiente de agitación, de violencia, de demagogia y de delirio- creado física y moralmente por la guerra, alimentado por la crisis post-bélica, excitado por la revolución rusa” (Ibid., p. 35). Aquí Mariátegui habla de las condiciones en que surgió el fascismo en Italia: agudización de la lucha de clases en el interior, expresada violentamente, y agudización de la lucha de clases a nivel internacional, expresada particularmente por la revolución rusa. Así, primero, nos dice que el fascismo es la contrarrevolución y, segundo, que la agudización de la lucha de clases, el cuestionamiento del orden burgués, es la causa directa del surgimiento del fascismo.

A continuación, Mariátegui señala que hay una diferencia entre fascismo y democracia burguesa:

“La democracia emplea contra la revolución proletaria las armas de su criticismo, su racionalismo, su escepticismo. Contra la revolución moviliza a la inteligencia e invoca a la cultura. El fascismo, en cambio, al misticismo revolucionario opone un misticismo reaccionario y nacionalista” (Ibid. p. 35). La oposición que le hacía el orden demoburgués a la revolución era la crítica; criticaba su sistema de ideas. En cambio, el fascismo le opone un sistema de rancio nacionalismo, agresivo, belicoso, y que, a su vez, se dice renovador, revolucionario. Esa es la forma en que surge el fascismo. No es el orden en que surge el sistema demoliberal. Son dos modalidades diferentes de acción política, una de tipo crítico conciliador, la otra el fascismo, representado por Mussolini, afirmativo y solamente agresivo, sin ningún orden ni programa; a última hora, la cachiporra es la receta para Mussolini: “Entre la cachiporra y la retórica, elige sin duda la cachiporra” (Ibid. p. 26).

Mariátegui analiza el fascismo como un problema general e internacional:

“El fascismo no es un fenómeno italiano, es un fenómeno internacional” (Historia de la crisis mundial, p. 137). Italia fue el primer país de Europa donde apareció el fascismo, porque la lucha social estaba en su período más agudo, porque en Italia la situación revolucionaria era violenta y decisiva. Si bien el fascismo aparece en Italia por razones particulares de la lucha de clases, no es una creación típica de Italia, es un fenómeno internacional que se da en todos los países, porque corresponde a las nuevas condiciones económicas y políticas. “El fascismo es la reacción. Pero acelera el proceso revolucionario porque destruye las instituciones democráticas. El fascismo ha desvalorizado el parlamento y el sufragio. El fascismo ha enseñado el camino de la dictadura y de la violencia. Antes, la democracia oponía al bolchevismo ruso sus instituciones características: el parlamento y el sufragio universal. Ahora la burguesía desacredita ambas instituciones” (Ibid. p. 122). Así pues, este es un fenómeno internacional, y un fenómeno que comienza por cuestionar las instituciones burguesas: parlamento y sufragio.

Mariátegui, a cerca de la relación entre fascismo y burguesía, nos dice que si bien están unidos, tienen sus divergencias, y como la burguesía en un momento determinado busca licenciar al fascismo:

“El misticismo reaccionario y nacionalista, una vez instalado en el poder, no puede contentarse con el modesto oficio de conservar el orden capitalista” (La escena contemporánea, p. 46). Una vez que el fascismo toma el poder no se contenta con resguardar el orden burgués, sino que plantea la necesidad de reestructurarlo a fondo, porque sin hacerlo no podría fortificarlo para resistir el asalto del proletariado. Por eso es que el fascismo, en todas partes, se presenta como renovador, como revolucionario, como socialista; en Alemania, como enemigo del capitalismo, como reivindicador de la clase obrera, como enarbolador de un socialismo nacional; en España, como un movimiento “revolucionario” (así se llamó el falangismo).

El fascismo, para Mariátegui, es un proceso político que “durante mucho tiempo no quiso calificarse ni funcionar como un partido” (La escena contemporánea, p. 28) cuya composición social es heterogénea “reclutaban sus adeptos en las más diversas categorías sociales. En sus rangos se mezclaban estudiantes, oficiales, literatos, empleados, nobles, campesinos, y aun obreros. La plana mayor... la componían disidentes del socialismo...; ex-combatientes...; literatos futuristas...; ex-anarquistas...; sindicalistas...; republicanos...; fiumanistas...; y monarquistas...” (Ibid. p. 28-29) y en el cual “la bandera de la patria cubría todos los contrabandos y todos los equívocos doctrinarios y programáticos... Ambicionaban el monopolio del patriotismo” (Ibid. p. 29). Pero en cuyo seno se desarrollaban “las contradicciones que minaban la unidad fascista” (Ibid. p. 29), contradicciones que enfrentaron, en primer lugar, “en el fascismo dos ánimas y dos mentalidades antitéticas. Una fracción extremista o ultraísta propugnaba la inserción integral de la revolución fascista en el Estatuto del Reino de Italia. El Estado demoliberal debía, a su juicio ser reemplazado por el Estado fascista. Una fracción revisionista reclamaba en tanto, una rectificación más o menos extensa de la política del partido” (Ibid. p. 29-30); contradicción que al resolverse a favor de la primera tendencia siguió desarrollándose bajo nuevas formas: una tendencia que propugnaba barrer “a todos los adversarios del régimen fascista en una noche de San Bartolomé” (Ibid. p. 32), mientras que otros “más intelectuales, pero no menos apocalípticos... invitaban al fascismo a liquidar definitivamente al régimen parlamentario” (Ibid. p. 32-33), mientras que uno de “los teóricos del fascismo integral... bosqueja la técnica del Estado fascista que concibe casi como un trust vertical de sindicatos o corporaciones” (Ibid. p. 33). Así, Mariátegui nos presenta el fascismo analizado certeramente hasta en sus contradicciones internas.

Mariátegui sostiene que el frente único no puede ser sólido y definitivo, porque existe el proletariado y, en consecuencia, se enfrentan necesariamente:

“¿Es posible el frente único de la burguesía? Sí, pero sólo provisoriamente, sólo mientras se conjura un asalto decisivo de la revolución. Después, cada uno de los grupos de la burguesía trata de recobrar su autonomía… Dentro de la burguesía existen contrastes de ideología y de intereses y contrastes que nada puede suprimir” (Historia de la crisis mundial, p. 122).

Mariátegui analiza el proceso de la reacción política concordante con la revolución rusa y la primera guerra mundial y dice que la esencia del fascismo es la correspondencia con la nueva organización social, con la nueva base económica monopolista y que la posición del reformismo frente al fascismo es muy importante. Al analizar la posición del señor H.G. Wells (escritor inglés, socialista según él mismo, que apoyó la revolución, pero era un reformista) frente al fascismo, dice:

“Y, lógicamente, tampoco en sus conclusiones Wells ofrece ninguna originalidad. Su actitud, es la actitud característica de un reformista, de un demócrata, aunque atormentado por una serie de ‘dudas sobre la democracia’ y de inquietudes respecto a la reforma. El fascismo le parece algo así como un cataclismo, más bien que como la consecuencia y el resultado en Italia de la quiebra de la democracia burguesa y la derrota de la revolución proletaria. Evolucionista convencido, Wells no puede concebir el fascismo, como un fenómeno posible dentro de la lógica de la historia. Tiene que entenderlo como un fenómeno de excepción. Para Wells, el fascismo es un fenómeno monstruoso, teratológico, dable sólo en un pueblo de educación defectuosa, propenso a todos las exhuberancias de la acción y de la palabra. Mussolini, dice Wells, ‘es un producto de Italia, un producto mórbido’. Y el pueblo italiano un pueblo que no ha estudiado debidamente la geografía ni la historia universales” (Figuras y aspectos…, tomo II, p. 175).

Esto es reformismo, es no comprender lo que es el fascismo. Para Wells el fascismo es “un cataclismo”, “un fenómeno de excepción”es un terror despiadado que surge de la noche a la mañana, degollando. Wells no entiende que el fascismo es una conclusión lógica del proceso histórico de Italia, que es una conclusión lógica que tiene un fondo económico y político: el monopolio y el cuestionamiento del orden burgués “El fascismo es imperialista” (Ibid. p. 176-177). Por tanto, no es un cataclismo, no es nada caído del cielo. Para Wells, el fascismo es una excepción, no lo entiende como un proceso de desarrollo del Estado; por eso el fascismo para él es una deformación social, dada sólo en un país de educación defectuosa: “Wells piensa que una de las causas del fascismo es el deficiente desenvolvimiento de la enseñanza secundaria y superior en la nación italiana” (Ibid. p. 176). ¿Y, en un país “inteligente” como Inglaterra, no existe el fascismo? Claro que si existía. Wells no comprendía, sin embargo, que en Inglaterra existía fascismo, no entendió como monstruosa deformación de la sociedad que se da en países atrasados, sin embargo, se dio en Alemania que era un país avanzado.

3.4.-La revolución

Este es uno de los temas mejor desarrollados por Mariátegui. Relaciona la revolución a la política. Entendemos por política la disputa de las clases por el poder estatal.

Mariátegui habla de política. Se refiere a los intelectuales, porque ellos tienen tendencia al apoliticismo, que no sólo en las universidades se pregona desde hace muchos años. El apoliticismo quiere estar al mando, es decir, la política reaccionaria encubierta.

Mariátegui afirma que la función de los intelectuales es creadora; que éstos no deben, por ende, conformarse con la subsistencia de una forma social.

Mariátegui dice que hay intelectuales que “piensan que el viejo orden social, dentro del cual son fatales la paz armada y la diplomacia nacionalista, es impotente e inadecuado para la realización del ideal pacifista. Los gérmenes de la guerra están alojados en el organismo de la sociedad capitalista. Para vencerlos es necesario, por consiguiente, destruir este régimen cuya misión histórica, de otro lado, está ya agotada”. (La escena contemporánea, p. 153).

Abandonar a los pobres en su batalla contra los opresores es una deserción; el pretexto de la repugnancia a la política es un pretexto pueril, de rezagados; sin embargo, hay quienes se jactan de ser apolíticos.

“La revolución es una obra política. Es una realización concreta. Lejos de las muchedumbres que la hacen, nadie puede servirla eficaz y válidamente. La labor revolucionaria no puede ser aislada, individual, dispersa. Los intelectuales de verdadera filiación revolucionaria no tienen más remedio que aceptar un puesto en una acción colectiva (La escena contemporánea, pp. 153-154).

La política, cuando es revolucionaria, es la única gran actividad creadora, es la realización de un inmenso ideal humano. La política así concebida, dignifica, eleva.

Así comienza Mariátegui a plantear la revolución.

La política es la más grande tarea que tenemos en nuestras manos porque al siglo XX le ha correspondido transformar el mundo; en él la clase obrera derrumba todo lo que es caduco.

Mao Tsetung, en 1962, dijo: “Los próximos 50 a 100 años más o menos, a partir de hoy, serán una época que estremecerá la tierra, incomparable con cualquier otra época histórica anterior. Viviendo en tal era, debemos estar listos a librar una gran lucha cuyas formas tendrán muchas características diferentes que las de las épocas pasadas” (68)

En los próximos 50 a 100 años el mundo cambiará definitivamente y así va a ser, porque las fuerzas históricas no pueden ser detenidas. Las ciencias sociales no son apolíticas. Todo científico social tiene una posición social, se de cuenta o no; lo que pasa es que, a veces, no se da cuenta y opina, sin saber a qué clase está defendiendo; si hay algo peligroso y decisivo para el mundo son las ciencias sociales; por tanto, el apoliticismo es un gran engendro de la reacción para envilecer. Uno debe tomar posición a la derecha o a la izquierda; los que se van a la derecha son simples hojas llevadas por el viento, porque en el mundo no hay más fuerza que la izquierda, la única fuerza del futuro.

Mariátegui dice:

“En estos períodos la política deja de ser oficio de una rutinaria casta profesional. En estos períodos la política rebasa los niveles vulgares e invade y domina todos los ámbitos de la vida de la humanidad. Una revolución representa un grande y vasto interés humano. Al triunfo de ese interés superior no se oponen nunca sino los prejuicios y los privilegios amenazados de una minoría egoísta. Ningún espíritu libre, ninguna mentalidad sensible puede ser indiferente a tal conflicto. Actualmente, por ejemplo, no es concebible un hombre de pensamiento para el cual no exista la cuestión social. Abundan la insensibilidad y la sordera de los intelectuales a los problemas de su tiempo; pero esta insensibilidad y sordera no son normales” (La escena contemporánea, p. 154).

¿Qué es la revolución para Mariátegui? Comienza a definirla diciendo que “representa un grande y vasto interés humano”, quiere decir que un gran porcentaje de individuos estamos comprometidos en el problema de la revolución, porque es el problema del futuro, el de transformar el mundo. No hay persona que permanezca sola e insensible, si, la hay es por anormalidad.

3.4.1.-.-La revolución y la violencia revolucionaria

Este es un punto clave en el marxismo. Mariátegui analiza y concibe la revolución como un movimiento prolongado, como un largo proceso. La revolución es un problema de violencia revolucionaria. La revolución y la contrarrevolución están empeñadas en una lucha, en la que uno avanza y otro retrocede. Sin embargo, la revolución puede tener derrotas transitorias, pero al final triunfa. “…una revolución –dice Mariátegui- no se consuma en meses ni en años;…” (Historia de la crisis mundial, p. 80) La revolución soviética, por ejemplo, duró más de 50. Hay que comenzarla a rastrearla allá por los años 60 del siglo XIX; triunfa en 1917. ¿Y la revolución china? Mao, en 1939, dijo que hay que rastrearla desde los últimos 100 años: “Gracias a la inflexible, tenaz y heroica lucha del pueblo chino durante los últimos cien años, el imperialismo no ha podido hasta el presente subyugar a china, ni lo conseguirá jamás… La lucha revolucionaria nacional del pueblo chino tiene cien años cabales de historia, a contar de la Guerra del Opio de 1840, y treinta, a contar de la revolución de 1911” (69).

La revolución es un largo proceso. A veces la gente quisiera que fuese algo rápido. El querer una cosa rápida es un deseo subjetivo.

Mariátegui dice:

“Un período de reacción burguesa es un período de contra-ofensiva burguesa, pero no de derrota definitiva proletaria. Y, desde este punto de vista, que es lógico, que es justo, que es exacto, que es histórico, el gobierno fascista, la reacción fascista en Italia, es un episodio, un capítulo, un período de la Revolución Italiana, de la guerra civil italiana. El fascismo está en el gobierno; pero el proletariado italiano no ha capitulado, no se ha desarmado, no se ha rendido. Se prepara para la revancha.” (Historia de la crisis mundial, p. 81). El fascismo es, pues, un capítulo, un período. El proletariado ha sido derrotado pero seguirá la lucha y las derrotas son sólo períodos transitorios.

“… el fascismo -dice Mariátegui- para llegar al gobierno ha necesitado pisotear los principios de la democracia, del parlamentarismo, socavar las bases institucionales del viejo orden de cosas, enseñar al pueblo que el poder se conquista a través de la violencia, demostrarle prácticamente que se conserva el poder sólo a través de la dictadura.” (Ibid., p. 81). Resalta así el papel de la violencia revolucionaria:“el poder se conquista a través de la violencia” y “que se conserva el poder sólo a través de la dictadura”. Luego afirma:

“Como ya dije a propósito de la Revolución Alemana, una revolución no es un golpe de estado, no es una insurrección, no es una de aquellas cosas que aquí llamamos revolución por uso arbitrario de esta palabra. Una revolución no se cumple sino en muchos años. Y con frecuencia tiene períodos alternados de predominio de las fuerzas revolucionarias y de predominio de las fuerzas contra-revolucionarias.

Así como el proceso de una guerra es un proceso de ofensivas y contraofensivas, de victorias y derrotas, mientras uno de los bandos combatientes no capitule definitivamente, mientras no renuncie a la lucha, no está vencido. Su derrota es transitoria; pero no total. Y, conforme a esta interpretación de la historia, la reacción, el terror blanco, el gobierno de Horthy no son sino episodios de la lucha de clases de Hungría, un capítulo ingrato de la Revolución Húngara.

Este capítulo llegará algún día a su última página. Y empezará entonces a un capítulo más, un capítulo que, talvez sea el capítulo de la victoria del proletariado húngaro.

El gobierno de Horthy es para el proletariado húngaro una noche sombría, una pesadilla dolorosa. Pero esta noche sombría, esta pesadilla dolorosa pasará. Y vendrá entonces la aurora.” (Ibid., p. 99).

Mariátegui insiste en que la revolución es un largo proceso, una guerra entre revolución y contrarrevolución en que, uno avanza y el otro retrocede. Puede haber períodos obscuros, Horthy fue el que hizo apagar la Revolución Húngara sangrientamente; sin embargo el hecho fue sólo un capítulo de un largo proceso. Mientras la clase obrera no se abatida no desaparecerá la revolución. Podrán aparecer 40 Horthys y el pueblo los resistirá hasta triunfar necesariamente.

Mariátegui, al definir la revolución rusa, dice:

“El soviet es el órgano típico del régimen proletario así como el parlamento es el órgano típico del régimen democrático. Es un régimen de representación profesional y de representación de clase” Está bien claro. Sistema burgués: parlamento. Democracia proletaria: soviet. Son dos formas diferentes. “La dictadura del proletariado, por ende, no es una dictadura de partido sino una dictadura de clase, una dictadura de la clase trabajadora” (Ibid., p. 149).

Mariátegui plantea que en la Unión Soviética lo único que existe, en 1923, es la dictadura del proletariado. Pero no es la dictadura de partido, es dictadura de clase. Lo que sucede es que la clase obrera se expresa a través de un partido, y ese partido es la vanguardia organizada de la clase. No hay otra forma de hacerlo. Es dictadura de clase, no es de individuos, no es dictadura de Lenin ni del partido de Lenin, es de la clase obrera rusa.

3.4.2.-La revolución en los países atrasados

Mariátegui plantea:

“Despedida de algunos pueblos de Europa, la libertad parece haber emigrado a los pueblos de Asia y de África. Renegada por una parte de los hombres blancos, parece haber encontrado nuevos discípulos en los hombres de color. El éxito y el viaje no son nuevos, no son insólitos en su vida. La pobre libertad es, por naturaleza, un poco nómada, un poco vagabunda, un poco viajera. Está ya bastante vieja para los europeos” (Figuras y aspectos…, tomo I, p. 112)

Nos plantea que las viejas ideas de igualdad, libertad ya no residen en occidente; en occidente radica la reacción política, se ha reaccionarizado, se ha licenciado a la libertad, a la igualdad, y estos principios han emigrado al Asia, África y América Latina. Y sigue diciendo: “Desterrada del mundo capitalista, se alojaba en el mundo colonial” (Ibid. p. 114), se refiere a la libertad y, al final, termina afirmando que los principios de igualdad y libertad van a depender de la clase obrera y los campesinos; la última palabra la dirán los obreros y los campesinos; nos plantea, en síntesis, que las ideas que movieron a la burguesía han sido recogidas por la clase obrera y los campesinos de los países atrasados. Esta es una tesis marxista.

Lenin escribió en el Programa Agrario, que la burguesía abandonaba su bandera y que era enarbolada por los obreros y los campesinos; así surgía un nuevo tipo de revolución burguesa; la “revolución agraria campesina” (70) y Mariátegui lo plantea a nivel mundial.

“Del destino de una nación que ocupa un puesto tan principal en el tiempo y en el espacio no es posible desinteresarse. La China pesa demasiado en la historia humana para que no nos atraiga sus hechos y sus hombres” (Figuras y aspectos…, tomo I, p. 100).

Mariátegui afirma que China tiene mucho peso en la humanidad, porque son cientos de millones de personas. Si hay algo grande sobre la tierra es el hombre. Uno nunca puede desinteresarse de esos grandes países, de su ubicación; a última hora, va a depender de que la balanza esté en uno u otro lado (China e India, por ejemplo). A continuación dice: “Si no entendemos esto no sabemos en qué lado ponernos”. Mariátegui comprende perfectamente y afirma “La revolución no tiene en la China la misma meta y el mismo programa que en el occidente. Es una revolución burguesa y liberal”. Europa es diferente; ella tiene una revolución proletaria porque la constituyen países capitalistas o imperialistas; su revolución es de tipo socialista, mientras que los países atrasados como China son países semifeudales y semicoloniales y tienen que realizar una revolución democrático-burguesa. Mariátegui señala que no se puede tener a Europa como ejemplo, porque es de otro tipo; mientras que la situación en Asia, África y en América Latina es similar; ese es nuestro mundo. Hoy en día se entiende mejor el planteamiento de Mariátegui: somos hombres del Tercer Mundo.

Afirma que en China, al final, habrá una revolución socialista, que sin socialismo China no va a poder avanzar, tendrá que hacer una lucha antifeudal y luego una revolución socialista. (Figuras y aspectos…, tomo I, p. 105).

“Actualmente, luchan en China las corrientes democráticas contra los sedimentos absolutistas. Combaten los intereses de la grande y pequeña burguesía contra los intereses de la clase feudal” (Ibid. p.102). La raíz de los males es la base feudal; sobre esa base feudal se levanta el dominio imperialista, por eso tiene una situación particular.

Al volver otra vez sobre el problema de China manifiesta:

“No pretendió nunca repetir, mecánicamente, en la China los experimentos europeos. (El Dr. Sun Yat Sen, no era marxista, era demócrata, sin embargo, nunca pretendió repetir mecánicamente los experimentos europeos, nuestro). Conformaba, ajustaba su acción revolucionaria a la realidad de su país. Quería que en la China se cumpliese una revolución china. Así como en Rusia se cumple, desde hace siete años, una revolución rusa” (Ibid. pp. 171-172).

Lo planteado por Mariátegui consiste en que esos países atrasados toman el marxismo y lo funden con las cuestiones específicas del país, si no se hace eso no puede avanzar la revolución. En toda revolución democrática, parte de que la burguesía se pasa al lado contrario (Ibid. p. 229).

Cuando habla de la revolución en América Latina va a expresar que aquí han de fundirse los principios generales del marxismo con las características específicas de América.

Mariátegui afirma: “El socialismo… es un movimiento mundial”, es una doctrina universal. Y “no queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indo-americano. He aquí una misión digna de una generación nueva (Ideología y política, pp. 248-249).

El socialismo es indispensable, con la condición de fundirlo con la situación concreta de los países atrasados.

Mariátegui, en la presentación a “Tempestad en los Andes” de Luis E. Valcárcel, plantea la necesidad del socialismo para conducir la revolución “Mentes poco críticas y profundas pueden suponer que la liquidación de la feudalidad es empresa típica y específicamente liberal y burguesa y que pretender convertirla en función socialista es torcer románticamente las leyes de la historia” (Organización del proletariado, p. 180. También en Bandera Roja, Órgano del CC del PCP, año XI, junio de 1978, Nº 49, p. 12). Si queremos que haya revolución tiene que ser dirigida por el proletariado a pesar de ser una revolución demoburguesa.

Hay quienes sostienen que en las actuales circunstancias las revoluciones demoburguesas deben ser conducidas por la burguesía (sea ésta pequeña o media), porque aún la burguesía tiene fuerza y que al proletariado le compete apoyarla para crecer y esperar el momento oportuno para hacer la revolución proletaria; este planteamiento fue deshecho por Lenin hace muchos años, en su libro “Dos tácticas de la Socialdemocracia en la revolución democrática” (escrito en 1907); él demostró que el proletariado tiene que cumplir parte de la revolución demoburguesa, porque la burguesía es incapaz de hacerla: “La burguesía es incapaz de una democracia consecuente” y “La burguesía será siempre inconsecuente. …Sólo el proletariado puede ser un luchador consecuente por la democracia. Pero puede ganar la batalla por la democracia sólo a condición de que las masas campesinas se unan a su lucha revolucionaria. Si al proletariado no le alcanzan las fuerzas para ello, la burguesía se pondrá al frente de la revolución democrática e imprimirá a la misma un carácter inconsecuente e interesado. No hay otro medio de impedirlo que la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y los campesinos” (71).

3.5.-El proletariado

En primer lugar, Mariátegui destaca la importancia de la clase obrera. Hablando de la revolución en el Japón, dice lo siguiente:

“El proletariado industrial, ya en gran parte organizado, es en el Japón la fuerza del porvenir” (Figuras y aspectos…, tomo II, p. 142). En síntesis, el proletariado es la fuerza del porvenir.
Con respecto a la revolución China, habla de la traición de Chang Kai Sek y dice:

“Chan Kai Sek y sus secuaces han podido detener momentáneamente el curso de la revolución con un golpe de estado thermidoriano y con los fusilamientos en masa de los organizadores y agitadores del proletariado” (Figuras y aspectos…, tomo III, p. 101). En el año 1927 la revolución china que marchaba triunfante del sur hacia el norte, aplastando a los “señores” era incontenible; en Shanghai, la ciudad más grande de China, Chang Kai Sek se pasó al campo del imperialismo y degolló a miles de obreros; la reacción creyó que la revolución había desaparecido porque masacraron a los mejores dirigentes de la clase obrera.

No obstante esto, Mariátegui dice:

“…no han podido (Chang Kai Sek y Cía.) suprimir el proletariado mismo (a pesar de la gran matanza no pudieron suprimir al proletariado). Y es aquí donde la revolución tiene su inagotable fermento” (Ibid., p. 101). La clase obrera es indestructible y siéndolo la revolución está viva. La clase obrera puede ser golpeada, vencida, pero su derrota es transitoria, es la clase del futuro, y el futuro no puede ser destruido por lo viejo. Lo viejo es vencido por lo nuevo. Concibiendo el papel de la clase obrera nos va a decir:

“En esta gran crisis contemporánea el proletariado no es un espectador; es un actor”. Es una clase protagonista de la crisis actual y de la crisis va a surgir “…la civilización proletaria, la civilización socialista, destinada a suceder a la declinante, a la decadente, a la moribunda civilización capitalista, individualista y burguesa” (Historia de la crisis mundial, pp. 15-16).

“El proletariado no ingresa en la historia políticamente sino como clase social; en el instante en que descubre su misión de edificar, con los elementos allegados por el esfuerzo humano, moral o amoral, justo o injusto, un orden social superior”. Ese es el papel de la clase obrera: “edificar... un orden social superior”, es decir el comunismo. (Defensa del marxismo, p. 73).

Queda claro, pues, que la misión de la clase obrera es derrocar a la burguesía y construir una sociedad nueva. Más adelante, Mariátegui vuelve a definir el problema y desarrolla el siguiente concepto:

“Al proletariado le estaba destinado crear un tipo nuevo de civilización y cultura” (Ibid., p. 24). Ese es el papel del proletariado: hacer una nueva sociedad, nadie más puede hacerlo. Luego, concluye diciendo “…la historia nos enseña que todo nuevo estado social se ha formado sobre las ruinas del estado social precedente. Y que entre el surgimiento del uno y el derrumbamiento del otro ha habido, lógicamente, un período intermedio de crisis” (Ibid. pp 24-25). El proletariado va a construir un nuevo mundo, pero sobre las ruinas del viejo mundo. No se puede construir una nueva sociedad sin destruir la antigua.

Marx en su obra “La guerra civil en Francia” dice:

“La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad. Eran responsables revocables en todo momento.

La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera… la policía fue despojada inmediatamente de sus atributos políticos y convertida en instrumento de la Comuna, responsable ante ella y revocable en todo momento. Lo mismo se hizo con los funcionarios de las demás ramas administración. Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los que desempeñaban cargos públicos debían desempeñarlos con salarios de obreros. Los intereses creados y los gastos de representación de los altos dignatarios del Estado desaparecieron con los altos dignatarios mismos…

Una vez suprimidos el ejército permanente y la policía, que eran los elementos del poder material del antiguo gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de represión, el ‘poder de los curas’, decretando la separación de la Iglesia del Estado y la expropiación de todas las iglesias como corporaciones poseedoras…

Los funcionarios judiciales debían perder aquella fingida independencia… Igual que los demás funcionarios públicos, los magistrados y los jueces habían de ser funcionarios electivos, responsables y revocables”.

“La Comuna era, esencialmente, un Gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo”.

“La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores” (72).

Por tanto, la Comuna sustituye el aparato estatal destruido.

3.6.-El internacionalismo y nacionalismo

“Internacionalismo igual supranacionalismo. El internacionalismo no es como se imaginan muchos obtusos de derecha y de izquierda la negación del nacionalismo, sino superación. Es una negación dialécticamente, en el sentido de que contradice al nacionalismo; pero no en el sentido de que, como cualquier utopismo, lo condena y descalifique como necesidad histórica de una época… El patriotismo judío no puede ya resolverse en nacionalismo. Y al decir no puede, no me refiero a un deber, sino a una imposibilidad” (Figuras y aspectos…, tomo III, 34-35). Aquí Mariátegui plantea la tesis de que el desarrollo del nacionalismo de la clase obrera lleva al internacionalismo.

No se puede contraponer simple y llanamente las dos instancias, no se excluyen. Mao Tsetung desarrolló este punto en su obra “El papel del Partido Comunista en la guerra nacional”(73). No se contrapone nacionalismo e internacionalismo más bien se complementan; esto es en la concepción de la clase obrera. Cuando un país atrasado lucha por su liberación esta reivindicando su nación, está apuntando contra el dominio extranjero. Cuando un país aplasta el dominio imperialista, evidentemente, está cumpliendo una función internacionalista, porque está apoyando la lucha en otros pueblos. Así, para la clase obrera la mejor forma de ser nacionalista es reivindicando su clase contra el dominio extranjero. Las diferentes organizaciones obreras tienen una función nacional dentro de sus linderos y una función internacional en tanto que su lucha apoye la lucha de otros pueblos.

Ejemplo: ¿Qué papel debe cumplir la clase obrera en un país capitalista? Combatir el dominio de su propia burguesía monopolista sobre los países atrasados. ¿Cómo es internacionalista la clase obrera norteamericana? Cuando combate a su propia burguesía que domina a los países del Tercer Mundo, pero a su vez reivindica a su propia nación. En la concepción de la clase obrera no se contraponen, pues, nacionalismo e internacionalismo, se complementan. El problema es el tipo de acción de acuerdo a la situación del país: en un país atrasado, aplastando al imperialismo; en un país adelantado, combatiendo la opresión que ejerce su burguesía monopolista en otros países.

Mao dice: “El leninismo ensaña que la revolución mundial sólo puede triunfar si el proletariado de los países capitalistas apoya la lucha liberadora de los pueblos coloniales y semicoloniales, y si el proletariado de las colonias y semicolonias apoya la lucha liberadora del proletariado de los países capitalistas” (74).

Así, pues, la tesis de Mariátegui está dentro de esta filiación. La posición nacionalista de la burguesía es diferente. Explica también por qué hay una tendencia internacionalista y nos da las bases materiales.

“El internacionalismo no es únicamente un ideal; es una realidad histórica. El internacionalismo existe como ideal porque es la realidad nueva, la realidad naciente. No es un ideal arbitrario, no es ideal absurdo de unos cuantos soñadores y de unos cuantos utopistas. Es aquel ideal que Hegel y Marx definen como la nueva y superior realidad histórica” (Historia de la crisis mundial, p. 156).

Debemos resaltar que “el internacionalismo no es únicamente un ideal”. Existe el ideal internacionalista porque existe una realidad internacional, porque la economía es internacional y, cada día más, forma una unidad.

Las ideas de la clase obrera aparecen circunscritas a Inglaterra por obra de Marx y Engels, pero se difunden por todo el mundo y se internacionalizan. La clase obrera es de carácter internacional y se siente solidaria con los obreros de otros países (EEUU, China, Francia, etc.), porque es parte de una misma clase distribuida en todo el mundo, es parte de una clase que considera que tiene que transformar el mundo.

Así, pues, la clase obrera, como realidad social, es una clase internacional y, por tanto, tiene un ideal internacionalista.

Los hechos económicos, políticos y sociales e ideológicos tienen cada vez más dimensión internacional y, como consecuencia de esta realidad internacional, se genera un ideal internacionalista. Surge un ideal común por encima de las naciones. Este fenómeno se da en la clase obrera y los hechos lo demuestran; también la burguesía expresa esa tendencia internacionalista: La sociedad de las Naciones, por ejemplo, creada después de la primera guerra mundial. El sistema burgués también crea un foro internacional en el cual expresa sus puntos de vista e incluso pretende concordar opiniones. La organización de las Naciones Unidas creada después de la segunda guerra mundial es otro ejemplo de esa tendencia internacionalista.

Mariátegui dice también que: “Todo tiende a vincular, todo tiende a conectar en este siglo a los pueblos y a los hombres” (Ibid., p. 164). Todos los hechos sociales tienden cada vez más a unirnos y mostrarnos solidarios porque contamos con toda clase de adelantos. Los teletipos están marcando al instante lo que va pasando en Europa o en Pekín; conocemos los hechos al instante; no hay ningún hecho importante que no lo conozcamos en menos de 24 horas a lo sumo, salvo los secretos de Estado.

“En todas las actividades intelectuales, artísticas, científicas, filantrópicas, morales, etc., se nota hoy la tendencia a construir órganos internacionales de comunicación y de coordinación” (Ibid., p. 165). Hoy día tenemos organismos internacionales de todo tipo, como una tendencia de universalización de los hombres. “Hasta el nacionalismo, pues, no puede prescindir de cierta fisonomía internacionalista” (Ibid., p. 165). Se refiere a Mussolini. El nacionalismo de Italia es para toda la humanidad. Ante el nacionalismo proletario surge, pues, un nacionalismo burgués.

En síntesis, el siglo XX ha generado una tendencia de internacionalización, cada día más creciente, y se expresa en los hechos económicos, en la lucha de clases, etc. El proletariado es una clase internacional. Las ideas apenas surgidas se difunden por el mundo y repercuten. Y, la burguesía también tiende al internacionalismo.

¿Cómo la burguesía utiliza el nacionalismo?

“El sentimiento nacionalista es una de las cartas a que juegan la burguesía en todos los países de Occidente, a pesar de que los propios intereses del capitalismo no pueden soportar el aislamiento nacional. La subsistencia del capitalismo no es concebible sino en un plano internacional. Pero la burguesía cuida como de los resortes sentimentales y políticos más decisivos de su extrema defensa del sentimiento nacionalista” (Figuras y aspectos…, tomo III, p. 157)

Mariátegui registra un hecho: el nacionalismo es propagandizado a tambor batiente por la burguesía. El capitalismo generó un sistema mundial y de esta forma apuntó a generar relaciones internacionales. El siglo XIX fue internacionalista, la burguesía apuntó a destacar los lazos entre todos los pueblos, para así difundir sus posiciones y penetrar económicamente en todos los ámbitos del orbe. En el siglo XX esta situación es completada, las contradicciones se agudizan. Por ejemplo, Alemania saca como bandera el nacionalismo: Alemania sobre el mundo. Exhorta el nacionalismo para ampliar su dominio imperialista. Y esto genera una serie de contradicciones. EEUU procede igual que Alemania y comienza a generar un conjunto de teóricos que postula el destino histórico de los EEUU. La burguesía reivindica y exacerba el nacionalismo, para justificar el dominio mundial.

Pasada la Primera Guerra Mundial el nacionalismo burgués va a adquirir otro carácter. La lucha de clases se agudiza fuertemente en Europa. La clase obrera de distintos países como la italiana cuestiona el orden burgués; las burguesías monopolistas de los países europeos plantean el nacionalismo recalcitrante frente al internacionalismo de la clase obrera. La burguesía es una tendencia internacional que quiere socavar las naciones. Es bien sabido como después de la revolución bolchevique ésta es tildada de revolución hebrea y socavada por las demás naciones. Así, pues, se enarbola la defensa de las nacionalidades para aplastar a la clase obrera, se levanta el nacionalismo para oponerse a la lucha de clases.

En Italia los fascistas plantean a los italianos, rechazar la “falsa concepción de la lucha de clases” (Mussolini). Unificar a los italianos para reivindicar el Imperio Romano que es el alma viva de Italia. Los fascistas plantean que todos los romanos están por encima de la lucha de clases que están unidos por ese espíritu que viene de Julio César y depositado en Mussolini, según él. Esa es su manera de ver la italianidad o latinidad.

En Alemania los nazis plantean algo similar: en la nación alemana no existe el problema de la lucha de clases. La lucha de clases no es sino una invención para socavar el orden existente para socavar a la raza aria. La raza alemana es la más alta del mundo y tiene por misión desarrollar una superior cultura y, en el desarrollo de esta cultura, tiene que verse en muchos casos obligada a sojuzgar pueblos y esos pueblos tienen que estar agradecidos porque así son conducidos a un destino superior. Esa es la tesis de Hitler. Es bien sabido que Hitler tenía una clasificación de todas las razas del mundo (los latinoamericanos estábamos clasificados en un grupo enfermo).

En Alemania e Italia se concretan estos afanes de la burguesía monopolista: la de usar el nacionalismo para combatir el internacionalismo de la clase obrera, la de exaltar el patriotismo (leer los discursos de Hitler o Mussolini para comprender lo que es exaltación fascista). Mariátegui analizando la situación europea llegó a la conclusión de que la burguesía, no obstante tener una economía internacionalizante, recurría al nacionalismo cuidándolo como un tesoro muy preciado para oponerse a la lucha de clases. Así, en consecuencia, encontramos como él diferencia nacionalismo e internacionalismo burgués, por un lado, y proletariado, por otro. El nacionalismo burgués es patriotero, chauvinista. El nacionalismo de la clase obrera es complemento de la función internacionalista de los trabajadores. Mientras que el internacionalismo de la clase obrera sirve para liberar y apoyar a los pueblos, para aplastar al imperialismo, el nacionalismo burgués sirve para aplastar a la clase obrera. El análisis más somero de los primeros 50 años de este siglo lo demuestran.

3.7.-El partido del proletariado

“La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientación se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas” (Organización del proletariado, p. 196). El problema del partido del proletariado en Mariátegui comienza por deslindar en el sentido de si era necesario o no el partido de la clase obrera. Se hizo la siguiente pregunta: ¿Es indispensable el partido de la clase obrera? Y respondió “la lucha política exige de un partido de clase”. Nos dice, pues, como consecuencia de la lucha política es necesaria la creación de un partido de clase.

Generalicemos esta tesis: La lucha política exige la formación de partidos políticos. Esta tesis es marxista. Engels al plantear el problema del Estado decía que la existencia de clases lleva necesariamente a la existencia del Estado. La prueba de que hay clases es la existencia del Estado. Llegamos a la conclusión de que la existencia del Estado se debe a las clases “El Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni de su poder. Al llegar a cierta fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo del Estado una necesidad” (75).

En Marx leemos: “…El movimiento político de la clase obrera tiene como último objetivo, claro está, la conquista del Poder político para la clase obrera y a este fin es necesario, naturalmente, que la organización previa de la clase obrera, nacida en su propia lucha económica, haya alcanzado cierto grado de desarrollo” (76)..

El Estado es la demostración de que hay clases. Sobre el problema de la política, Lenin decía que la política es la lucha de clases por el poder del Estado, la lucha por conquistar el poder del Estado, por retener el poder del Estado o por recuperarlo, si es que se ha perdido. El mismo Lenin planteó la tesis de las masas, clases y partido, que presenta en “La enfermedad infantil…” Dice que los hombres están conformando masas, grandes agregados humanos. “Las masas se dividen en clases” y las clases tienen sus partidos, es decir, las clases generan sus partidos para luchar por el poder del Estado. En consecuencia, la lucha política lleva necesariamente al surgimiento de partidos (77). No puede negarse que existen clases; la prueba es que existe Estado. No puede negarse que hay lucha de clases, porque a diario vemos como unas clases aplastan a otras y no podemos negar que estamos en un período de agudización de lucha de clases. Precisamente cuando se agudiza la lucha de clases la burguesía pretende negar la existencia de éstas. Sin embargo, recuérdese, que la lucha se clases es un planteamiento que no fue hecho por Marx. Marx no descubrió la lucha de clases. En su famosa carta a Weydemeyer plantea: “… Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases…” (78).

Fueron los historiadores burgueses de la restauración francesa quienes descubrieron la lucha de clases cuando analizaban las luchas del medioevo; Marx lo que hizo fue dar un fundamento a esta situación.

Lenin dice: “Quien reconoce solamente la lucha de clases no es aún marxista, puede resultar que no ha rebasado todavía el marco del pensamiento burgués y de la política burguesa. Circunscribir el marxismo a la teoría de la lucha de clases significa limitarlo, tergiversarlo, reducirlo a algo aceptable para la burguesía. Únicamente es marxista quien hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En ello estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño (o un gran) burgués adocenado” (79).

Así, pues, existiendo clases hay lucha de clases, la prueba es el Estado. Existiendo el Estado hay política. Existiendo política hay partido. No basta decir que no existen o no deben existir los partidos, habría que demostrar que no hay clases y ni lucha de clases.

En consecuencia, la tesis planteada por Mariátegui en el punto tres del Acta de Fundación del Partido de la clase obrera está ligada a la tesis de Marx, Engels y Lenin. Los hechos demuestran que la teoría de Mariátegui es marxista-leninista y responde a la realidad.

Mariátegui prestó mucha atención a la vanguardia de la clase obrera, porque consideró que, en un grado de evolución, el proletariado necesitaba un partido para la defensa de sus intereses de clase; por eso, en 1928, él funda el partido de la clase obrera como su vanguardia organizada.

Asimismo, fiel a sus concepciones marxistas, plantea que el proletariado no tiene un partido desde el comienzo, sino que, llegado a un grado desarrollo evolutivo, toma conciencia, se convierte en clase para sí. La clase obrera, en un grado de desarrollo, genera su partido político, deviene en mayor de edad, mientras tanto es una clase menor de edad, como un niño que no tiene derecho a ser ciudadano.

Engels al respecto dice: “Mientras la clase oprimida –en nuestro caso el proletariado- no está madura para liberarse ella misma, su mayoría reconoce el orden social de hoy como el único posible, y políticamente forma la cola de la clase capitalista, su extrema izquierda. Pero a medida que va madurando para emanciparse ella misma, se constituye como un partido independiente,…” (80).

Mariátegui en su artículo “La agitación revolucionaria en España” plantea la necesidad de la clase obrera: “Claro está que no se debe olvidar que todas las grandes revoluciones han tenido generalmente un principio muy modesto. La revolución rusa nació de un movimiento de la burguesía “cadete” y de la nobleza liberal. Pero en Rusia existía, además de una profunda agitación del pueblo, un partido revolucionario, conducido por un genial hombre de acción, de miras claras y netas.

Esto es lo que falta presentemente en España. El partido socialista sigue a hombres dotados de estimables condiciones de inteligencia y probidad, pero desprovistos de efectivo espíritu revolucionario. El partido comunista, demasiado joven, no constituye aún sino una fuerza de agitación y propaganda” (Figuras y… tomo II, pp. 91-92). Esto es sencillamente extraordinario. Destaca así la necesidad del Partido del Proletariado.

Las revoluciones suelen tener un inicio modesto (históricamente probado), luego nos dice que en Rusia, a más de las largas agitaciones hubo un partido revolucionario, un partido de la clase obrera, y este partido tuvo la coyuntura de ser dirigido por una capacidad como la que tenía Lenin (dirigentes como Lenin no se dan cada 24 horas en el mundo; son circunstancias muy especiales de la humanidad que generan, en momentos importantes, ese tipo de personas). Nos dice que sin la existencia del partido bolchevique no habría habido revolución; luego, nos explica que en España falta un partido político revolucionario con vigencia efectiva. Es indiscutible que el partido bolchevique, forjado por Lenin jugó un papel muy importante y decisivo en la revolución rusa como centro único de la revolución.

Mao dice: “Para realizar la revolución, hace falta un partido revolucionario. Sin un partido revolucionario, sin un partido revolucionario creado sobre la teoría revolucionaria marxista-leninista y en el estilo revolucionario marxista-leninista, es imposible conducir a la clase obrera y las amplias masas populares a la victoria en la lucha contra el imperialismo y sus lacayos” (81)

En síntesis, las tesis de Mariátegui expuestas líneas arriba sobre filosofía, economía política y socialismo científico se basan firmemente en la concepción del proletariado que corresponden a una sólida posición de clase y a la aplicación del marxismo-leninismo a la realidad peruana. La posición de Mariátegui se fundamenta, pues, en el marxismo-leninismo. El pensamiento de Mariátegui es reflejo de su participación teórica y práctica en la lucha de clases. Además su pensamiento se desarrolló en constante lucha contra el viejo revisionismo y sus representantes europeos y peruanos.

Acta de constitución del Partido Socialista Peruano

Escrito: El 7 de octubre de 1928.
Fuente: José Carlos Mariátegui, La organización del proletariado, Comisión Política del Comité Central del Partido Comunista Peruano (eds.). Lima: Ediciones Bandera Roja, 1967.

Los suscritos declaran constituido un Comité que se propone trabajar en las masas obreras y campesinas conforme a los siguientes conceptos:

1 -La organización de los obreros y campesinos con carácter netamente clasista constituye el objeto de nuestro esfuerzo y nuestra propaganda, y la base de la lucha contra el imperialismo extranjero y la burguesía nacional.

2.-Para la defensa de los intereses de los trabajadores de la ciudad y el campo, el Comité impulsará activamente la formación de sindicatos de fábrica, de hacienda, etc.; la federación de estos en sindicatos de industrias y su confederación en una central nacional.

3.-La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientación se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas. De acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la constitución de un Partido Socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas.

4.-Para precaverse de represiones y persecuciones desmoralizadoras, los sindicatos obreros y campesinos gestionarán su reconocimiento por la Sección del Trabajo. En su Estatuto, su declaración de principios se limitará a la afirmación de su carácter clasista y de su deber de contribuir a la fundación y mantenimiento de una confederación general del trabajo.

5. La organización sindical y el partido Socialista, por cuya formación trabajaremos, aceptarán contingentemente una táctica de frente único o alianza con organizaciones o grupos de la pequeña burguesía, siempre que estos representen efectivamente un movimiento de masas y con objetivos y reivindicaciones concretamente determinados.

6.-El Comité procederá a la formación de comités en toda la República y de células en todos los centros de trabajo, con relaciones estrictamente disciplinadas.

7 de Octubre de 1928.

NOTA

Esta acta fue redactada por José Carlos Mariátegui, el 7 de octubre de 1928 como resultado de consultas y conversaciones entre agrupaciones de marxistas en el Perú, quienes acordaron encargar a la célula de Lima, dirigida por José Carlos Mariátegui, la constitución de un partido clasista proletario. El 7 de Octubre de 1928, reunidos en casa de Avelino Navarro, en el poblado de Barranco, un balneario en las afueras de Lima, los nueve miembros del grupo de Lima, entre ellos José Carlos Mariátegui, fundaron el Partido Socialista Peruano y aprobaron la presente Acta de Constitución. En la misma reunión se constituyó el Comité Central, con José Carlos Mariátegui como Secretario General, a quien se encargó la redacción del Programa del Partido, Ricardo Martínez de La Torre como Secretario de Propaganda, y a Bernardo Regman como Tesorero. A Avelino Navarro y Manuel Hinojosa se les encargó coordinar el trabajo sindicalista.

Como consta en el Acta, de acuerdo a las circunstancias políticas del Perú de entonces, el nuevo partido fue denominado "Partido Socialista", para poder aprovechar en algo las posibilidades legales, pero a partir de mayo de 1930 el Partido tomó definitivamente el nombre de Partido Comunista. Por ello, sólo formalmente y por poco tiempo llevó el nombre de Socialista.

NOTAS

(63) Engels
(64) Engels
(65)
(66) J.V.Stalin, Obras, tomo 6, Ediciones en lenguas extranjeras, Moscú, 1953, p. 73.
(67) Lenin, Obras Completas, Editorial Progreso, Moscú, 1985, tomo 30, p. 98.
(68) Citado en Pekín Informa, Nº 11, 1968.
(69) Mao Tsetung, Obras Escogidas, tomo II, p. 325
(70) Lenin, Obras Completas, Editorial Progreso, Moscú, tomo 16. También en, Obras Completas, editora política, La Habana, 1963, tomo XIII, pp. 217-234.
(71) Lenin, Obras Completas, Editorial Progreso, Moscú, tomo 11, p. 39 y 50.
(72) Marx, La guerra civil en Francia, en Obras Escogidas de Marx y Engels, tomo II, pp. 233-234, 236, 237.
(73) Mao Tsetung, Obras Escogidas, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1962, El papel del Partido Comunista de China en la guerra nacional, tomo II, pp. 202-218.
(74) Mao Tsetung, Obras Escogidas, en memoria de Norman Bethune, tomo II, p. 349. Véase J.V. Stalin, Los fundamentos del leninismo, cap. VI, La cuestión Nacional en Cuestiones del leninismo.
(75) Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Obras Escogidas de Marx y Engels, tomo III, p. 347
(76) Carta de Marx a Bolte del 23-11-1871, en Obras Escogidas de Marx-Engels, tomo II, p. 448
(77) Lenin, Obras Completas, Editorial Progreso, Moscú, tomo 41, p. 24
(78) Carta de Marx a Weydemeyer del 5-3-1852, en Obras Escogidas de Marx y Engels, tomo I, p. 542.
(79) Lenin, Obras Completas, El Estado y la revolución, tomo 33, p. 35.
(80) Engels, El origen de la familia…, tomo III, p. 347
(81) Mao Tsetung, Obras Escogidas, Fuerzas revolucionarias del mundo, uníos, tomo IV. p. 294.

 

 

EL PROBLEMA FEMENINO EN MARIÁTEGUI

Mariátegui con acertada posición proletaria prestó atención al problema femenino en el Perú y su perspectiva; a esta cuestión dedicó dos importantes trabajos, “La Mujer y la Política” y “Las Reivindicaciones Feministas” (tomo 14, pp.159-172), a más de múltiples aportes que se encuentran en sus obras. A esta fuente es indispensable remontarse porque en ella está la posición de la clase obrera peruana frente a la cuestión femenina; más aún, si esta problemática es una faceta poco conocida y estudiada de posición de Mariátegui.

Mariátegui nos enseñó: “No se estudia, en nuestro tiempo, la vida de una sociedad, sin averiguar y analizar su base: la organización de la familia, la situación de la mujer” (tomo 14, p.175); e investigando el naciente movimiento feminista peruano decía: “A este movimiento no deben ni pueden sentirse extraños ni indiferentes los hombres sensibles a las grandes emociones de la época. La cuestión femenina, es una parte de la cuestión humana” (tomo 14, p.172).

Tengamos presente, pues, que desde su surgimiento político la clase obrera peruana prestó atención a la situación de la mujer, estableciendo a través de Mariátegui su posición frente a aquélla, así como brindó apoyo combatiente a las luchas femeninas como lo prueba la solidaridad de textiles y chóferes con las obreras de la compañía A. Field, el año 26 (tomo 13, p. 144-146).

¿Cuál es el desarrollo femenino? La situación de la mujer en el Perú ha sufrido notorio cambio especialmente en el siglo XX y en particular después de la I y II Guerras Mundiales. Si bien la condición de la mujer campesina ha variado más lentamente, las obreras y profesionales han experimentado más rápida y profunda modificación. Evidentemente la presencia de la mujer en el Perú ha ido conquistando posiciones cada vez más ampliamente.

En el siglo XIX la acción y la obra literaria de Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello de Carbonera y Margarita Práxedes Muñoz, destacan la presencia femenina sobre un fondo de millones de campesinas, trabajadoras y mujeres, a la vez que anónimas, sujetas a dura opresión social de raigambre feudal. La mujer peruana del siglo XIX tenía mínimo acceso a los estudios, y cuando se le permite seguir estudios secundarios las normas educacionales van a establecer para ella un currículo mediatizado conformado por el último grado de la primaria de los varones y algunos cursos secundarios de los que éstos seguían. El abandono de la educación femenina se expresa claramente en que si bien había instituciones privadas que la atendían o preparaban para el ingreso a la Universidad, recién en 1928 se abrió en Lima el “Colegio Nacional de Mujeres de Lima”; hasta entonces la capital no había tenido un plantel de este carácter. Es bueno destacar como en la parte final del siglo XIX algunas educadoras se preocupaban de la educación de las mujeres, planteando su renovación: exige superar la errónea concepción de “educarlas sólo para el matrimonio, pues hace pensar que es su único fin sobre la tierra” ,”…que la mujer debe ser educada sólo para el hogar…, esto quiere decir que la mujer debe ser educada sólo para funciones de hembra y de madre” (tomo 14, p. 171), que su educación no debe estar en manos de monjas las que habiendo abandonado el mundo no pueden formar buenas mujeres, y que es necesario acabar con el error de que la señorita o señora que trabaja decae socialmente, a la vez que demandan y crean nuevos centros educacionales: en esta labor destacó Teresa González de Fanning.

Asimismo la educación universitaria les estaba vedada, recién en la década del 90 del siglo XIX, se registra su presencia en la Universidad; y sólo en 1908 se autorizo a las mujeres ingresar y optar grado en las universidades y ejercer profesiones. En la educación nítidamente se ve, pues, el menosprecio de la mujer y su postergación social. Pero con las transformaciones del siglo XX se van ampliando las posibilidades de estudio y de profesionalización de las mujeres, siendo el magisterio la profesión a la que más acuden; solo a partir de la Segunda Guerra Mundial se registra una diversificación profesional femenina. Las universitarias que a comienzos del siglo XX se contaban con los dedos de la mano.

Pero lo que realmente va a implicar un cambio profundo, radical y de larga perspectiva es la incorporación de la mujer a la producción fabril: en el siglo XX comienza a producirse la proletarización de la mujer peruana al compás de la introducción de la máquina y el desarrollo del capitalismo burocrático, dándose en el Perú, con sus condiciones especificas, la situación que describe Marx, al analizar el trabajo femenino e infantil (ver citas de El Capital*)

Con la incorporación productiva de la mujer como obrera, se abre paso el proceso de la politización proletaria de las masas femeninas peruanas; se inicia la participación femenina en los sindicatos, las mujeres se adhieren a la lucha por salarios, jornada de ocho horas y condiciones de trabajo, participan en las luchas populares junto a los obreros en las acciones contra la carestía de la vida y el alza de precios, desarrollan su comprensión ideológica y, finalmente las mujeres del país en medio del combate revolucionario advienen en militantes políticas de la clase obrera.

El proceso de desarrollo político de la mujer peruana, paralelo a su incorporación laboral, dio grandes aportes a la lucha de clases del país en el primer tercio de este siglo, entre cuyos hitos merece destacar la lucha que por las ocho horas libraron los obreros agrícolas de Huaral, Barranca, Pativilca y Huacho en la que ofrendaron su vida cinco obreras, en el año 1916. Asimismo su participación en las grandes acciones contra el alza de precios y la carestía de la vida, de mayo de 1919; acciones en las que las trabajadoras organizaron un Comité Femenino a fin de canalizar sus luchas de apoyo y acordaron: “Hacer un llamamiento a todas las mujeres sin distinción de clases para que cooperen con su acción a la defensa de los derechos des la mujer peruana”; en esta gran lucha las mujeres se enfrentaron a las fuerzas policiales en su mitin del 25 en el que luego, de imponerse a la represión policial sangrienta, proclaman las siguientes conclusiones:

“Las mujeres de Lima, pueblos circunvecinos y campesinos reunidos en gran comicio público el domingo 25 de mayo de 1919 en el Parque Neptuno, teniendo en consideración:

“Que no es posible tolerar por más tiempo, la situación de miseria a que la carestía de las subsistencias y alquileres de habitación y todo lo necesario para la vida ha reducido al pueblo;

“Que la mujer peruana, al igual de la de todos los pueblos civilizados, ha comprendido su alta misión de intervenir en la resolución de los problemas económico-sociales que la afectan;

“Han acordado:

“1°- Hacer suyas las conclusiones del mitin popular realizado en la Alameda de los Descalzos el 4 del pte.

“2°- En caso de no ser aceptadas dichas conclusiones, proclamar un paro general femenino en todos los ramos, dejando la fecha a juicio del Comité Masculino Pro-Abaratamiento de las Subsistencias”. (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de la historia social del Perú, Tomo l, Lima 1947).

Otro capítulo de esta historia en la lucha femenina fue la librada por el Socorro Rojo contra la persecución, represión, prisión y política de sangre que desencadeno la dictadura de Sánchez Cerro, en los años 30 del siglo XX, en defensa de los derechos y libertades del pueblo especialmente del proletariado.

En estas luchas indicadas a más de la politización de la mujer o, más estrictamente, como índice de una correcta perspectiva, debe destacarse que en ellas las masas femeninas libraron sus acciones íntimamente unidas a los intereses populares que son los suyos y en directa adhesión y apoyo de las luchas de la clase obrera que es su clase.

En síntesis, el camino recorrido por las mujeres peruanas en las primeras tres décadas del siglo XX y en la parte final del anterior, esta signado por su incorporación a la producción en forma amplia y bajo el capitalismo burocrático que impulsa el imperialismo norteamericano y por la ampliación de su acceso a los estudios, especialmente universitarios. Siendo estas las bases sobre las cuales se incubaran los primeros ímpetus feministas en el país, fenómeno que Mariátegui registra en las siguientes palabras:

“El feminismo no ha aparecido en el Perú artificial ni arbitrariamente. Ha aparecido como consecuencia de las nuevas formas del trabajo intelectual y manual de la mujer. Las mujeres de real filiación feminista son las mujeres que trabajan, las mujeres que estudian. La idea feminista prospera entre las mujeres de oficio intelectual o de oficio manual: profesoras, universitarias, obreras. Encuentra un ambiente propicio a su desarrollo en las aulas universitarias, que atraen cada vez más a las mujeres peruanas y en los sindicatos obreros, en los cuales las mujeres de las fábricas se enrolan y organizan con los mismos derechos y los mismos deberes que los hombres. Aparte de este feminismo espontáneo y orgánico, que recluta sus adherentes entre las diversas categorías del trabajo femenino, existe aquí, como en otras partes, un feminismo de diletantes un poco pedante y otro poco mundano. Las feministas de este rango convierten el feminismo en un simple ejercicio literario, en un mero deporte de moda”. (tomo 14, pp. 167-168).

Sobre esta base es que Mariátegui elaboró en el Perú la posición del proletariado peruano sobre la cuestión femenina. Veamos los problemas básicos de esta posición.

1.- La situación de la mujer.

Mariátegui parte del carácter semifeudal y semicolonial de la sociedad peruana para enjuiciar la situación de la mujer; esto ya implica que él rechaza desde el inicio la caduca teoría de la “naturaleza femenina”, concibiendo a la mujer como una situación o condición que deriva de la estructura de la sociedad en que se desenvuelve y destacando el carácter dinámico, cambiante de la situación femenina señala el papel transformador que tiene el trabajo en la condición de la mujer en tanto a ubicación social e idea sobre ella. El párrafo siguiente es muy expresivo en éste y otros puntos.

“Mas si la democracia burguesa no ha realizado el feminismo, ha creado involuntariamente las condiciones y premisas morales y materiales de su realización. La ha valorizado como elemento productor, como factor económico, al hacer de su trabajo un uso cada día más extenso y más intenso. El trabajo muda radicalmente la mentalidad y el espíritu femenino. La mujer adquiere, en virtud del trabajo, una nueva noción de si misma. Antiguamente, la sociedad destinaba a la mujer al matrimonio o a la barragania. Presentemente, la destina, ante todo, al trabajo. Este hecho ha cambiado y ha elevado la posición de la mujer en la vida” (tomo 14, pp.170-171).

Así queda claro, para el proletariado peruano, que es la sociedad la que da una condición a la mujer y no ninguna malhadada naturaleza, que la condición femenina es variante y que es el trabajo el que esta imprimiendo un gran salto en la posición y en la concepción de la mujer. Este es el punto de partida de Mariátegui a la vez que arremete contra la reducción biologista de la mujer a simple reproductora, y las emprende contra los mitos rosa que sólo sirven taimadamente a remachar su opresión:
“La defensa de la poesía del hogar es, en realidad, una defensa de la servidumbre de la mujer. En vez de ennoblecer y dignificar el rol de la mujer, lo disminuye y lo rebaja. La mujer es algo más que una madre y que una hembra, así como el hombre es algo más que un macho”. (tomo 14, p. 171).

Desarrollando la tesis de la raíz social de la condición femenina, Mariátegui sienta la diferencia entre latinas y sajonas estableciendo la conexión causal entre fondo feudal y manera de ser y variación de la mujer:

“La latina vive con más prudencia, con menos pasión. No tiene esta ansia de verdad. La española sobre todo, es muy cauta y muy práctica. Waldo Frank, precisamente, la ha definido con precisión admirable. ‘La mujer española -ha escrito- es pragmatista en amor. Considera el amor como el medio de criar hijos para el cielo. No existe en Europa mujer menos sensual, menos amorosa. De muchacha es bonita; fresca esperanza colorea su tez y agranda sus negros ojos. Para ella, el matrimonio es el estado más alto a que puede aspirar. Una vez casada desaparece en ella, cual una estación, la innata coquetería de la primavera: al momento se torna juiciosa, gruesa, maternal…’”. (tomo 7, pp. 160-161).

Lo dicho sobre la mujer española naturalmente que se extiende a la latinoamericana y dentro de ella a la del país, y muestra la mentalidad femenina que genera el antiguo y presente trasfondo semi-feudal aun no superado. Pero a más de esto, analizando las relaciones entre el imperialismo y las naciones oprimidas en América, Mariátegui destaca la mentalidad extranjerizante que el dominio yanqui imprime en la mentalidad femenina:

“La burguesía limeña fraterniza con los capitalistas yanquis, y aun con sus simples empleados, en el Country Club, en el Tennis y en las calles. El yanqui desposa, sin inconveniente de raza ni religión, a la señorita criolla, y ésta no siente escrúpulo de nacionalidad ni de cultura en preferir el matrimonio con un individuo de la raza invasora. Tampoco tiene este escrúpulo la muchacha de la clase media. La ‘huachafita’ que puede atrapar un yanqui empleado de la Grace o de la Foundation, lo hace con la satisfacción de quien siente elevarse su condición social”. (tomo 13, p. 88).

Así, tipificada la condición femenina en el Perú como servidumbre de la mujer se establece el fondo social semifeudal y semicolonial que es su raíz, desechándose toda interpretación sustentada en la llamada “naturaleza femenina deficitaria”.

Sobre esta base Mariátegui pasa al análisis concreto de las mujeres peruanas pertenecientes a las diferentes clases; en magistral descripción se pinta a las obreras:

“Si las masas juveniles son tan cruelmente explotadas, las mujeres proletarias sufren igual o peor explotación. Hasta hace muy poco, la mujer proletaria tenia circunscrita su labor a las actividades domésticas en el hogar. Con el avance del industrialismo entra a competir con el obrero en la fábrica, taller, empresa, etc.,... Así la vemos en las fabricas textiles, galleterías, lavanderías, fabricas de envases y cajas de cartón, jabones, etc., en que desempeñando las mismas funciones que el obrero, desde el manejo de la maquina, hasta la más mínima ocupación, gana siempre de 40% a 60% menos que el varón. Al mismo tiempo que la mujer se adiestra para desempeñar funciones en la industria, penetra también en las actividades de oficinas, casas comerciales, etc., compitiendo siempre con el hombre y con gran provecho de las empresas industriales, que obtienen una baja apreciable de los salarios y aumento inmediato de sus ganancias. En la agricultura y en las minas encontramos a la mujer proletaria en franca competencia con el trabajador, y donde quiera que investiguemos encontramos a grandes masa de mujeres explotadas, prestando sus servicios en toda clase de actividades ... En el proceso de nuestras luchas sociales, el proletariado ha tenido que plantear reivindicaciones precisas en su defensa; los sindicatos textiles, que son los que hasta hoy más se han preocupado de este problema aunque no definitivamente, en más de una ocasión han ido a la huelga, con el objeto de hacer cumplir disposiciones que, estando enmarcadas en la Ley, los gerentes se han negado a cumplirlas. Tenemos capitalistas (como el ‘amigo’ del obrero señor Tizón y Bueno) que no han trepidado en considerar como ‘delito’ el hecho de que una trabajadora haya dado indicios de que iba a ser madre, ‘delito’ que ha determinado su despido violento para eludir la disposiciones de la Ley. En las galletería, la explotación de la mujer es inicua.” (tomo 13, Manifiesto de la CGTP a la clase trabajadora del país. Problema de la Mujer, documento cuya redacción estuvo bajo la dirección de Mariátegui, pp. 144-145).

¿Es valida esta descripción? Si; en esencia la situación de la obrera es igual: amplia explotación en cada vez más ramas de la producción, la que en algunas es verdaderamente inicua; utilización del trabajo femenino para rebajar salarios, a más de que éstos son inferiores a los que se pagan a los obreros; incumplimiento de las leyes que benefician a las mujeres y oculto antiobrerismo de los falsos amigos del proletariado. Es también muy vigente la necesidad de apoyar las conquistas de las obreras.

Asimismo Mariátegui pasa revista a la condición de las campesinas indígenas de las que dice que junto a sus niños y maridos están obligadas “a la prestación de servicios gratuitos a los propietarios y a sus familiares, lo mismo que a las autoridades” (tomo 13, p.35); su mísera condición y ubicación social tiene una raíz: el latifundio y la servidumbre.

En cuanto a la pequeña burguesía, a más de destacar las tribulaciones de las mujeres de esta clase, el análisis de las maestras primarias sirve a Mariátegui para exponer como el medio social, la cercanía al pueblo y su dedicación a tiempo completo a la enseñanza, modifica su actitud y su espíritu abriéndolo para, que en él prendan “fácilmente los ideales de los forjadores de un nuevo Estado social” (tomo14, p.59), ya que: “Nada lo mancomuna a los intereses del régimen capitalista. Su vida, su pobreza, su trabajo, las confunde con la masa proletaria” (Ibíd.). Planteando dirigirse a ellas pues “en sus filas reclutará la vanguardia más y mejores elementos” (Ibíd.).

2.- Antecedentes históricos de la lucha femenina.

Como viéramos, para Mariátegui la industrialización incorpora a la mujer al trabajo y mediante éste muda su condición y su espíritu, señalando, como los clásicos, la doble situación que esto significa: “si la mujer avanza en la vía de su emancipación en un terreno democrático burgués, en cambio este hecho suministra al capitalista mano de obra barata a la par que un serio competidor al trabajador masculino”. (Manifiesto de la CGTP ya señalado).

Por otro lado exponiendo que la revolución francesa contiene elementos del movimiento feminista, reivindica la figura de Babeuf, dirigente de los igualitarios, a quien considera “un asertor de las reivindicaciones feministas” y de quien trae estas lucidas palabras:

“no impongáis silencio a este sexo que no merece que se le desdeñe... Si no contáis para nada a las mujeres en vuestra república, haréis de ellas pequeñas amantes de la monarquía” y “este sexo que la tiranía de los hombres ha querido siempre anonadar, de este sexo que no ha sido inútil jamás en las revoluciones” (tomo 14, pp. 169-170).

Y balanceando el aporte de la Revolución Francesa a la emancipación femenina dijo:

“La Revolución Francesa, en cambio, inauguro un régimen de igualdad política para los hombres; no para las mujeres. Los Derechos del Hombre podían haberse llamado, más bien, Derechos del Varón. Con la burguesía las mujeres quedaron mucho más eliminadas de la política que con la aristocracia. La democracia burguesa era una democracia exclusivamente masculina. Su desarrollo tenía que resultar, sin embargo, intensamente favorable a la emancipación de la mujer. La civilización capitalista dio a la mujer los medios de aumentar su capacidad y mejorar su posición en la vida” (Tomo 14, p. 162).

Certeramente, pues, Mariátegui planteó lo que la clase burguesa hace por la mujer: si bien es capaz de dar condiciones para su desarrollo, es incapaz de emanciparla. Mariátegui lo sabia muy bien; como que, no obstante esta limitación, el capitalismo en su desarrollo va abriendo a la mujer las puertas a las diferentes actividades, incluida la política, muy especialmente en el siglo XX tanto que se convierte en un signo de éste. Desarrollando este planteamiento Mariátegui reivindica figuras femeninas y señala y difunde el aporte que múltiples mujeres han hecho a la poesía, la novela, el arte en general, la lucha y la política. Así, nos enseña como juzgar a las mujeres de las diferentes clases y a las celebridades, señalando sus méritos y deméritos e indicando lo principal en cada caso y, lo que es más importante, destaca su aporte al avance femenino.

3.- Movimiento Femenino.

Punto central y de gran importancia en el planteamiento de Mariátegui sobre el problema de la mujer con sus tesis referentes al movimiento femenino, cuestión en la que se debe destacar tres partes: feminismo; politización de la mujer y organización.

En cuanto al feminismo, Mariátegui sostiene que no aparece “ni artificial ni arbitrariamente” (tomo 14, p. 167) entre nosotros sino que respondió a la incorporación de las mujeres al trabajo manual e intelectual; en este punto destaca principalmente que aquél prospera entre las mujeres que trabajan y, señalando como ambiente propicio al desarrollo del movimiento femenino las aulas universitarias y los sindicatos, plantea la directiva de orientarnos hacia esos frentes para impulsar la movilización de la mujer. Aunque debe decidirse que tal orientación no implica en modo alguno, marginar a las campesinas; pues si recordamos que Mariátegui tiene como clase principal de nuestro proceso a la campesina, no cabrá la menor duda que también las mujeres campesinas son frente de movilización y, más aun fuente principal que todo movimiento femenino ceñido al proletariado aspira alcanzar.

En “Las Reivindicaciones Feministas” Mariátegui nos plantea la esencia del movimiento femenino:

“Nadie debe sorprenderse de que todas las mujeres no se reúnan en un movimiento feminista único. El feminismo tiene, necesariamente, varios colores, diversas tendencias. Se puede distinguir en el feminismo tres tendencias fundamentales, tres colores sustantivos: feminismo burgués, feminismo pequeño burgués y feminismo proletario. Cada uno de estos feminismos formula sus reivindicaciones de una manera distinta. La mujer burguesa solidariza en feminismo con el interés de la clase conservadora. La mujer proletaria consustancia su feminismo con la fe de las multitudes revolucionarias en la sociedad futura. La lucha de clases -hecho histórico y no aserción teórica- se refleja en el plano feminista. Las mujeres, como los hombres, son reaccionarias, centristas o revolucionarias. No pueden por consiguiente, combatir juntas la misma batalla. En el actual panorama humano, la clase diferencia más a los individuos que en el sexo” (Ibíd., pp.168-169).

Esta es la esencia de la cuestión femenina: el carácter de clase de todo movimiento femenino. Y esto debemos tenerlo presente hoy más que nunca, pues nuevamente se reimpulsa la organización de las mujeres; surgen múltiples grupos, los que por general callan u ocultan el carácter de clase que los sustenta, esto es, la clase a la cual sirven, y pregonan desde una unificación de las mujeres por la reivindicación de sus derechos frente a los hombres, hasta un servir unidas todas , sin distinción de clases, a una supuesta transformación social “humanista, cristiana y solidaria”, pasando por modalidades intermedias de no muy claras o confusas posiciones de clase. El problema sustantivo es, pues, una vez más desentrañar la raíz clasista que encierra todo grupo, organismo, frente o movimiento femenino, para deslindar posiciones y establecer a quién sirven, si realmente están o no del lado del pueblo.

Estas cuestiones nos llevan a un problema capital: conforme a qué principios, a qué criterio de clase y orientación seguir en la construcción de un movimiento femenino al servicio del pueblo. Aquí la posición de Mariátegui es luminosa y concreta: “El feminismo, como idea pura, es esencialmente revolucionario” (Ibíd., p. 169). Y revolucionario para Mariátegui quiere decir, en esencia, proletario; así todo el movimiento femenino popular que en la teoría y en la práctica quiera servir realmente al pueblo, a la revolución, tiene que ser un movimiento femenino adherido al proletariado.

En lo referente a la politización de la mujer. Los clásicos del marxismo siempre han dado capital importancia a este punto, pues sin aquélla, es imposible desarrollar la movilización y organización de las mujeres, y sin éstas la mujer no puede combatir junto al proletariado por su propia emancipación. Siguiendo su gran ejemplo, la clase obrera peruana a través de Mariátegui señalo la importancia de la politización de la mujer, resaltando que su deficiencia o carencia servía a la reacción.

“Las mujeres, en su mayor parte, por su exigua o nula educación política, no son en la lucha contemporánea una fuerza renovadora sino una fuerza reaccionaria”. (tomo 16, p. 197).

Esto es suficientemente claro, más lo que cabe es preguntarnos ¿En qué consiste esta politización? Para el fundador del Partido Comunista: la incorporación decidida y combatiente de la mujer a la lucha de clases, su movilización junto a los intereses populares, su integración a las organizaciones de clase y del pueblo y la formación de las propias de las mujeres, su formación en la ideología de la clase obrera y todo esto en adhesión, con asesoría y bajo dirección del proletariado. En síntesis, la incorporación de la mujer a la política, a la lucha de clases, bajo la dirección de la clase obrera.

Sobre la organización de las mujeres. Para enfrentar a sus enemigos y luchar por sus intereses de clase el proletariado no tiene más arma que su organización, enseña el marxismo; este principio se aplica al pueblo que sólo es fuerte si esta organizado y, por tanto, también a las mujeres, la que sólo pueden combatir con éxito organizadamente.

Como “marxista convicto y confeso”, Mariátegui aplicó estos principios creadoramente. Presto especialísima atención a la organización de las obreras, como se ve de lo planteado en el “Manifiesto de la CGTP” aludido:

“Todo este cúmulo de ‘calamidades’ que pesa sobre la mujer explotada no puede resolverse sino a base de la organización inmediata; de la misma manera que los sindicatos tienen que construir sus cuadros juveniles, deben crear sus secciones femeninas, donde se educarán nuestras futuras militantes” (tomo 13, p. 146).

Igual preocupación expresaba Mariátegui cuando bajo su orientación el estatuto de la referida Confederación disponía formar una Comisión Femenina Permanente a nivel de Comité Ejecutivo. Lamentablemente, estas orientaciones no se han llevado a la practica correctamente; ha quedado como un simple cargo burocrático sindical, llamado “asuntos femeninos” o una nominación similar, cuando lo hay, sin que cuajen orgánicamente las secciones femeninas de los sindicatos, quedando así como tarea pendiente.

Posteriormente, el 4 de marzo de 1930, el Partido Comunista aprueba la siguiente moción:

“Primero.- Creación de un Secretariado Provisional para la organización de la juventud socialista, bajo el control inmediato del Partido.

“Segundo.- Creación de un Secretariado Provisional para la organización de las mujeres trabaja-doras, bajo la dirección y control del Partido.

“Tercero.- Ambos secretariados lucharan por la organización inmediata de los jóvenes de ambos sexos, por su capacitación política e ideológica, como etapa de preparación para su ingreso al P.” (Ricardo Martínez de la Torre, obra citada, Tomo II).

Aquí se concreto la tesis de Mariátegui de la necesidad de prestar atención a la organización femenina, incluso en los niveles políticos más desarrollados; y se expresa su posición de que la organización de las mujeres es, en última instancia, el problema de su organización bajo la dirección y control de la clase obrera y su Partido. Tales planteamientos conducen a la exigencia de interrogarse, ante cada grupo, organismo, frente o movimiento femeninos: ¿Qué clase, como y para qué organiza a las mujeres?; y tener presente que estos puntos sólo pueden resolverse satisfactoria-mente, esto es, para la clase y el pueblo, adhiriéndose a las posiciones de la clase obrera.

Estas tres cuestiones: feminismo, politización de la mujer y organización de las mujeres y las tesis que sobre las mismas ha sentado Mariátegui deben estudiarse y aplicarse consecuentemente, pues sólo así se podrá desarrollar un auténtico movimiento femenino popular.

4.- La emancipación de la mujer.

En este punto también como en los clásicos, Mariátegui sostiene que con el capitalismo y su industrialización “la mujer avanza en la vía de su emancipación” (tomo 13, p. 144), pero en este sistema ni siquiera consigue la real igualdad jurídica; por ello un consecuente movimiento femenino busca ir más allá y en este camino necesariamente tiene que unirse a la lucha del proletariado. Esta comprensión llevó al gran pensador proletario peruano a afirmar: “El movimiento feminista aparece marcadamente solidarizado con el movimiento revolucionario” (tomo 14, p. 161); y que aunque nacido liberal, el feminismo solo comenzaba a realizarse con la revolución:

“Nacido de la matriz liberal, el feminismo no ha podido ser actuado durante el proceso capitalista. Es ahora, cuando la trayectoria histórica de la democracia llega a su fin, que la mujer adquiere los derechos políticos y jurídicos del varón. Y es la Revolución Rusa la que ha concedido explícita y categóricamente a la mujer la igualdad y la libertad que hace más de un siglo reclamaban en vano de la revolución francesa Babeuf y los igualitarios”. (tomo 14, p.170)

Y es así que sólo con la construcción de una nueva sociedad ira surgiendo paralelamente la nueva mujer que habrá de ser “substancialmente distinta de la que ha formado la civilización que actualmente declina “; y estas nuevas mujeres se irán forjando en la fragua revolucionaria y relegando al desván histórico el viejo tipo de mujer deformado por el viejo sistema de explotación, que ya se hunde para la verdadera dignificación de la mujer.

“A medida que el sistema socialista reemplace al sistema individualista decaerán el lujo y la elegancia femeninos... La humanidad perderá algunos mamíferos de lujo; pero ganara muchas mujeres. Los trajes de la mujer del futuro serán menos caros y suntuosos; pero la condición de esa mujer será digna. Y el eje de la vida femenina se desplazara de lo individual a lo social... Una mujer, en suma, costara menos, pero valdrá más” (tomo 14, p. 163).

A más de estas ideas básica, Mariátegui se ocupa de otros problemas íntimamente ligados a la mujer en especial: divorcio, matrimonio, amor, etc.; trata estos temas con fina ironía y con agudas críticas toma posición frente a ellos. Sin embargo, como buen marxista no centra su atención en los mismos hasta tornarlos cuestión principal; pues hacer tal cosa es olvidar la lucha principal y la meta fundamental, a la vez que sembrar confusión y desorientar la lucha revolucionaria.

Estas son las tesis centrales del pensamiento de Mariátegui sobre el problema de la mujer.

Por todo lo expuesto, una conclusión se impone: las tesis que Mariátegui sostuvo sobre el problema femenino son resultado de la consecuente aplicación del marxismo-leninismo a las condiciones específicas de una sociedad semifeudal y semicolonial como la peruana.

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(*)Carlos Marx analizando el trabajo femenino e infantil escribió: “ La maquinaria, al hacer inútil la fuerza del músculo, permite emplear obreros sin fuerza muscular o sin un desarrollo físico completo, que posean, en cambio, una gran flexibilidad en sus miembros. El trabajo de la mujer y el niño fue, por tanto, el primer grito de la aplicación capitalista de la maquinaria. De este modo aquel instrumento gigantesco creado para eliminar trabajo y obreros, se convertía inmediatamente en medio de multiplicación del número de asalariados, colocando a todos los individuos de la familia obrera, sin distinción de edad ni sexo, bajo la dependencia inmediata del capital. Los trabajos forzados al servicio del capitalista vinieron a invadir y usurpar no solo el lugar reservado a los juegos infantiles, sino también el puesto de trabajo libre dentro de la esfera doméstica y, a romper con las barreras morales, invadiendo la órbita reservada incluso al mismo hogar.

“El valor de la fuerza de trabajo no se determina ya por el tiempo de trabajo necesario para el sustento del obrero adulto individual, sino por el tiempo de trabajo indispensable para el mantenimiento de la familia obrera. La maquinaria, al lanzar al mercado de trabajo a todos los individuos de la familia obrera, distribuye entre toda su familia el valor de la fuerza de trabajo de su jefe. Lo que hace por tanto, es despreciar la fuerza de trabajo del individuo.... Como se ve, la maquinaria amplia desde el primer momento, no solo el material humano de explotación, la verdadera cartera del capital, sino también su grado de explotación. “ Al abrir las puertas de las fabricas a las mujeres y los niños, haciendo que éstos fluyan en gran numero a las filas del personal obrero combinado, la maquinaria rompe por fin la resistencia que el obrero varón oponía aun, dentro de la manufactura, al despotismo del capital”. (El Capital, Tomo I, pp. 323 y siguientes. Fondo de Cultura Económica, año 1966. Las palabras en negrita están en cursiva en el original).

Prosiguiendo en su magistral análisis el mismo Marx nos describe como el capitalismo utiliza en su beneficio hasta las virtudes femeninas y sus obligaciones: “ Mr. E. fabricante, me informo que en sus telares mecánicos empleaba exclusivamente mujeres, dando preferencia a las casadas, y sobre todo a las que tenían en casa una familia que vivía o dependía de su salario, pues éstas eran mucho más activas y celosas que las mujeres solteras; además, la necesidad de procurar a su familia el sustento las obligaba a trabajar con mayor ahínco. De este modo, las virtudes características de la mujer revierten en perjuicio suyo: toda la pureza y dulzura de su carácter se convierte en instrumento de tortura y esclavitud” (Nota 57 del tomo referido de El Capital, p. 331, edición citada)